Adrienne Monnier, una amiga, Sylvia Beach observa a Ernest Hemingway, en el frente de Shakespeare and Company (Shutterstock)
Adrienne Monnier, una amiga, Sylvia Beach observa a Ernest Hemingway, en el frente de Shakespeare and Company (Shutterstock)

La Segunda Guerra Mundial había terminado. Ernest Hemingway regresa a París tras la capitulación. Se dirige a la emblemática y hoy centenaria librería Shakespeare and Company o lo que queda de ella. El espacio, que reunió al movimiento literario más importante de entreguerras, había cerrado en 1941 y, salvo el polvo que resguardaba estantes y algunos libros desperdigados por allí, no quedaba demasiado.

Una de sus dueñas, Adrienne Monnier, relató así el regreso del autor de Adiós a las armas: “Vi a la pequeña Sylvia (Beach , la otra co-propietaria) allí abajo, saltando y siendo levantada por dos brazos Michelangescos, con sus piernas moviéndose en el aire. Ah, sí, era Hemingway, más gigante que nunca”.

La imagen del premio Nobel y Pulitzer alado, que creó a su alrededor un aura de hombre rudo de escasa empatía, llevando en brazos a Beach, una pequeña mujer que debió cerrar su librería por el acoso nazi y aún así dio refugio en su ático a perseguidos como el escritor judeo-húngaro Arthur Koestler, es una descripción poética y a la vez mítica. Otro relato, aún más idílico, asegura que Hemingway liberó simbólicamente a la librería ni bien llegó a la Ciudad de la Luz y que recién después se dirigió al bar del Ritz para celebrar.

Existen muchas historias sobre Shakespeare and Company, relatos que la convirtieron -junto a la Torre Eiffel y el cementerio de Père-Lachaise- en uno de los espacios parisinos con más presencia en redes sociales, más instagrameables, y también en la librería más famosa del mundo. En eso también ayuda su locación, en el Quinto Distrito de París, cerca de la catedral de Notre Dame y de la plaza Saint Michel.

Shakespeare and Company, hoy (Shutterstock)
Shakespeare and Company, hoy (Shutterstock)

Shakespeare and Company se fundó hace un siglo, bajo la dirección de Beach y Monnier y al poco tiempo también se convirtió en editorial. Beach fue una de las múltiples estadounidenses que dejó su país después de la Gran Guerra para vivir en la glamorosa y más barata París, donde conoció a Monnier, quien además de su socia sería su pareja por 36 años hasta que la francesa se suicidó en 1955.

Al principio Bleach, que estudiaba literatura francesa contemporánea, se acercó a la librería La Maison des Amis des Livres, donde conoció Monnier, una de las primeras mujeres en tener su propio espacio de libros en Francia. Allí participó de encuentros con autores como André Gide, Paul Valéry y Jules Romains, quienes participaban de talleres de escritura de vanguardia. Soñó entonces hacer lo mismo en EE.UU. pero debido a su escaso capital decidió seguir el consejo de Monnier: abrir su propio lugar, pero centrado en literatura estadounidense.

Así Shakespeare and Company surgió en un momento -los ’20- en que los salones literarios se propagaban a ambos lados del Senna. De a poco fueron llegando a la nueva librería James Joyce, Ezra Pound, TS Eliot, Djuna Barnes, Scott Fitzgerald, Hemingway, entre otros autores estadounidenses bautizados como la Generación Perdida por Gertrude Stein, otra de las asistentes.

Otras figuras que se relacionaron con el espacio fueron D. H. Lawrence, Thornton Wilder, Leon-Paul Fargue, George Antheil, Robert McAlmon, Stephen Benet, Aleister Crowley, Harry Crosby, Caresse Crosby, John Quinn, Berenice Abbott y Man Ray, tal como escribió Beach en su libro de memorias Shakespeare and Company, de 1956, que relata la vida cultura de París de entreguerras.

