Un viaje a la misteriosa Rapa Nui, la famosa Isla de Pascua

Los moais son sus protagonistas absolutos, pero la isla tiene mucho más que ofrecer: volcanes, cultura ancestral, playas con palmeras, sitios arqueológicos y su bellísima gente

Los moais, los protagonistas de la Isla de Pascua (Shutterstock)
Los moais, los protagonistas de la Isla de Pascua (Shutterstock)

Te Pito o Te Henua es su nombre original y en lengua nativa significa el ombligo del mundo. A partir del siglo XIX se la comenzó a nombrar como Rapa Nui. Y finalmente fueron los holandeses quienes la bautizaron como Isla de Pascua al desembarcar por primera vez en la isla en el día en el que la fe católica celebraba la Pascua de Resurrección, allá por 1722.

Su formación se debe a la erupción de sus tres volcanes principales, Maunga Terevaka, Poike y Rano Kau. Tiene forma triangular y una extensión total de sólo 166 kilómetros cuadrados. Conforma el Triángulo de la Polinesia con las islas de Hawái al norte y de Nueva Zelanda al este.

Se encuentra en la inmensidad del Océano Pacífico, a 3700 kilómetros de la costa chilena, por lo que el vuelo demora un promedio de cinco horas. En tiempos anteriores al COVID-19, salían vuelos diarios de LATAM desde Santiago en modernos Boeing 787-9. El primer vuelo se realizó en 1951 por la Fuerza Aérea chilena. Su aeropuerto internacional, considerado el aeropuerto más remoto del mundo, fue inaugurado en 1967. Según cuentan los locales, algunos niños se escondían debajo de la cama asustados por el ruido ensordecedor de los aviones que no conocían hasta ese momento.

Cráter Rano Kau con vistas a la costa
Cráter Rano Kau con vistas a la costa

Cuando pisás suelo Rapa Nui, te recibe el aire marino del Pacífico mientras los locales te entregan un collar de flores naturales. Si esto te suena a vacaciones en la Polinesia es porque los primeros pobladores provienen de esta región. Se supone que llegaron a esta isla en el siglo VII en un viaje de meses a bordo de sus catamaranes. La genética y la cultura de origen polinésica se mantiene aún en su bella gente, que la preserva muy orgullosamente.

Tanto los hombres como las mujeres Rapa Nui exhiben hermosísimos tatuajes en todo su cuerpo como expresión de su cultura. Antiguamente, los tatuajes representaban su espiritualidad y los dibujos variaban según el género, edad y rango social. Para quienes se animen, no te pierdas de hacerte un tatuaje con alguno de los maestros tatuadores rapanui, será un recuerdo imborrable del paso por esta mágica isla.

La isla vive principalmente del turismo, en 2019 recibieron 150.000 turistas. Aunque hoy esta actividad se encuentra totalmente detenida por la pandemia del COVID-19, las autoridades ya están preparando un protocolo de reapertura orientándose a un turismo más personalizado. Según se espera, LATAM comenzará en los próximos meses a operar uno o dos vuelos semanales con 150 personas por vuelo para poder respetar el distanciamiento entre los pasajeros.

Una moai sin terminar. Moai significa  “el rostro vivo de nuestros ancestros”.
Una moai sin terminar. Moai significa “el rostro vivo de nuestros ancestros”.

Hanga Roa es su capital y el único lugar poblado de la isla. Aquí coexisten hoteles, restaurantes donde probar el exquisito atún y tiendas dedicadas a los visitantes, junto con quienes desde hace siglos habitan estas tierras. Hoy en día existen regulaciones por las que sólo un nativo puede adquirir tierras. De los 7000 habitantes de esta ciudad, la mitad aproximadamente son nativos rapanui.

La fama indiscutida de Rapa Nui es debida a las gigantescas cabezas talladas en piedra volcánica que se encuentran dispersas por la isla. Y es por ello también que la Unesco designó al Parque Nacional Rapa Nui Patrimonio Cultural de la Humanidad. El nombre de estas esculturas en lengua nativa es Moai Aringa Ora. La traducción exacta es “el rostro vivo de nuestros ancestros”. Y es justamente a sus antepasados a quienes representaban en estas enormes cabezas. Los rapanui creían, y creen, que sus antecesores poseían una energía muy poderosa llamada “mana” con la cual controlaban y protegían sus cultivos y animales, y que los moais la atraían y canalizaban hacia la tierra. Es esta la razón por la que estas esculturas miran hacia el interior de la isla y no hacia el mar como muchos creen.

Hay 1.045 moais dispersos por toda la isla y cada uno tiene su particularidad. Algunos se encuentran más deteriorados por el paso del tiempo o por la destrucción ocurrida por sus guerras internas. Otros moais y plataformas ceremoniales donde se alinean fueron completamente restaurados. Muy pocos conservan su sombrero de piedra roja, llamado “pukao”.

La Unesco designó al Parque Nacional Rapa Nui Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La Unesco designó al Parque Nacional Rapa Nui Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Una visita a la isla debería constar de un mínimo de tres noches y es ideal combinarla con unas noches en Santiago de Chile. Los vuelos a Rapa Nui salen en general temprano a la mañana y regresan de noche por lo que una conexión directa sería casi imposible.

