
Un coral que se consideraba extinto desde hace casi 25 años fue hallado nuevamente en las profundidades de las Islas Galápagos, desafía las previsiones de la comunidad científica y aporta un rayo de esperanza ante la crisis global de los arrecifes.
Más de 250 colonias sanas de Rhizopsammia wellingtoni, especie endémica de este archipiélago ecuatoriano, fueron localizadas por un equipo internacional de biólogos en enero de 2024, aunque los resultados fueron publicados recientemente, según informó Smithsonian Magazine.
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El hallazgo, realizado por investigadores de la California Academy of Sciences y la Charles Darwin Foundation, representa el primer registro oficial de la especie desde el año 2000 y reactiva el interés por la conservación marina en una de las regiones más emblemáticas del planeta.
Un hallazgo inesperado en aguas galapagueñas
La expedición científica responsable del redescubrimiento de Rhizopsammia wellingtoni no tenía como objetivo inicial buscar este coral. Según Smithsonian Magazine, los investigadores buceaban al sur de Tagus Cove, en la Isla Isabela, en busca de una nueva babosa marina cuando, de manera fortuita, encontraron más de un centenar de colonias del coral en un arrecife rocoso a 12 metros de profundidad.
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Terry Gosliner, curador principal de zoología de invertebrados y geología en la California Academy of Sciences y coautor del estudio, relató al medio: “Realmente fue una casualidad”. Asimismo, aseguró que el equipo celebró el hallazgo con muchos saludos bajo el agua.
El entusiasmo creció al observar que numerosas colonias presentaban pólipos en brotación, una señal de que la especie se reproduce. Luego, el equipo recorrió nuevos sitios y halló colonias adicionales en otros dos puntos de la Isla Isabela y en un área de la Isla Fernandina conocida como Cabo Douglas, donde R. wellingtoni nunca se había registrado anteriormente, explicó la Charles Darwin Foundation. En tanto. se identificaron corales en dos combinaciones de color: negro-púrpura y rojo-negro.
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Biología y características de un coral esquivo
Rhizopsammia wellingtoni es única y exclusiva de las Islas Galápagos, un archipiélago volcánico a unos 965 kilómetros de la costa continental de Ecuador. El primer ejemplar fue recolectado en 1974 y la especie recibió su nombre en 1982 en honor al biólogo Gerard M. Wellington, de la Universidad de Houston, quien la descubrió.
A diferencia de otros corales que forman grandes estructuras, R. wellingtoni es solitario: cada pólipo vive de forma independiente en su propio esqueleto.
Los pólipos son diminutos y las colonias, pequeñas, generalmente de menos de 1,3 centímetros de ancho. Estas particularidades facilitan que pase inadvertido incluso ante especialistas.
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Históricamente, este coral habitaba las aguas frías y someras que rodean las Galápagos, con temperaturas entre 15 y 26 °C. Sin embargo, su biología especial le permite sobrevivir en condiciones consideradas adversas para otros corales.

Un pasado marcado por el cambio climático
El destino de R. wellingtoni estuvo profundamente afectado por el fenómeno El Niño de 1982-1983, que elevó la temperatura oceánica y causó el colapso de sus poblaciones. Luego de ese evento, el coral fue visto en pocas ocasiones y, en 2007, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasificó como “en peligro crítico” y posiblemente extinto.
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Durante más de 20 años, la ausencia de registros oficiales consolidó la sospecha de su desaparición. El reciente descubrimiento, reportado por Smithsonian Magazine, despertó entusiasmo en el ámbito científico, aunque los expertos advierten que la recuperación de la especie no está garantizada.
Según los autores del estudio, las colonias detectadas podrían reflejar una “persistencia de baja densidad”, es decir, pequeños grupos dispersos en el archipiélago que lograron sobrevivir.
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El contexto de una crisis global en los arrecifes
El redescubrimiento de R. wellingtoni se produce mientras los arrecifes de coral atraviesan su cuarto evento global de blanqueamiento, el más extendido hasta el momento y que afecta al 83,9% de la superficie arrecifal mundial, de acuerdo a Smithsonian Magazine. Este fenómeno, impulsado por el incremento de la temperatura oceánica, amenaza a múltiples especies y ecosistemas marinos.
En este escenario, que resurja un coral considerado extinto posee un énfasis especial. Los investigadores sugieren que la supervivencia de R. wellingtoni puede estar relacionada con su capacidad para habitar aguas más profundas, donde las temperaturas son más bajas y el calentamiento global tiene menor impacto.
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A esto se suma que el reciente ciclo de La Niña (2020-2023) habría enfriado el océano, facilitando el regreso de la especie a zonas menos profundas.

Una biología resiliente ante la adversidad
R. wellingtoni presenta una característica crucial para su resistencia: no depende de algas fotosintéticas (zooxantelas), las cuales suministran nutrientes a la mayoría de corales pero requieren abundante luz solar. En cambio, este coral puede sobrevivir en condiciones de escasa luz, colonizando la zona mesofótica, entre 30 y 150 metros de profundidad.
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El equipo confirmó la presencia de la especie en esas profundidades mediante vehículos submarinos operados a distancia. Gosliner explicó a Mongabay, en palabras recogidas por Smithsonian Magazine: “Probablemente su biología única la salvó y la hace más resistente al cambio climático”. Y agregó: “Creemos que las colonias de aguas profundas sobrevivieron y aportaron larvas para repoblar las zonas más someras”.
Esta capacidad convierte a R. wellingtoni en un “centinela del cambio climático”, ya que su sensibilidad a las variaciones de temperatura derivadas de fenómenos como El Niño y La Niña puede alertar a la ciencia sobre futuros cambios oceánicos.

Investigación genética y próximos pasos
Pese al optimismo, los investigadores mantienen cautela. Para conocer mejor la situación de la especie, recolectaron muestras frescas de tejido para analizar su diversidad genética. El estudio de la variabilidad entre colonias permitirá evaluar su aptitud para repoblar zonas impactadas por el ambiente y responder a futuros episodios estresantes.
Rebecca Albright, curadora de zoología de invertebrados en la California Academy of Sciences y coautora de la investigación, señaló a Smithsonian Magazine: “Al entender cuán diversas son las poblaciones existentes, podemos predecir mejor cómo podrían repoblar áreas afectadas por cambios ambientales y responder a futuros estreses”.
Importancia de un centinela marino
El caso de Rhizopsammia wellingtoni evidencia la complejidad de los procesos de extinción y resiliencia en el océano. Los científicos coinciden en que la especie, por su sensibilidad ante los cambios térmicos y su biología particular, puede funcionar como indicador temprano de los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos.
El equipo de la California Academy of Sciences y la Charles Darwin Foundation continuará explorando la diversidad genética y la distribución de este coral, con la expectativa de que sus hallazgos aporten claves para la conservación en las Galápagos y más allá.
Según Smithsonian Magazine, monitorear especies catalogadas como extintas o en peligro crítico es fundamental, debido a que su reaparición revela lecciones valiosas de adaptación y supervivencia en un entorno planetario en constante transformación.
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