
Brasil vivió este miércoles una nueva tragedia escolar, la segunda en díez días, con el asesinato de cuatro niños a manos de un hombre de 25 años con un hacha en una escuela infantil de la ciudad de Blumenau, en el sur del país. El asaltante, que se entregó a las autoridades tras el ataque, hirió además a otros cuatro menores, que tuvieron que pasar por el quirófano, aunque están fuera de peligro con un cuadro clínico “estable”, según informaron fuentes oficiales.
Las víctimas mortales son tres niños y una niña de hasta siete años de edad. “Todos eran hijos únicos”, afirmó el alcalde de Blumenau, Mário Hildebrandt, en rueda de prensa.
El suceso ocurrió sobre las 09:00 hora local (12:00 GMT) en la guardería y colegio infantil Cantinho Bom Pastor, un centro privado, en el que había 40 niños en su interior.
El agresor, identificado como Luiz Henrique de Lima y quien tenía antecedentes penales, llegó en moto, saltó el muro de la escuela y comenzó a atacar a los niños de forma aleatoria con un hacha pequeña, de acuerdo a la versión oficial. Posteriormente, huyó saltando de nuevo el muro por el que había entrado y se entregó en un cuartel de la Policía Militar cercano. Se desconoce si declaró algo sobre sus brutales crímenes.
Ante esta situación, surge el interrogante inevitable: ¿Por qué se repiten los ataques en las escuelas de Brasil? El periódico local Estadao conversó con expertos que dieron cinco razones y, si bien cada trágico atentado en una escuela tiene una historia y un perfil específicos del agresor que está detrás, hay unanimidad en afirmar que factores sociales y culturales existentes en la sociedad brasileña pueden estar relacionados con el aumento de este tipo de hechos en el país.
Intolerancia y violencia
La primera razón es la “Promoción de la intolerancia y valorización de la ‘cultura de la violencia’”. Aquí los especialistas concidieron en indicar que el escenario social y político brasileño -con creciente intolerancia y polarización- funciona como un incentivo para actos violentos de todo tipo, especialmente para personas con algún historial o predisposición a este tipo de conductas.
“Estamos en un país que tiene los índices más altos de violencia en el tránsito, contra las mujeres, contra las minorías, contra las personas transgénero. Somos una sociedad violenta, y es más intolerante y polarizada. La polarización y la intolerancia son ingredientes de una cultura beligerante, de hostilidad, de exterminio del enemigo. Todo eso alimenta más violencia”, expresó el psiquiatra Daniel Martins de Barros, columnista de Estadao.

Grupos de odio y radicalización
La segunda explicación es el “Crecimiento y radicalización de los grupos de odio en Internet”. En este punto, Michele Prado, investigadora del grupo Debate Político en Medios Digitales de la Universidad de San Pablo, manifestó: “Hace tiempo que tenemos extremismos y discursos de odio, con deshumanización de otros grupos sociales y discursos supremacistas. Pero esto llegó al debate público, el extremismo llegó al mainstream porque hubo una normalización de los discursos nocivos. Eso lleva a más personas a los extremos”, respondió consultada por el diario citado.
Relaciones distantes
El tercer ítem señalado es lo que Estadao, tras consultar a expertos, denominó “Distanciamiento en las relaciones y debilitamiento del afecto”. El psicólogo Timoteo Madaleno Vieira, profesor del Instituto Federal de Goiás (IFG), dijo que vivimos un período de transición de una sociedad más tradicional para un escenario de mayor libertad y priorización de las demandas y deseos individuales. En este contexto, sin embargo, se puede perder el afecto y el cuidado por el otro, lo que aumenta los sentimientos de abandono, rechazo y soledad.
Salud mental
El “Empeoramiento de la salud mental de la sociedad” es el cuatro punto. Gustavo Estanislau, psiquiatra de niños y adolescentes del Instituto Ame Sua Mente, sostuvo que hay “datos concretos de que los estados de alerta asociados a la pandemia han elevado los niveles de estrés, aumentado las quejas de depresión y ansiedad, y llevado a los jóvenes en particular a actuar de manera más impulsiva y agresiva”.

Efecto contagio
Por último, se señaló “El efecto contagio”, es decir, un aumento de actos violentos motivados por otros delitos similares cometidos en un período reciente. En el contexto actual, de amplia y rápida difusión de los ataques a través de la prensa y las redes sociales, la forma en que se presentan los casos puede llevar a otras personas ya vulnerables o miembros de grupos extremistas a inspirarse y repetir esta conducta. “Dependiendo de cómo se dé a conocer el hecho, un individuo con un perfil de empatía menos desarrollado puede sentirse validado por este tipo de conductas”, concluyó Estanislau.
Además del de este miércoles y del ocurrido hace 10 días, Brasil ha tenido una serie de ataques a escuelas similares en los últimos meses. El pasado 25 de noviembre un adolescente de 16 años mató a tiros a cuatro personas en dos ataques sucesivos a dos escuelas cercanas en Aracruz, en el estado de Espíritu Santo (sureste).
Dos meses antes, un hombre armado con un revólver y dos cuchillos invadió una escuela cívico-militar y mató a una estudiante con discapacidad, en el estado de Bahía (noreste).
Ya el 13 de marzo de 2019 dos antiguos alumnos entraron en una escuela de la ciudad de Suzano, a unos 60 kilómetros de Sao Paulo, asesinaron a cinco estudiantes y a dos trabajadoras, y dejaron una decena de heridos, antes de que ambos se quitaran la vida.
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