
Una etapa oculta de la congelación del Ártico quedó al descubierto en un estudio encabezado por la NASA, que identificó y cartografió con alta resolución la llamada cortina cero. Esta es una fase en la que el suelo permanece cerca del punto de congelación durante días o semanas antes de helarse por completo.
El trabajo, centrado en el Ártico y publicado en la revista Scientific Reports, apunta a mejorar las proyecciones sobre el deshielo del permafrost y su vínculo con el clima terrestre.
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Lejos de un congelamiento inmediato cuando el otoño cede paso al invierno, el suelo ártico atraviesa primero ese intervalo térmico. La cortina cero designa el período en que la temperatura del terreno se mantiene próxima al punto de congelación, aun cuando el ambiente ya avanza hacia condiciones invernales.
Para los investigadores, la duración, la intensidad y la extensión geográfica de esa fase ofrecen pistas sobre la evolución del suelo congelado en la región.
El mecanismo, según describe el estudio, se asemeja a un vaso con agua y hielo. En ese ejemplo, el agua permanece en el punto de congelación porque el calor entrante derrite el hielo en lugar de elevar la temperatura.
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En el suelo ártico ocurre un proceso comparable durante la primavera. En otoño, el fenómeno se invierte: cuando el agua del terreno se congela, libera calor y ese aporte térmico mantiene el suelo cerca del umbral de congelación antes de que la temperatura continúe su descenso.
Ese tramo intermedio tiene implicancias directas para la actividad biológica del terreno. Las condiciones cercanas a 0℃ (32℉) permiten que los microbios del suelo sigan activos durante más tiempo, con la consiguiente liberación de dióxido de carbono y metano hacia la atmósfera. El estudio vincula ese comportamiento con los riesgos asociados al deshielo del permafrost, una capa de suelo que permanece congelada durante períodos prolongados.
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El volumen de carbono almacenado en esa reserva subterránea marca la escala del problema. El permafrost ártico contiene alrededor de 1,9 billones de toneladas de carbono orgánico, equivalentes a 1,7 billones de toneladas métricas, casi el doble de la cantidad que hoy está presente en la atmósfera de la Tierra. Si ese suelo se descongela, podría liberarse más carbono, ya que los microbios encuentran condiciones de humedad favorables en la creciente barrera de hielo.
Para examinar ese proceso con mayor detalle, los investigadores presentaron un marco de inteligencia artificial denominado GeoCryoAI. La herramienta combina observaciones satelitales, resultados de modelos y mediciones de campo que se remontan a 1891. A partir de ese cruce de información, el equipo elaboró los primeros mapas detallados de las condiciones de la barrera de hielo en la región ártica.
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Los mapas revelaron diferencias entre estaciones y territorios. El deshielo de primavera suele generar períodos de barrera de hielo mucho más extensos que la congelación otoñal. A la vez, las regiones con niveles más altos de humedad registran lapsos más prolongados de cortina cero, un patrón que el estudio asocia con la persistencia de agua en el suelo y con su influencia térmica.
El equipo desarrolló GeoCryoAI para operar con datos de la misión NISAR (Radar de Apertura Sintética NASA-ISRO), un proyecto conjunto de Estados Unidos e India. Según el estudio, esa integración podría ayudar a los científicos a observar de qué manera los paisajes congelados responden al cambio climático y a mejorar las predicciones sobre futuras emisiones de gases de efecto invernadero.
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La investigación sitúa así a la cortina cero como una fase poco visible pero relevante dentro del ciclo anual del Ártico, en un momento en que los científicos buscan herramientas más precisas para seguir la transformación del suelo helado y estimar cuánto carbono podría incorporarse a la atmósfera a partir del deshielo.
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