Para saber por dónde empezar y qué lugares no nos podemos perder, nos comunicamos con la guía Noe Teave, orgullosa Rapa Nui quien no sólo comparte con los turistas excelente información sobre los sitios arqueológicos, sino que además para quien quiera escuchar, puede hablar un largo rato sobre las peculiaridades de su gente y todos los desafíos que tuvieron que atravesar para ser quienes son y mantener viva su cultura.

Una de las visitas obligadas que nos sugiere Noe para ver la mayor concentración de moais es la del Volcán Rano Raraku, la cantera en donde se encuentra la piedra utilizada para su construcción. Esta visita te ayudará a entender cómo era el proceso del tallado desde la roca madre a través de algunos ejemplares que quedaron a medio hacer y del acabado en los que ya estaban listos para ser trasladados a su respectivo lugar de emplazamiento. Si subís un poco por los senderos demarcados para la visita, tendrás acercamientos a varios de ellos con el bonus track de una vista increíble del azul del Pacífico y de otro sitio imperdible, el Ahu Tongariki. Ésta es la plataforma o “ahu” más grande de la isla con quince estatuas de pie. Impacta su tamaño, y como nos explica Noe, nos hace tener una idea más concreta del tamaño real del resto de estas plataformas no restauradas que se encuentran dispersas por la isla. El Ahu Tongariki es realmente imponente. Vale la pena sentarse en la explanada frente a este sitio a contemplar los diferentes rasgos de cada uno de los quince moais. Si sos de los que se levanta temprano, no te pierdas de ver el amanecer desde aquí.

Hay 1.045 moais dispersos por toda la isla y cada uno tiene su particularidad
Hay 1.045 moais dispersos por toda la isla y cada uno tiene su particularidad

Un segundo día debería estar dedicado a visitar el cráter del volcán más grande de la isla, Rano Kau. El inmenso cráter tiene un kilómetro de diámetro y una laguna en su interior cubierta de vegetación. No está permitido bajar hasta allí, pero la vista desde el mirador del cráter es increíble. Contrasta el verde con el azul intenso de la laguna y del Océano Pacífico que lo rodea, ya que para sumarle aún más dramatismo al paisaje, este volcán se halla a 324 metros de altura sobre la costa.

Generalmente esta visita se combina con un lugar muy especial para los rapanui, la Villa Ceremonial de Orongo. Noe nos cuenta que aquí es “donde nuestros antepasados realizaban las competencias y ceremonias del que nosotros llamamos Tangata Manu y que ustedes conocen como el Hombre pájaro. Estas competencias se realizaron hasta la llegada de los primeros misioneros católicos a mediados del siglo XIX, por lo que podemos decir que es el último vestigio de lo que fue nuestra cultura y comportamiento ancestral”. Está emplazado en un lugar con otra vista increíble hacia el Océano Pacífico desde donde se observan los islotes a los que el ganador de la competencia debía llegar para obtener el primer huevo puesto por el pájaro Manu Tara (gaviotín apizarrado) luego de superar pruebas físicas durísimas donde muchos perdían la vida. Si bien aquí no hay moais, la riqueza arqueológica e histórica del sitio es incalculable.

Anakena es el lugar si estás buscando un poco de descanso. Sólo media hora desde Hanga Roa te separan de este paraíso de arena blanca, palmeras y un mar turquesa. Hay baños y vestuarios públicos para cambiarse de ropa y lugares para comprar comida al paso. Y como para no olvidarse de donde estamos, los 7 moais del Ahu Nau Nau observan la playa desde las alturas.

En Tahai se pueden ver los mejores atardeceres
En Tahai se pueden ver los mejores atardeceres

Una de las mejores y más placenteras formas de conocer y conectarse con la cultura local es probando la gastronomía local. Noe nos recomienda elegir un cebiche de atún fresco, pescado aun artesanalmente en las costas de la isla. Y acompañarlos con tubérculos como el camote (batata) o taro. Sus restaurantes favoritos para cenar con vista al mar son “Temoana”, “Mahalo”, y “Haka Honu”.

Otra experiencia para conectarse con los locales es una caminata por la costa. No te pierdas de ver el cementerio que se ubica en un emplazamiento único. Y de ver un atardecer en Tahai. Este sitio arqueológico sobre la costa está inmerso en una zona urbana y a pocos minutos caminando desde el centro. Es recomendable llegar un rato antes para buscar un lugar desde donde observar el sol poniéndose en el Pacifico detrás de las tres plataformas de moais que custodian el lugar desde hace siglos.

Rapa Nui además ofrece opciones para los amantes del surf y del buceo; como caminatas y salidas a caballo para descubrir otras zonas de la isla no tan conocidas.

Si querés ser parte de una experiencia única en el mundo, no te pierdas de visitar la isla durante la primera quincena de febrero. Allí se realiza un festival cultural local llamado Tapati rapanui. Según nos relata Noe, “comenzó a mediados de los ´70 como una fiesta local para celebrar una festividad comunal, pero a poco fue evolucionando e introduciendo cada vez más expresiones tradicionales, culturales y ancestrales. Participa toda la comunidad y en los últimos treinta años ha sido un espacio importante de rescate cultural a través de las expresiones del folklore, el baile, la pintura corporal, el vestuario tradicional y la comida”.

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