Por qué el juego y el orden pueden ser aliados en la salud mental infantil

La repetición de actividades organizadas y la presencia de adultos en las tareas pueden ser claves para adquirir competencias emocionales y habilidades esenciales durante la infancia, según un especialista de la Universidad de Oxford

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Nene arrodillado guarda coche rojo en contenedor transparente de juguetes. Habitación con cama, osos de peluche, ventana y alfombra colorida.
El contexto familiar que practica y valora el orden facilita la transmisión de este hábito y propicia una mejor integración social en la niñez, según estudios internacionales - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La formación del hábito de ordenar en la infancia depende del ejemplo familiar, la participación activa y la instauración de rutinas claras, según especialistas internacionales y el análisis del doctor Alfonso Ruiz, académico de la Universidad de Oxford. La transmisión del orden en el hogar y su impacto en el desarrollo personal es un tema de interés creciente para familias y educadores en todo el mundo.

Ruiz señala que los niños aprenden a ordenar no solo mediante instrucciones, sino principalmente por lo que observan en su entorno y por su implicación directa en las tareas domésticas. De acuerdo con el diario español ABC, el experto sostiene que la imitación de conductas adultas y la repetición sistemática de rutinas específicas son fundamentales para consolidar este hábito durante la infancia.

Estudios internacionales, como uno publicado en la revista científica Journal of Child and Family Studies, coinciden en que la cooperación entre adultos y niños es más efectiva que la asignación unilateral de tareas. Según esta investigación, la participación conjunta en actividades de orden y la autonomía gradual favorecen una actitud positiva hacia el orden y fortalecen la colaboración familiar.

Cómo se adquiere el hábito de ordenar en la niñez

Los especialistas destacan que el hábito de ordenar en los niños se adquiere principalmente cuando existe una participación activa y un entorno donde los adultos modelan conductas organizadas, según el análisis de la Universidad de Oxford y publicaciones internacionales como ABC y Journal of Child and Family Studies. La evidencia muestra que la repetición de rutinas y la colaboración directa entre adultos y menores favorecen la adquisición de este hábito.

Una niña con camiseta rosa con un arcoíris está arrodillada, colocando un oso de peluche en un cesto de juguetes en su habitación ordenada.
Expertos recomiendan establecer rutinas claras, asignar lugares fijos a los objetos y utilizar refuerzos positivos para consolidar el hábito en la infancia - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las investigaciones de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, señalan que los niños involucrados desde pequeños en actividades de orden y limpieza desarrollan mayor autoestima, sentido de responsabilidad y competencias para la vida independiente en la adultez. Según el portal especializado The Children’s Trust, el 83% de los padres consultados vincula los espacios ordenados con un mejor rendimiento escolar y menores niveles de estrés en sus hijos.

Ruiz informa en ABC que el hábito del orden requiere constancia y adaptación a la edad y capacidades de cada niño: “No se trata de exigir perfección, sino de acompañarlos en el proceso y establecer un marco claro de referencia”.

Estrategias recomendadas por especialistas para fomentar el hábito

Expertos internacionales, según dicho medio, proponen descomponer el aprendizaje del orden en pasos sencillos, asignar un lugar fijo para cada objeto y establecer rutinas predecibles. La consistencia en las expectativas y el refuerzo positivo, mediante elogios o pequeños incentivos, contribuyen a consolidar el hábito y evitan que el niño perciba el orden como una obligación punitiva.

Una persona sonriente con una camiseta azul marino organiza un calcetín de rayas de colores en un cajón de madera lleno de ropa doblada y organizada.
El hábito de ordenar en la infancia se aprende por el ejemplo familiar y la participación activa de los niños, según la Universidad de Oxford (Imagen Ilustrativa Infobae)

La literatura especializada señala que convertir el acto de ordenar en una actividad lúdica y social impulsa la implicación voluntaria. Asimismo, incorporar juegos relacionados con el orden y proponer retos adaptados a la edad del niño facilita la adquisición de esta competencia.

El papel del entorno familiar y social en la adquisición del orden

El contexto familiar y social tiene un peso decisivo en la facilidad con la que los niños adoptan hábitos de orden. El análisis de la Universidad de Oxford y medios internacionales muestra que los hogares donde el orden se practica y valora sistemáticamente logran transmitirlo con mayor eficacia a las nuevas generaciones.

En tanto, investigaciones divulgadas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos relacionan la adquisición de hábitos saludables durante la niñez con mejores niveles de integración social y menor riesgo de exclusión.

La evidencia recopilada por ABC y por publicaciones internacionales confirma que el hábito de ordenar se aprende a través de la observación, la participación activa y la consistencia en las rutinas, con el acompañamiento adulto y el contexto social como refuerzo fundamental.