
Con el correr de las décadas, viajar en avión se perfeccionó a tal punto que llegó a ser uno de los medios de transporte más seguros. El 2017 se coronó como el año más seguro en la historia de la aviación civil, según un informe de la Aviation Safety Network. Sin embargo, los momentos de despegar y aterrizar suelen ser dos de los más temidos por los pasajeros durante el vuelo.
El despegue y el aterrizaje concentran el 60% de los accidentes fatales, según Tom Farrier, ex piloto de la fuerza aérea de Estados Unidos y actual contratista de seguridad de aviación en Estados Unidos. Farrier demostró que el otro 10% de los accidentes se produce incluso antes de subir al avión, es decir, yendo al aeropuerto o dentro del aeropuerto o incluso cuando la aeronave se encuentra detenida.

Según el ex piloto, el riesgo asociado a las dos etapas mencionadas tiene que ver con el hecho de que el avión debe acelerar o desacelerar su marcha en un período relativamente corto y dentro de la pista del aeropuerto.
Despegue o aterrizaje: cuál es más peligroso
Para los pilotos, es uno de los momentos críticos del vuelo que concentra un 12% de los accidentes fatales. La principal dificultad se encuentra en alcanzar la velocidad suficiente para levantar vuelo dentro del espacio de la pista. En la actualidad, dejó de ser un desafío para las aeronaves, ya que la potencia de los motores mejoró, por lo que el despegue dejó de ser el momento más peligroso del vuelo.
Uno de los riesgos a los que se enfrentan hoy en día las aeronaves es que alguno de los motores falle mientras el avión acelera. En ese caso, el piloto deberá decidir en un instante si es mejor levantar vuelo y solucionar el problema en el aire o si es preferible no despegar.
Aunque para muchos quedarse en tierra podría parecer la opción más sensata, no es tan simple como parece: desacelerar de golpe una aeronave, con el peso que tiene y la velocidad que alcanza puede generar accidentes. Sin embargo, hoy en día se diseñó un cemento especial que se extiende alrededor de las pistas de los aeropuertos, que al entrar en contacto con las ruedas de la aeronave el suelo se rompe y ayuda a desacelerar.

Según las estadísticas, el momento más peligroso en un vuelo es el aterrizaje, que concentra el 48% de los accidentes fatales. Como el avión ya se encuentra en movimiento, el riesgo no está tanto en la falla de los motores, sino en factores externos como el clima, que puede generar que los aeropuertos no permitan el aterrizaje de aeronaves. Los pilotos evitan las tormentas eléctricas porque pueden generar descensos bruscos de altitud
Por otro lado, gracias a los múltiples softwares y tecnologías que se han desarrollado con los años, descender en el lugar justo de la pista tampoco genera inconvenientes. Siguiendo las rutas provistas por distintos GPS y softwares aeronáuticos, el avión puede aproximarse a la pista de una manera que garantice un aterrizaje seguro y sin sobresaltos.
LEA MÁS:
Últimas Noticias
Ecuador y la Unión Europea firman acuerdo Eurofront para reforzar control fronterizo e inteligencia migratoria
La declaración de intenciones apunta a fortalecer capacidades institucionales, intercambio de información y cooperación técnica

Samanta Schweblin, entre los cinco finalistas del millonario Premio AENA
La narradora argentina que reside en Berlín alcanzó la instancia decisiva del certamen con su libro “El buen mal”. Compiten con ella Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Marcos Giralt Torrente y Enrique Vila-Matas

Este es el motivo por el que Sheinbaum va contra regidores en el Plan B de la reforma electoral: “Se busca no dilapidar”
La presidenta acusó que en algunos municipios se asignaron regidurías para beneficiar a amigos y familiares

Metro CDMX y Metrobús hoy 18 de marzo: estación San Antonio Abad permanece cerrada
Información y actualización del servicio de transporte público en la capital este miércoles

Cárteles en México adaptan drones para entrega precisa de drogas en zonas fronterizas y cárceles, alerta Naciones Unidas
Autoridades han asegurado 134 artefactos entre 2019 y 2025; los primeros casos documentados en nuestro país se remontan a 2010



