
A orillas del mar Mediterráneo, una de las cuatro comunidades de las Islas Baleares supo hacerse un lugar de privilegio. No se lo propuso. Nunca buscó la exclusividad, sino más bien, pasar inadvertida, no llamar la atención y privilegiar la calma. Sin embargo, sus aguas cristalinas, sus playas paradisíacas y su renovada gastronomía lo convirtieron en un territorio ideal para millonarios.
Después de unas vacaciones alocadas, plagadas de excesos en Ibiza, es habitual que Formentera sea la siguiente elección de los viajeros más pudientes para relajarse y dar paso a la tranquilidad. El único modo de acceder a los poco menos de 85 kilómetros cuadrados es en ferry desde Ibiza.

La pequeña y silenciosa isla esconde una belleza natural única. Como es de esperar, sus playas son su mayor atractivo. Entre ellas, se destaca Cala Saona, de 140×120 metros, considerada la más bella por su entorno: a su arena blanca y agua turquesa la rodea un bosque de pinos.

La Ses Illetes, por su parte, se encuentra en el norte de Formentera y es uno de sus balnearios más reconocidos pese a que hay que pagar una entrada para su acceso. Por último, Els Arenal es una de las más largas (3.000 metros de longitud) y se halla cerca del municipio de El Caló de Sant Agustí. Todas ellas presentan las condiciones ideales: clima apacible, arena blanca y mar tranquilo y cristalino.
Más allá de sus playas, Formentera que, por el precio de sus estadías restringió poco a poco el target de su público, tiene distintos sitios emblemáticos para recorrer. Por caso, el Faro de la Mola, el punto más alto de la isla y con una larga historia detrás. Desde 1861, el faro ilumina cada noche la punta oriental de la isla.

Situado entre las islas de Ibiza y Formentera, el Parque Natural de Las Salinas es su sitio natural por excelencia. Allí conviven las más variadas especies en un espacio protegido. Rodeada por paisajes verdes preservados al detalle, emerge la playa de Ses Illetes.

Su gastronomía también es variada. Hace poco, para reforzar su nuevo status de exclusivo, Quispe, un restaurante peruano de lujo, abrió sus puertas arriba de la estación marítima de La Sabina, lo cual le asegura una puesto de sol única. La Sabina, de hecho, se convirtió en uno de los sitios predilectos por los turistas de la isla. Allí también abrió Can Carlitos, la última apuesta del prestigioso chef Nandu Jubany. El restó presenta una carta española reinventada, con sus clásicas tapas con un leve aunque notorio agregado. Ideal para su nuevo público.
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