
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, aseguró este martes que el país “está quebrado” y qué él “no puede hacer nada”. El mandatario realizó las declaraciones en diálogo con partidarios suyos fuera del Palacio de Alvorada, su residencia oficial, y fueron transmitidas por un sitio web bolsonarista.
También aseguró que el COVID-19, que nombró como uno de los factores principales de la situación económica actual del país sudamericano, fue “potenciado por los medios”, a los que ha acusado en numerosas ocasiones de contribuir a generar un ambiente de pánico con respecto a la gravedad de la pandemia.
“Quise cambiar el régimen del impuesto a las ganancias. Está este virus, potenciado por los medios, medios que no tienen carácter. Hacen un trabajo incesante para que respondamos a sus intereses”, expresó. Según reportó el medio local Folha, el presidente prometió en un discurso cambiar el régimen del mencionado impuesto, pero su administración nunca llevó a cabo la iniciativa.
En la misma línea, el mandatario dijo a sus partidarios que una de las explicaciones del desempleo en el país es que algunos brasileños no están preparados para hacer “casi nada”. El mandatario criticó el volumen de reclamos laborales y dijo que “ser jefe es una desgracia”. “Entonces, [Brasil] es un país difícil para trabajar. En lo que respecta al desempleo, ya sabes, [hay] varias razones. Una es la formación del brasileño. Una parte considerable no está preparada para hacer casi nada. Importamos muchos servicio”, dijo el presidente.
El mensaje contrasta con aquel de su equipo económico, liderado por Paulo Guedes, que asegura que la economía de Brasil está rebotando de manera sólida, algo que se verá ilustrado en resultados positivos de recaudación de impuestos.
Según ha dicho Guedes, la recuperación económica está en camino a formar una “V”, a diferencia de otros países donde la tendencia se ha ralentizado.
Los funcionarios del área también se han mostrado optimistas sobre la posibilidad de que la administración pueda seguir adelante con una agenda de reformas estructurales, entre ellas una aceleración en la privatización de empresas públicas.

No obstante las declaraciones públicas del equipo económico, Bolsonaro ha dicho en distintas ocasiones que la situación fiscal del país es negativa. Ha usado ese mismo argumento para anunciar que no está en condiciones de continuar con las ayudas económicas extraordinarias como consecuencia del impacto de la pandemia e indicado que los confinamientos son la principal causa de la crisis. Folha reportó que las posturas privadas de Bolsonaro y Guedes no discrepan drásticamente.
La reticencia a continuar con las erogaciones fiscales llega en un momento donde buena parte del mundo enfrenta una virulenta ola de contagios, en buena medida debido a la aparición de una nueva y más contagiosa cepa identificada por primera vez en Gran Bretaña.
De hecho, el estado de San Pablo confirmó este lunes los dos primeros casos de esa naturaleza en el país. Una de las pacientes afectadas es una mujer de 25 años residente en Sao Paulo que se contagió tras mantener contacto con varios viajeros que estuvieron en Reino Unido. Los primeros síntomas surgieron el 20 de diciembre y el 22 se hizo una PCR.
El otro afectado es un hombre de 34 años que está siendo investigado por rastreadores para determinar cómo pudo contagiarse. Brasil es el tercer país con más casos positivos de COVID-19 a nivel global, con más de 7,7 millones de contagios. También ocupa el segundo lugar en la lúgubre lista de decesos, con más de 196.500.
El país todavía no ha comenzado a vacunar a su población contra la enfermedad. De hecho, el gobierno no ha anunciado la fecha en que comenzará a implementar el plan y ninguna farmacéutica ha solicitado a agencia regulatoria la aprobación de ningún inmunizante.
Lo más cercano a hacerlo ha sido la autorización de emergencia por parte de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) de una “importación excepcional” de dos millones de dosis de la vacuna contra la covid-19 producida por el laboratorio anglo-sueco AstraZeneca y la universidad británica de Oxford.

El ente regulador explicó que las dosis que deberán llegar al país este mes no podrán ser suministradas todavía a las personas porque “el inmunizante no fue sometido a la autorización de uso en carácter de emergencia o de registro sanitario de definitivo”.
Además de las vacunas china y británica, la del consorcio estadounidense-alemán Pfizer-BioNTech y la de la belga Janssen, brazo europeo de la multinacional norteamericana Johnson & Johnson, realizan en Brasil estudios de tres fases con voluntarios que han recibido las dosis.
La vacuna rusa Sputnik V, por no tener estudios realizados en el país con voluntarios, no forma parte del cuadro actual de inmunizantes considerado por la Anvisa, pero podrá ser incluida con la “conclusión de un análisis de pedido”, según subrayó el regulador brasileño.
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