Niñas desde los 8 hasta los 14 años de edad son adictas a inhalar bóxer. (Foto de referencia)
Niñas desde los 8 hasta los 14 años de edad son adictas a inhalar bóxer. (Foto de referencia)

Desde hace cuatro años el pueblo indígena Jiw del municipio de Puerto Concordia, al sur del departamento de Meta, viene denunciando que colonos de la región inducen a sus niñas a inhalar bóxer para luego abusar sexualmente de ellas. La situación empezó en 2015 y desde entonces las autoridades no han hecho nada, los responsables siguen libres.

La noche del pasado 7 de abril, alternaron a las autoridades sobre dos niñas de 12 y 14 años que estaban siendo violadas en un caserío. La comisaría y la Policía atendieron el llamado y encontraron al agresor con las menores de edad en una habitación, ellas visiblemente drogadas, con las pupilas dilatadas; detalla la revista Semana.

Pese a ser encontrado en flagrancia, el violador quedó en libertad. Así ha pasado con otros casos desde que los hombres empezaron a frecuentar la escuela indígena donde estudian para convertir a las niñas, desde los 8 años de edad, en dependientes del bóxer, un pegamento que al ser inhalado produce efectos alucinógenos.

"Yo tengo dos estudiantes niñas de 11 y 12 años que llegan a clase y se les siente el olor (a bóxer) cuando hablan, es muy penetrante. Llegan como borrachas. A veces no hacen caso, hacen lo que se les da la gana. Salen cuando quieren", contó a Semana Alejandro Gil González, un profesor de la escuela.

Los padres de las víctima no denuncian por temor a represalias, mientras que los abusadores practican el crimen sin siquiera esconderse, pues recogen a las niñas en el colegio al finalizar la jornada. Muchas de las niñas que han sido violadas desde hace años ya tienen 16 años, pero su nivel escolar es muy bajo por la misma situación.

El pueblo Jiw es desplazado de la violencia y vive en precarias condiciones, pues no tienen agua potable. (Foto de referencia)
El pueblo Jiw es desplazado de la violencia y vive en precarias condiciones, pues no tienen agua potable. (Foto de referencia)

El profesor Gil, de 19 años de edad, afirmó a Semana que en este momento hay al menos ocho menores indígenas que están siendo abusadas. Además, denunció las precarias condiciones en las que vive la comunidad Jiw, que llegó a esa zona luego de ser desplazada de los alrededores del río Guayabero por organizaciones armadas.

Ahí el pueblo indígena no tiene agua potables, y las altas temperaturas secan el caño que les provee del líquido, a veces el mal estado de esta enferma a niños y adultos; de acuerdo con Semana. El profesor pidió a las autoridades recursos para incentivar actividades extracurriculares que alejen a los menores del consumo de droga.

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