"Ulises", de James Joyce, en la edición de Shakespeare and Company

En 1921, la editorial publicó mil copias en papel hecho a mano de la obra maestra de Joyce, Ulises, prohibida hasta entonces. La novela escandalizó a Stein, por ejemplo, que le aseguró a Beach que era obscena y que si bien iría a la librería para reunirse no compraría ni pediría prestado más libros. Al poco tiempo Joyce vendió por USD 45 mil los derechos de Ulises a Random House, dejándolo a la casa editora más deudas que ganancias. De todas formas, el espacio sobrevivía a duras penas. Lo importante allí no eran tanto las ganancias, sino hablar de literatura, compartirla, recibir críticas. En un sentido, Shakespeare & Co fue un estandarte para la propagación de la letras estadounidenses al otro lado del Atlántico.

Durante los ‘30 la Gran Depresión le daba poco margen de supervivencia. Entonces, en el ‘36, Gide organizó un club llamado Friends of Shakespeare and Company, que reunió a 200 autores, con una cuota de 200 francos anuales, para poder asistir a las ya famosas lecturas. “Estábamos tan gloriosos con todos estos escritores famosos y toda la prensa que recibimos que comenzamos a hacer negocios”, escribió Bleach.

La historia de su cierre en 1941 también posee cierto romanticismo mítico. De acuerdo a la historia más difundida, un oficial nazi ingresó al local de la calle L’Odéon e intentó llevarse una copia de Finnegans Wake de Joyce. Beach no se lo vendió asegurando que era una copia de su colección personal, por lo que recibió una amenaza de que sus bienes serían confiscados. Antes de que suceda, Beach escondió sus libros a un departamento vacío.

 Adrienne Monnier retratada por Paul-Émile Bécat y Sylvia Beach en sus últimos años
Adrienne Monnier retratada por Paul-Émile Bécat y Sylvia Beach en sus últimos años

Tras la caída de París y el cierre, Bleach -llamada “la partera del modernismo literario”- fue trasladada a un campo de internamiento para extranjeros enemigos del Reich en Vittel, en el noroeste francés, donde permaneció por seis meses hasta que fue liberada por la intervención de Tudor Wilkinson, coleccionista de arte estadounidense.

Wilkinson le escribió a Jacques Benoist-Mechin, quien había sido miembro de la librería en 1919 y ahora era un funcionario del gobierno de Vichy. En agradecimiento, Beach le regaló a Wilkinson una primera edición de Ulises firmada por Joyce.

Tras recuperar la libertad, Beach se dedicó a ayudar a otros autores, convirtiéndose en una especie de guardiana moral para una nueva generación de expertos académicos o, como los llamaba ellas, los “recolectores de los trapos de Joyce”. Cuando Monnier se suicidó, después de años de tormento por la enfermedad de Meniere, escribió en una carta: “Me alegro de que haya terminado”. Por su parte, Beach falleció en 1962.

El interior de la librería y el café homónimo (Shutterstock)
El interior de la librería y el café homónimo (Shutterstock)

La librería reabrió en 1951 en en el número 37 de la rue de la Bûcherie. Esta vez ni Bleach ni Monnier estuvieron implicadas, sino un periodista estadounidense, George Whitman, quien tomó el nombre prestado sin autorización a modo de homenaje -recién varios años después Bleach aceptó ceder los derechos.

Esta nueva versión, ya sin la bohemia de la anterior, fue más exitosa que la primera, sobre todo a partir de la presencia de algunos autores de la Generación Beat, como Allen Ginsberg y William Burroughs. Y hoy ocupa seis pisos, tiene un café propio y hasta un “servicio de cama” para aquellos que no tienen donde dormir, a cambio de trabajar un día en el lugar. Whitman murió a los 98 años en el cuarto encima del local, y al frente quedó Sylvia Beach Whitman, su hija, quien goza de la popularidad de una librería que, si bien no es la original, resguarda la memoria histórica de una serie irrepetible de grandes autores.

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