
Un reciente estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters y liderado por el investigador Shouwei Li de la Universidad de Princeton, analizó cómo la pérdida de ozono sobre la Antártida afectó la temperatura del océano Austral.
Mediante simulaciones climáticas diseñadas para aislar el efecto del agotamiento del ozono estratosférico, el equipo científico logró esclarecer un fenómeno que durante años llamó la atención de la comunidad internacional: mientras la mayoría del planeta se calentó por el efecto de los gases de efecto invernadero, una extensa franja marina cercana a la Antártida se enfrió.
El océano Austral se enfrió por el agujero de ozono
El trabajo se centró en el período comprendido entre 1982 y 2005, años en los que el agujero de ozono alcanzó su mayor desarrollo. Durante ese tiempo, la pérdida de ozono en la alta atmósfera enfrió la baja estratósfera y fortaleció los vientos del oeste, que circulan en torno a la Antártida.
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El estudio detalla que este reforzamiento de los vientos, sumado a su desplazamiento hacia el polo, intensificó el transporte de aguas superficiales frías hacia latitudes más bajas mediante el llamado transporte de Ekman, un proceso asociado a la acción del viento y la rotación terrestre.
Como resultado, grandes volúmenes de agua fría se desplazaron desde las proximidades antárticas hacia zonas más templadas del océano Austral. Las simulaciones mostraron que este enfriamiento fue sostenido a lo largo de todo el período de estudio.
La señal máxima alcanzó cerca de los 58°S, con una tendencia de descenso de 0,03 °C por década en promedio. Regiones como el mar de Ross, el mar de Weddell y los mares de Amundsen y Bellingshausen evidenciaron caídas de temperatura aún mayores, llegando a descensos de hasta 0,18 °C por década en algunos sectores.
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Consecuencias sobre el hielo marino y el papel de las aguas profundas
El estudio describe dos fases en la respuesta del océano Austral: una primera etapa de enfriamiento rápido producto del desplazamiento horizontal de agua fría en superficie, seguida de una compensación parcial y más lenta asociada al ascenso y mezcla de aguas profundas, que suelen ser más cálidas que la superficie.

Este segundo proceso, conocido como afloramiento, logró elevar la temperatura superficial únicamente en las zonas más australes, pero no fue suficiente para revertir la tendencia general de enfriamiento durante los años analizados.
El impacto sobre el hielo marino no fue uniforme en todo el litoral antártico. El efecto más claro se observó en el mar de Ross, donde tanto las simulaciones como las observaciones registraron un aumento del hielo marino.
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Sin embargo, otras zonas experimentaron descensos de hielo, lo que el estudio atribuye a variaciones locales en los vientos, el transporte de calor y las condiciones de temperatura y salinidad.
En la explicación, el análisis determinó que casi las tres cuartas partes del enfriamiento respondieron directamente a los cambios en el viento, mientras que el resto se debió a la modificación del gradiente térmico en la superficie del océano.

Modelos, observaciones y limitaciones
El trabajo también abordó la diferencia entre los registros observados y la mayoría de las simulaciones históricas: mientras las observaciones satelitales han mostrado enfriamiento en el océano Austral desde el inicio de la era satelital, los modelos climáticos tradicionales suelen predecir un calentamiento en la región.
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El nuevo enfoque, que aísla el papel del ozono, permitió que las simulaciones recuperaran parte de la señal fría observada.
A pesar de estos hallazgos, el estudio subraya que la pérdida de ozono no explica la totalidad de los cambios detectados y tampoco anula la tendencia global al calentamiento impulsada por el aumento de los gases de efecto invernadero.
Otros factores, como los aerosoles antropogénicos, la variabilidad solar y las erupciones volcánicas, también contribuyeron al enfriamiento, aunque en menor medida.
Para validar los resultados, los autores emplearon simulaciones de cinco modelos climáticos internacionales y las compararon con datos de temperatura superficial del mar y concentración de hielo marino del National Snow and Ice Data Center.
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Las conclusiones de este estudio aportan nuevas herramientas para comprender cómo interactúan el ozono, los vientos, el océano y el hielo marino en la región antártica, y permiten afinar las proyecciones sobre el futuro del clima global.
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