
“La nostalgia es un engaño de la mente. Si hubiera estado ahí, lo hubiera odiado”, expresa Taylor Swift en su canción “I Hate It Here”. Esta frase encapsula el deseo de regresar a esos “buenos momentos” idealizados del pasado.
El regreso de El diablo viste a la moda a las salas de cine, con una secuela prevista para el 1 de mayo, vuelve a poner en primer plano el uso de la nostalgia como alma de la cultura. La película, estrenada en 2006, se convirtió en un referente y hoy su continuación se inscribe en un fenómeno más amplio: la búsqueda de experiencias que evocan tiempos anteriores, especialmente entre la Generación Z y los millennials.
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“La nostalgia bien usada es un puente”, reflexionó Martin Wainstein, psicólogo y Profesor Consulto de la Universidad de Buenos Aires, en diálogo con Infobae.
Toy Story 5, los remakes de Harry Potter y Percy Jackson en formato de serie, la vuelta de Los Juegos del Hambre con nuevos libros y películas que expanden la historia original, el live-action de Moana que traerá al personaje a la vida real, una nueva película del universo de Narnia. Frente a esta avalancha de regresos en el 2026, surge una invitación, según expertos consultados por Infobae: que la mirada al pasado deje espacio para nuevas historias.
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La regulación de emociones en tiempos de incertidumbre: generaciones que miran hacia atrás

Este año, en las redes sociales se instaló la idea de que “2026 es el nuevo 2016”. Canciones, estilos y filtros fotográficos inspirados en esa década conquistaron plataformas, con búsquedas y playlists sobre 2016 en récords históricos.
“La nostalgia es un sentimentalismo por el pasado, generalmente por un período o lugar con asociaciones positivas, pero a veces también por el pasado en general, ‘los buenos viejos tiempos de antaño’”, explica el psiquiatra Neel Burton en un artículo publicado en Psychology Today. El experto establece que no es solo un sentimiento, sino un recordatorio de que “nuestra vida no es tan banal como parece, que tiene sus raíces en una narrativa y que ha habido, y volverá a haber, momentos y experiencias significativas”.
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La visión de Wainstein, quien actualmente dirige la Especialización en Psicología Clínica Sistémica de la UBA, coincide con este planteo. El psicólogo señaló que la nostalgia se transformó en “un ansiolítico cultural” para las nuevas generaciones. El especialista señaló que el 50% de la Generación Z (14 a 29 años) y el 47% de los millennials (30 a 45 años) reconocen consumir contenidos que les generan nostalgia. En su análisis, este fenómeno está vinculado a contextos de cambio acelerado y alta incertidumbre, donde mirar atrás no solo significa recordar, sino también regular las emociones.

El especialista subrayó que la nostalgia no solo ayuda a enfrentar el estrés y la ansiedad, sino que cumple una función ambivalente: “Puede fortalecer el bienestar psicológico, pero también consolidar formas de evitación cuando se vuelve predominante”.
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Krystine Batcho, profesora de psicología en LeMoyne College, explicó en un podcast de la American Psychological Association (APA) que esta emoción ayuda a “unificar la identidad personal a lo largo del tiempo”, conecta con la sensación de pertenencia social y permite enfrentar cambios vitales. La especialista distingue entre dos tipos de nostalgia: la personal (relacionada con vivencias propias) y la histórica, que puede dirigirse a épocas no vividas.
En línea con la frase de Taylor Swift, Burton afirma que “podría argumentarse que la nostalgia es una forma de autoengaño, ya que invariablemente implica la distorsión e idealización del pasado, sobre todo porque borramos de nuestra memoria lo malo o aburrido, dejando solo las experiencias más memorables”.
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Reboots, remakes y la relectura del pasado

