Bob Dylan publicó una entrevista exclusiva en su propio sitio, a punto de sacar su tercer disco seguido de versiones de standards: el triple ‘Triplicate’
Bob Dylan publicó una entrevista exclusiva en su propio sitio, a punto de sacar su tercer disco seguido de versiones de standards: el triple ‘Triplicate’

En diciembre de 2016, mientras la Academia Sueca trataba de dar con él para avisarle que había ganado el Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan escuchaba canciones viejas. El mismo tipo de standards de los que hizo versiones en sus dos últimos discos: Shadows In The Night y Fallen Angels. Y grabó más de esos clásicos para una obra triple, la primera de ese volumen que publica: Triplicate. Elusivo como siempre, el músico —que luego de un silencio llamativo agradeció el reconocimiento que le otorgaron "por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense"— dio una sola entrevista para el lanzamiento de la novedad, y la publicó en su página de internet.

Explicó por qué sacó tres álbumes seguidos —y este último, tres secciones de diez canciones cada uno— de versiones, y también habló de Frank Sinatra y Amy Winehouse; ironizó sobre la impresión que esta música puede causar a sus fans y también habló de Joan Baez y de Adele; teorizó acerca de lo que el rock significa para él y también habló de Leonard Cohen y Barbra Streisand.

Bill Flanagan le preguntó si había sentido que había dejado una tarea incumplida con Shadows In The Night y Fallen Angels y por eso lanzará una obra enorme. "Sí, cuando me di cuenta que había ahí más de lo que yo había creído, que esos dos discos juntos eran sólo parte del cuadro". Y decidió que los presentaría a la vez porque "temáticamente están interconectados" y porque cosas más largas ha grabado en su vida: "Mis discos siempre estaban sobrecargados en ambos lados. Demasiados minutos para grabar o masterizar adecuadamente. Mis canciones eran demasiado largas y no cabían en el fomato de audio de un LP. El sonido era fino y había que subir el volumen a 9 o 10 para escuchar bien. Así que estos CDs representan para mí los LP que tendría que haber hecho".

A diferencia de lo que ha sucedido al grabar sus composiciones, con las canciones ajenas nunca hizo cambios de último momento: "Improvisar perturbaría la canción. No se puede salir de lo pautado".

Aunque su obra enorme es una de las más valoradas del mundo —y ha vendido 125 millones de copias—, hace tiempo que no edita un disco con composiciones propias. Desde Tempest (2012), su público espera otro disco como Time Out Of Mind (1997) o Modern Times (2006). A él eso no lo ha preocupado demasiado: "Estas canciones son para el hombre de la calle, la gente común", dijo. "Tal vez son fans de Bob Dylan, tal vez no. No lo sé".

Quizo hacerle justicia —en sus palabras— a "canciones que son el material más conmovedor que alguna vez se grabó". Ahora que ha acumulado la experiencia de una vida rica —tiene 75 años— siente que las entiende mejor. "Nos sacan de la trituradora convencional en la que estamos atrapados entre diferencias que parecen tales pero que en esencia son la misma cosa. Las canciones y la música actuales están tan institucionalizadas que no nos damos cuenta. Estas canciones son frías y perspicaces, hay un realismo directo en ellas, fe en la vida ordinaria como en el rock'n'roll de los comienzos".

El presidente de los Estados Unidos Barack Obama entregó a Bob Dylan la Medalla de la Libertad en 2012. (AP Photo/Charles Dharapak, File)
El presidente de los Estados Unidos Barack Obama entregó a Bob Dylan la Medalla de la Libertad en 2012. (AP Photo/Charles Dharapak, File)

El artista que recibió la Medalla de la Libertad y la Legión de Honor, además de un Premio Pulitzer y varios doctorados honoris causa, no tiene una mirada melancólica sobre esa música: no siente urgencia alguna por rescatar esas canciones, "no más que por rescatar a Beethoven, Brahms o Mozart", dijo. "Estas canciones no están escondidas tras un muro o en el fondo del mar, están ahí afuera, cualquiera puede encontrarlas. Son verdaderas. Son liberadoras".

Algunas, en realidad, le provocaron lo contrario: restricciones. Frank Sinatra había grabado todas y cada una de las de Shadows In The Night y aunque otros también lo habían hecho, sus versiones eran las canónicas. "Mientras grababa tuve que hacer de cuenta que nunca había escuchado a Sinatra, que él no existía. Es una guía. Indica el camino, conduce hasta la puerta, pero desde ahí uno se queda solo".

Dylan participó de un homenaje en televisión a Sinatra, y luego fue a una fiesta en casa del cantante. Lo había escuchado antes, pero no los habían presentado. Tuvo la impresión de que Sinatra no conocía mucho de su obra: "Creo que conocía 'The Times They Are a-Changin' y 'Blowin' In the Wind'. Sé que le gustaba 'Forever Young', me lo dijo. Era divertido. Estábamos en su jardín, de noche, y me dijo: 'Tú y yo, viejo, tenemos ojos azules, somos de ahí arriba' y señaló hacia las estrellas. 'Estos otros vagos son de ahí abajo'. Recuerdo que pensé que podría tener razón".

