
¿El cuerpo responde a las escenas de terror igual que ante una amenaza real? Sally Winston, psicóloga y directora del Anxiety and Stress Disorders Institute de Maryland, explicó que “el corazón late más rápido, la adrenalina se libera y la atención se agudiza, aunque sepamos que estamos seguros en el sofá o el cine”.
Esta respuesta activa el sistema nervioso autónomo, lo que puede provocar dilatación de pupilas, tensión muscular e incluso dificultades para dormir, según advirtió en diálogo con Healthline. “Incluso la euforia que sienten algunos tras la película es estimulante, no relajante”, detalló a su turno la doctora Pamela Rutledge, directora del Media Psychology Research Center, en declaraciones al mismo medio.
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En ese sentido, tras presenciar algún filme de terror, la falta de sueño figura entre los principales riesgos identificados. Es más, los expertos destacaron que existen investigaciones que vinculan el insomnio y las pesadillas tras ver películas de terror con un aumento en la vulnerabilidad emocional al día siguiente. Además, quienes ya padecen ansiedad pueden experimentar una intensificación de síntomas, como pensamientos intrusivos, sobresaltos frecuentes y mayor sensibilidad a estímulos de miedo.
Factores individuales y percepción del terror
Los efectos del terror no son iguales para todos. El portal CSP Global Concordia University recoge la visión de Glenn D. Walters, psicólogo que identificó tres factores clave detrás de la afición por el género: tensión (producida por el misterio y lo inesperado), relevancia (cuando el espectador se identifica con personajes o temas) y la irrealidad (la conciencia de que lo que ocurre no es real).
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“Para disfrutar, el espectador debe percibir el entorno como seguro. El miedo desencadena adrenalina, endorfinas y dopamina, pero el cerebro procesa que no hay una amenaza real”, explicó Walters, citado por la universidad.
La búsqueda de sensaciones intensas, conocida como sensation seeking, y una menor empatía se asocian con una mayor preferencia por el terror. Los individuos con alta empatía tienden a evitarlo, ya que viven con mayor incomodidad las situaciones de sufrimiento ajeno. Las diferencias individuales también se reflejan en la reacción: algunos sienten alivio y placer tras la resolución del conflicto, mientras que otros desarrollan rechazo o incomodidad persistente.
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Dimensión social y efectos positivos
El aspecto social del género también ha sido analizado. Un artículo del Greater Good Science Center de la Universidad de Berkeley sostiene que ver películas de terror en grupo fortalece lazos afectivos y fomenta el sentido de pertenencia. “Las experiencias de miedo controlado, como las películas de terror, generan una respuesta de unión social y pueden ayudar a preparar emocionalmente para enfrentar situaciones estresantes reales”, recoge el informe.
Un estudio citado por Berkeley demostró que los aficionados al terror mostraron mayor resiliencia psicológica durante la pandemia, posiblemente por haber entrenado mecanismos de afrontamiento a través de la ficción.
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En el ámbito psicológico, el fenómeno de la “catarsis” también aparece con frecuencia. Según una investigación publicada por la Universidad de Long Island, el miedo experimentado en la ficción permite liberar ansiedades y preocupaciones acumuladas, lo que puede derivar en una sensación de alivio o purga emocional. El desenlace de la película, donde el peligro desaparece, refuerza esa percepción de control y seguridad.
Riesgos del consumo excesivo
El consumo excesivo puede tener efectos adversos. Healthline cita un estudio de la Universidad de Toledo que encontró que ver más de dos horas diarias de televisión se asocia con mayores niveles de depresión y alteraciones en la rutina. Recomiendan moderar la cantidad de películas vistas y ajustar la exposición si se detectan efectos negativos en el bienestar diario.
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La experiencia de ver películas de terror resulta compleja y depende en gran medida del perfil psicológico de cada persona, así como de la frecuencia y el contexto de consumo. Para la mayoría, el género puede ofrecer entretenimiento, catarsis y fortalecimiento de vínculos sociales. Para otros, supone un riesgo que conviene vigilar, especialmente en presencia de trastornos de ansiedad o sueño.
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