El diablo viste a la moda 2 es tan solo un ejemplo de una larga lista de proyectos que tienen al pasado como firme protagonista. Selma Purac, profesora de estudios mediáticos en la Universidad de Ontario Occidental, analizó en un artículo de The Conversation el auge del “nostalgia bait”, una estrategia que busca capitalizar recuerdos de la infancia y adolescencia de millennials y Gen Z.
La experta apunta que el fenómeno se apoya en el deseo de regresar a momentos percibidos como más sencillos o felices, aunque muchas veces esa experiencia pertenece a un pasado idealizado o incluso no vivido. Observó que, gracias a las plataformas digitales, la exposición a contenidos nostálgicos se volvió inmediata y global, lo que acelera su impacto.
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“Según estudios de consumo, la nostalgia aumenta la conexión emocional con marcas y productos, e incluso la disposición a gastar más dinero en ellos. No sorprende entonces que sea una de las principales tendencias globales de marketing en 2026, impulsada por la necesidad de familiaridad en tiempos de cambio acelerado”, resaltó Wainstein.

Un estudio liderado por profesionales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), disponible en Research Gate, mostró que el 60,3% de los encuestados en generaciones X, millennials y Z considera que los productos vintage o retro se convirtieron en un estilo de vida. El 90% de la generación Z y el 41,7% de los millennials asocian estos productos con recuerdos felices, lo que confirma la eficacia de la estrategia de relectura del pasado, no solo como moda, sino como parte de una identidad generacional.
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Nostalgia compartida: de lo privado a lo viral
“Hoy vemos remakes de series, canciones que resurgen décadas después y escenas de la infancia que reaparecen en redes sociales: la nostalgia dejó de ser una emoción privada para convertirse en un fenómeno cultural masivo. Ya no depende solo de la experiencia directa con la memoria autobiográfica, sino que se construye culturalmente y circula a través de medios y redes”, apuntó Wainstein.
De esta manera, las redes sociales desempeñan un papel decisivo en la propagación de la nostalgia. De acuerdo con el estudio de la UAEH, el 32,6% de los encuestados admitió haber comprado artículos retro tras verlos en redes. Estas plataformas permiten la creación de comunidades y la circulación constante de imágenes, videos y relatos que reactivan recuerdos tanto personales como colectivos.
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Batcho sostuvo que en el caso de la Generación Z, la exposición a contenidos de décadas pasadas no vividas genera una suerte de anhelo por tiempos idealizados, fenómeno que algunos especialistas denominan "anemoia“.

El informe anual de tendencias globales de Spotify (2022), citado en el estudio de expertos de la UAEH, reveló que la Generación Z muestra una fuerte atracción por la música de los años 80 y 90, usándola como refugio ante el estrés y la incertidumbre contemporáneos.
El impacto emocional de consumir recuerdos
Un estudio publicado en Personality and Individual Differences concluyó que la nostalgia está asociada a un mayor sentimiento de gratitud y a una percepción de mayor conexión social. La investigación demostró que evocar recuerdos felices a través de música, imágenes o relatos no solo incrementa el bienestar, sino que puede fortalecer los lazos sociales y la identidad.
Wainstein advirtió que la nostalgia puede convertirse en un refugio, pero también en una trampa si lleva a la idealización excesiva del pasado y a la dificultad para habitar el presente. Por su parte, Burton recordó que la nostalgia implica una combinación entre “la tristeza de la pérdida con la alegría o el consuelo de saber que la pérdida no es total, ni podrá serlo jamás”, ya que los momentos y recuerdos que logramos conservar se transforman en una parte permanente de nosotros.

El impacto de este fenómeno va más allá del bienestar individual o la conexión social. Tal como advierte Wainstein: “Si bien puede funcionar como un recurso emocional que aporta calma y continuidad, también puede derivar en una dificultad para habitar el presente. Cuando una persona empieza a sentir que lo mejor ya pasó, algo del deseo queda congelado”. En ese delicado equilibrio, la nostalgia ofrece refugio y pertenencia, pero también plantea el desafío de no perder de vista el valor y las posibilidades del presente.
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