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Qué es el baño de bosque, la práctica japonesa que propone beneficios por el contacto con la naturaleza

Con recorridos breves, respiración consciente y observación del ambiente, esta tendencia busca convertir el tiempo entre árboles y espacios verdes en una experiencia que otorga efectos positivos en la salud

Ilustración de una joven sentada descalza en un tronco cubierto de musgo, con los ojos cerrados, en un bosque con árboles, flores violetas, helechos y pájaros.
El baño de bosque o shinrin-yoku propone una inmersión sensorial en la naturaleza con atención consciente sobre el entorno (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En un mundo lleno de ruido y rutinas aceleradas, cada vez resulta más importante buscar una pausa para estar en contacto con la naturaleza. En ese marco, el baño de bosque se instaló como una práctica que propone algo distinto a una caminata común: permanecer en un entorno natural con una atención deliberada sobre lo que ocurre alrededor, desde la luz hasta los sonidos y los aromas del lugar.

El concepto proviene de Japón y se conoce como shinrin-yoku, una expresión que suele traducirse como “baño de bosque”. Su desarrollo moderno se remonta a 1982, cuando la Agencia Forestal de Japón impulsó esta noción como una forma de vincular a la población con los entornos forestales, generando beneficios en la salud. Según la Cleveland Clinic, la práctica no remite a un baño literal, sino a la inmersión en la atmósfera a través de los sentidos.

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Con el tiempo, esa idea inicial se amplió hacia lo que hoy también se denomina terapia forestal o terapia de la naturaleza. De acuerdo con un estudio sobre medicina forestal, esta línea de trabajo tomó forma a partir de investigaciones desarrolladas en Japón para estudiar, con herramientas científicas, cómo impacta la exposición a ambientes forestales.

En paralelo, la práctica comenzó a expandirse a parques, senderos guiados y programas de bienestar en otros países, con formatos que combinan contemplación, recorrido pausado y ejercicios de atención plena.

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Qué efectos brinda y cómo puede incorporarse

Una mujer de espaldas camina por un sendero en un bosque. Árboles con musgo, helechos y flores pequeñas. Rayos de sol atraviesan las hojas verdes.
La práctica del baño de bosque surgió en Japón en 1982, cuando la Agencia Forestal impulsó el shinrin-yoku para vincular a la población con los entornos forestales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La expansión del baño de bosque se apoyó, en parte, en una serie de investigaciones que analizaron sus efectos sobre indicadores de estrés, estado de ánimo y algunos parámetros fisiológicos. Según explicó Susan Albers, psicóloga clínica de Cleveland Clinic, la práctica apunta a conectar a las personas con el momento presente a partir de imágenes, sonidos y olores del bosque, lo que desplaza la atención de la rumiación y la preocupación.

De acuerdo con la clínica estadounidense, una parte de la evidencia disponible asocia esta práctica con una reducción del cortisol, la hormona del estrés. También existen trabajos que observaron cambios en la presión arterial, el estado de ánimo y ciertos marcadores vinculados con la función inmunitaria, aunque expertos remarcan que el campo todavía tiene limitaciones y que no hay datos suficientes para presentar estas observaciones como conclusiones definitivas.

El estudio de Environmental Health and Preventive Medicine reunió resultados de investigaciones realizadas en Japón y describió asociaciones entre el shinrin-yoku y variables como la actividad de las células NK. Se trata de células asesinas naturales, un tipo de linfocito que participa en la respuesta del sistema inmunitario. En ese mismo trabajo también se describieron reducciones en hormonas del estrés, descensos en la frecuencia cardíaca y mejoras en escalas psicológicas que miden ansiedad, fatiga, depresión y vigor.

Dos adultos mayores sonrientes caminan en un sendero de tierra. Un hombre de camisa oscura y una mujer de camisa a rayas. Bosque de pinos y vegetación abundante.
La evidencia sobre el baño de bosque asocia la práctica con reducción del cortisol, cambios en la presión arterial y variaciones en el estado de ánimo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según la Universidad de Stanford, esta práctica se diferencia del senderismo porque no se centra en el rendimiento físico, sino en una experiencia de atención consciente sobre el entorno. Rusly Harsono, director de Participación Social en la casa de estudios, afirmó que el senderismo activa el sistema nervioso para favorecer la salud física, mientras que el baño de bosque busca calmarlo y reforzar el bienestar emocional.

La incorporación de esta práctica suele plantearse de forma simple. Cleveland Clinic indicó que una inmersión prolongada puede extenderse durante varias horas, aunque también señalaron que períodos más breves pueden integrarse en la vida cotidiana. En esa línea, la recomendación consiste en caminar despacio, prestar atención a la respiración, registrar sonidos, colores, texturas y olores, y sostener por algunos minutos una observación sin apuro del entorno natural.

Cuando no existe acceso directo a un bosque, los especialistas distinguen entre una experiencia forestal plena y versiones adaptadas en espacios verdes urbanos. Según la Universidad de Stanford, también se estudió el efecto de baños de bosque urbanos en adolescentes de áreas metropolitanas, con resultados asociados a menor ansiedad y rumiación. Cleveland Clinic agregó que, si el entorno forestal no está disponible, los parques y espacios verdes pueden funcionar como una alternativa parcial.

Dónde conviene practicarlo y qué entornos se consideran más adecuados

Una mujer mayor caucásica con cabello blanco corto camina de frente por un sendero de tierra, vestida con camiseta rosa y leggings grises, en un entorno natural.
Los especialistas sostienen que el baño de bosque también puede practicarse en parques y espacios verdes urbanos cuando no hay acceso directo a un bosque (Imagen Ilustrativa Infobae)

El lugar importa en esta práctica porque no todos los espacios verdes ofrecen la misma experiencia de inmersión. Según National Geographic, los senderos de terapia forestal suelen diseñarse para favorecer un recorrido breve, accesible y silencioso, con contacto cercano con árboles, diversidad de plantas y, en muchos casos, presencia de agua.

Aun así, no todas las personas tienen cerca un sendero certificado o un bosque amplio. En ese punto, el estudio de Environmental Health and Preventive Medicine detalló que incluso los parques de ciudad pueden ofrecer efectos favorables sobre la relajación y el estado emocional. Cleveland Clinic coincidió en que los espacios verdes urbanos pueden ser una opción cuando el acceso a zonas forestales resulta limitado.

La elección del mejor lugar, entonces, depende de la disponibilidad, pero las fuentes coinciden en algunos rasgos: presencia de vegetación abundante, menor interferencia del tránsito, posibilidad de caminar sin exigencia física y un entorno que permita activar la vista, el oído, el olfato y el tacto. En esa lógica, el baño de bosque aparece menos como una actividad deportiva y más como una forma estructurada de habitar, durante un rato, un espacio natural.

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