Cárcel La Picota, de Bogotá, la más grande y de máxima seguridad de Colombia. (INPEC)
Cárcel La Picota, de Bogotá, la más grande y de máxima seguridad de Colombia. (INPEC)

La cárcel La Picota, de Bogotá, el más grande y la de máxima seguridad en el país, siempre se ha visto envuelta en polémicas de corrupción. Esta vez, un ex recluso y un guardián del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) contaron en el anonimato cómo funciona una mafia que ofrece beneficios a narcotraficantes, políticos, paramilitares y guerrilleros.

El Pabellón Ere Sur de la prisión se convirtió, prácticamente, en un hotel, afirmaron los entrevistados al programa Los Informantes de Caracol TV. Ello, gracias a una red de corrupción que a cambio de grandes cantidades de dinero ofrece lujos a algunos peligrosos internos.

A través de tráfico de influencias algunos internos logran traslados a otros penales. Esta práctica es común en narcotraficantes y miembros de bacrim, quienes pagan por tutelas a jueces para cambiar de cárcel y seguir manejando sus negocios ilícitos. Aseguró el guardia del Inpec que los funcionarios públicos les hacen un estudio para ver cuánto deben cobrarle.

Mientras que otros que prefieren quedarse en La Picota, como los paramilitares y parapolíticos, son enviados a los patios más tranquilos por 195.211 dólares, donde no hay hacinamiento y tienen celdas propias con colchones de hasta 4.881 dólares. Incluso tienen un chef particular.

"Los internos de Interbolsa -la comisionista más importante del país dentro del mercado de valores intervenida por un descalabro financiero- recibieron beneficios como si fueran alcaldes o gobernadores", señaló al programa el guardián del Inpec.

En estos pabellones los internos -especialmente los políticos o con nexos con políticos en ejercicio- pasan en fiestas, con prostitutas, mariachis y whisky. Los invitados y músicos entran sin estar registrados, y los elementos son ingresados por visitas o en carros de doble fondo, todo en complicidad de los encargados de la vigilancia.

Para el resto de reclusos los beneficios son demasiado caras como para acceder a ellos. Por ejemplo, un atún puede costar 13 dólares y una cebolla y un tomate USD$6,5. Y un celular de gama media entre 488 y 1.627 dólares.

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