El lobby balconea a la laguna de Venecia. La puesta de sol torna violeta a San Marco con una gama de colores que sólo puede verse desde la Giudecca
El lobby balconea a la laguna de Venecia. La puesta de sol torna violeta a San Marco con una gama de colores que sólo puede verse desde la Giudecca

Por Flavia Tomaello

Para construir una leyenda se requieren héroes, sueños, drama; hechos históricos mezclados con ficción convincente, o simplemente cuentos que se vuelven cada vez más extravagantes con cada narración. Y se necesita un resultado feliz para todos.

Eso ocurre con Belmond Hotel Cipriani, el emblemático hotel veneciano, donde los personajes heroicos, las historias cautivadoras y la felicidad son parte de la leyenda.

Se encuentra en la punta de la isla Giudecca, a solo cinco minutos de San Marcos. Ofrece habitaciones de lujo con vistas al jardín, a la laguna o a la cuenca de San Marcos, muchas de ellas con balcón privado. Los huéspedes pueden relajarse en la única piscina de tamaño olímpico en el centro de Venecia, disfrutar de una excursión en barco privado o probar deliciosas especialidades en el restaurante Oro.

El salón de baquetes remite a las épocas en el Venecia era el centro de la cultura, las artes y el lujo barroco
El salón de baquetes remite a las épocas en el Venecia era el centro de la cultura, las artes y el lujo barroco

St. Mark's Palazzo Vendramin es parte del complejo. Es un edificio del siglo XV vinculado al hotel a través de un patio antiguo y un pasaje con flores, que captura todo aquello por lo que "La Serenissima" es famosa, transportando a un reino de glamour vintage que no conoce límites. Pero la historia empezó mucho antes de que el embrión del albergue estuviera en mente.

Todo mito tiene un principio

A fines de la década de 1920, Giuseppe era el barman principal del Europa Hotel en Venecia. Un estadounidense llamado Harry Pickering era un cliente habitual. Pickering, un día de 1930, salió del hotel sin pagar su cuenta. Giuseppe lo hizo por él. Pasaron dos años antes de que Harry volviera, esta vez con el dinero que debía y un extra de 5.000 dólares y le propuso a su compañero de barra hacer un bar con él. Harry tenía la inteligencia de negocios y Giuseppe la de las bebidas. Se hicieron socios.

Es en su bar, con vista al Campanille de Piazza San Marco, donde se puede disfrutar la versión original del Bellini que creó Giuseppe Cipriani
Es en su bar, con vista al Campanille de Piazza San Marco, donde se puede disfrutar la versión original del Bellini que creó Giuseppe Cipriani

Giuseppe abrió el pequeño bar en una tienda de cuerdas remodelada al final de la calle Vallaresso, escondida cerca del Gran Canal. Lo llamó en honor a su nuevo compañero y colocó un cartel: "Bienvenido a Harry's Bar Venice". Sin embargo, el éxito no fue veloz. Giuseppe gastó demasiado dinero en publicidad que no atraía clientes, mientras Harry se bebía la mayoría de las ganancias. Después de unos años, Pickering se desencantó y dejó solo a su socio.

Giuseppe apenas mantenía las puertas abiertas cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Temeroso de que los soldados de Hitler confiscaran todo para lo que había trabajado, enterró astutamente cientos de toneles de bebidas en la pequeña isla de Torcello en la laguna veneciana. Tal como temía, los nazis requisaron el Harry's Bar pensando en abrir un club de oficiales que permaneció en funciones entre 1941 y 1942. Giuseppe dedicó su tiempo fuera haciendo planes para convertir el pequeño sitio de pesca que había comprado en Torcello en una casa de seis habitaciones, posada y restaurante. Lo logró: la remota y serena Locanda Cipriani todavía opera.

Después de que Venecia fue liberada, Giuseppe desenterró triunfalmente su reserva de licor, y Harry's Bar volvió a abrir sus puertas. Ningún hotel tenía bebidas, sólo se conseguían allí. Para 1946 contrató a quien se convertiría en jefe de la barra por más de 40 años: Ruggero Caumo. Para 1948 el cartel cambió y apareció el nuevo: "Bienvenido a Harry's Bar Venice, el hogar de los Bellini", gracias a trago inventado y servido por el propio dueño. Todo creció de manera estrepitosa.