Bob Dylan en 1963
Bob Dylan en 1963

En el homenaje, todos los artistas interpretaron una canción de Sinatra, excepto Dylan, que cantó una propia, 'Restless Farewell'. No fue descortesía: "Frank pidió que lo hiciera. Uno de los productores se la había hecho escuchar".

Su propia obra está llena de clásicos: "'Make You Feel my Love' se ha convertido en un nuevo standard: hay versiones de Adele, Garth Brooks y Billy Joel. ¿Alguna lo ha dejado boquiabierto?", le preguntó Flanagan.

"Sí, una después de la otra, todas".

La cuestión de la autoría no lo desvela: "Hay muchos grandes cantantes que escriben canciones flojas y muchos grandes compositores que no cantan. El problema para ellos es que no tienen los canales que solían tener, ningún espacio para poner estas canciones, ni películas, ni programas de radio, ni programas de televisión, ni sesiones de grabación. Así que tienen que cantarlas", dijo. "Y a veces no hay conexión. No existe una fórmula mágica para que eso suceda. Si uno puede cantar sus propias canciones, es ideal, pero nadie puede echarle la culpa si no lo hace. Barbra Streisand y Tom Jones no lo hacen".

Para el autor de la autobiografía Chronicles Vol. 1, un best seller mundial en 2004, hay en cambio una conexión entre los standards y la música que siguió:

—Cuando era chico, ¿sentía que el rock'n'roll era algo nuevo o que era una extensión de lo que ya existía?

—El rock'n'roll fue sin dudas una extensión de lo que ya existía, las grandes bandas, Ray Noble, Will Bradley, Glenn Miller. Yo los escuché a ellos antes de escuchar a Elvis Presley. Pero el rock'n'roll era una energía intensa, explosiva y cortante. Era el esqueleto de una música, salía de la oscuridad para montarse a rodar en la bomba atómica, y los artistas se convertían en estrellas como dioses místicos.

El rock era "un arma peligrosa", a diferencia del blues o del country. "Un arma cromada que explotaba como la velocidad de la luz, que reflejaba la época, en especial la presencia de la bomba atómica que lo había precedido en varios años. Por entonces la gente tenía miedo al fin de los tiempos. La gran confrontación entre el capitalismo y el comunismo estaba en el horizonte. El rock'n'roll nos volvía inconscientes del peligro, echaba abajo las barreras que la raza, la religión y las ideologías levantaban. Vivíamos bajo una nube de muerte, el aire era radioactivo. No había mañana, cualquier día se podía terminar todo, la vida era barata. Ese era el sentimiento en aquel momento, y no estoy exagerando".

“Amy Winehouse fue la última individualista verdadera”, dijo Bob Dylan. (AFP)
“Amy Winehouse fue la última individualista verdadera”, dijo Bob Dylan. (AFP)

Pasaron décadas desde entonces.

"Habrán sido unos 50 años, parecen más 50 millones", siguió Dylan. "Fue un muro de tiempo que separó lo viejo de lo nuevo y en esa cantidad de tiempo se puede perder mucho. Desaparecen industrias enteras, cambian los estilos de vida, las corporaciones destruyen ciudades, nuevas leyes reemplazan a las viejas, los intereses de los grupos se imponen sobre los de los individuos, la gente pobre se ha vuelto una mercancía. Las influencias musicales también, han sido tragadas, han sido absorbidas en cosas nuevas, o se han quedado en el camino. No creo que haya que desanimarse, sin embargo: todavía se puede encontrar lo que uno busca si uno desanda el camino. Podría estar ahí donde uno lo dejó. Todo es posible. El problema es que uno no puede traerlo consigo. Uno tiene que quedarse con eso. Creo que de eso se trata la nostalgia".

—Una gran cantidad de grandes murieron el año pasado. Muhammad Ali, Merle Haggard, Leonard Cohen, Leon Russel. ¿Alguno lo afectó especialmente?

—Sin dudas, todos. Éramos como hermanos, vivíamos en la misma calle y todos dejaron lugares vacíos donde solían estar. Uno se siente solitario sin ellos.

Y sin embargo, la grandeza le parece algo pasajero: "No puedo decir quién es grande y quién no —siguió—. Si alguien logra la grandeza es sólo por un minuto, y cualquiera es capaz de eso. La grandeza está más allá de nuestro control: creo que se logra por casualidad, pero brevemente".

“Estas canciones son para el hombre de la calle, la gente común”, dijo. “Tal vez son fans de Bob Dylan, tal vez no. No lo sé”.

Acaso Joan Baez le haya resultado una excepción: "Ella era otra cosa, casi demasiado. Su voz era como la de una sirena de una isla griega. Su mero sonido nos podía hechizar. Era una hechicera. Uno se tenía que hacer atar al mástil como Ulises y taparse los oídos para no escucharla. Ella podía hacer que uno se olvidara de sí mismo".

Dylan sigue escuchando música en CDs, mayormente; entre los últimos buenos discos que escuchó, nombró el de Iggy Pop, Après; el homenaje a Ray Charles de Norah Jones y Willie Nelson con Winton Marsalis; los de Imelda May, Valerie June y The Stereophonics. "Me gustó el último álbum de Amy Winehouse", destacó.

—¿Fue su admirador?

—Sí, completamente. Fue la última individualista verdadera que hubo.

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