Los salones, casi todos con frescos originales en el techo, cuentan con una vista 360 al Gran Canal gracias a los ventanales que bordean las estancias
Los salones, casi todos con frescos originales en el techo, cuentan con una vista 360 al Gran Canal gracias a los ventanales que bordean las estancias

Para 1956 el inquieto Cipriani decidió construir un refugio para los viajeros del jet set cerca de la Plaza de San Marcos, pero lejos del bullicio de la ciudad. Era una época en que Italia aún celebraba una dolce vita de posguerra, atrapada en películas como Vacaciones en Roma. Eligió una parcela de algo más de una hectárea en la punta de la entonces abandonada isla Giudecca, y obtuvo fondos de tres ricas hermanas Guinness.

Apenas dos años después de que comenzara el proyecto, los huéspedes glamorosos llegaban en tropel. Célebres estadounidenses, nobles franceses, aristócratas ingleses, realeza europea, actores y artistas de todo el mundo se sintieron atraídos por el ambiente relajado y privado, el excelente servicio y las magníficas habitaciones decoradas con cristal de Murano y telas Fortuny. Giuseppe fue muy práctico, recuerda su nieto Bonifacio Brass: "Fue amado por el personal y se preocupaba por saludarlos todas las mañanas. Puso su corazón y su alma en hacer un lugar que fuera verdaderamente lujoso. Él también era chef de pastelería y eligió que se sirviera un suntuoso desayuno buffet con increíble pastelería. Fue meticuloso con los detalles". En la lista de invitados se leen nombres como Yves Saint Laurent, Hubert de Givenchy, Vanessa Redgrave, Sophia Loren y Catherine Deneuve.

A medida que el hotel se expandió, Giuseppe tuvo la idea de instalar una piscina. Cuando las hermanas Guinness llegaron para analizar la idea, gritaron: "¡No aceptamos una piscina olímpica!" "Pero eso es lo que decidimos con su arquitecto- respondió Giuseppe-: 25 por 50 metros." "¡No! Dijimos 25 por 50 pies", replicaron. El gerente en ese momento, Enzo Cecconi, ahora de 81 años, aclara el asunto. "La verdad es que mide exactamente 33 x 13,5 metros. Lo sé porque fui yo quien dirigió el trabajo". La piscina titánica se ha convertido en una de las atracciones y lugares de encuentro más exclusivos de Venecia.

Todas las arañas y apliques lumínicos son originales de Murano, realizados bajo la clásica técnica de soplado del vidrio
Todas las arañas y apliques lumínicos son originales de Murano, realizados bajo la clásica técnica de soplado del vidrio

Hacerse grande

A los 72 años, Giuseppe abandonó el hotel y, en 1976, se convirtió en la piedra angular de la colección Belmond junto con el recuperado Venice Simplon-Orient-Express. El hotel solía albergar fiestas increíbles y recepciones fastuosas. Era reconocido por su servicio impecable. Se mantuvieron los perfiles impresos en fichas, que relevaban los hábitos y las solicitudes especiales de los invitados, para que al año siguiente pudieran encontrar exactamente las mismas cosas y sentirse realmente en casa.

El hotel puede parecer bastante diferente al construido por Giuseppe Cipriani. Las incorporaciones han incluido el magnífico Palazzo Vendramin, el Cip's Club, los Graneros de la República y el restaurante con estrella Michelin, Oro. Pero se mantiene fiel a la aspiración original: proporcionar un santuario indulgente a un mundo de distancia, pero a un tiro de piedra, de la Plaza de San Marcos.

Disfrutar la gastronomía de Oro junto al mecerse del agua del Gran Canal es un aditamento impagable como experiencia viajera
Disfrutar la gastronomía de Oro junto al mecerse del agua del Gran Canal es un aditamento impagable como experiencia viajera

En este año trascendental, se propuso una serie de festividades espectaculares. La primera de ellos fue un concierto, que también celebró el 20 aniversario del Cip's Club. Montado sobre una plataforma frente a la Plaza de San Marcos, que contócon la participación de Marco Ballaben.

Con vistas de 270 grados a través del agua, el Belmond Hotel Cipriani mira a Venecia desde su particular punto de vista, disfrutando de los ángulos que van del Palacio Ducal hasta la iglesia de San Giorgio y las islas más allá.

Como uno de los hoteles de lujo más celebrados en Venecia, cada centímetro de este escondite emblemático está garantizado para encantar… como el Bellini.

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