
“Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia y aquí!”, fueron las palabras textuales a Infobae de Dany Rolland, su exmujer, socia, colega, madre de sus hijas y compañera de vida. Ella está en la Argentina, ya que se quedó unos días más, luego de la gira que habían comenzado juntos hace un par de semanas, visitando su bodega en Mendoza, Buenos Aires y Bariloche. Michel se volvió el sábado a Francia, y ella se quedó en el país, para realizar distintos eventos.
“Es un golpe tremendo para todos, estuvimos juntos toda la semana, de acá para allá, Mendoza, Bariloche, Buenos Aires, y encima el viernes a la noche me hizo un comentario sobre cómo había que cuidarse y que de esta vida había que irse rápido y sin sufrir”, dijo compungido Gustavo Paolucci, la persona que trabajó con él en el país desde hace casi veinticinco años.
Michel llegó a la Argentina en los años ochenta, convocado por Arnaldo Etchart. Y, desde entonces, no dejó de venir. Primero asociado a Yacochuya, emprendimiento conjunto con la familia Etchart en las alturas de Cafayate. Y, mientras asesoraba a diferentes bodegas, a fines de los noventa, cumplió uno de sus sueños y creo “El Clos de los Siete”, un emprendimiento de más de 800 hectáreas con viñedos y bodegas con el objetivo de hacer un vino conjunto de U$D20, del cual se pudiera producir un millón de botellas. Hoy, el Clos de los Siete, lleva 25 cosechas, ha alcanzado el millón de botellas, y está a la venta en 70 países.

Michel Rolland fue un trabajador incansable, el pionero de los “flyingwinemakers”, los enólogos que viajaban a distintas regiones del mundo para asesorar en diferentes emprendimientos vitivinícolas.
Llegó a visitar doce países en el mismo año, viajando varias veces a algunos de ellos, pero sus dos lugares preferidos en el mundo fueron Francia y la Argentina. No por casualidad, cuando empezó a bajar un cambio, no por falta de ganas ni pasión sino por elección, decidió que sus viajes por trabajo fuera de Francia, solo serían a la Argentina, donde además de bodegas propias y otros asesoramientos, tiene muchos amigos.
Incluso, posee en Puerto Madero, el único restaurante del mundo con nombre y apellido de un enólogo: Michel Rolland Grill & Wine.
Michel estuvo hasta el viernes por la noche en la Argentina, celebrando alrededor de la mesa, como a él le gustaba, derrochando su simpatía única y sentido del humor. Su castellano afrancesado le quedaba muy bien. Un seductor nato y amante de los placeres gourmet, fue maestro de muchos maestros, e inspiró a generaciones de enólogos, tanto en la Argentina como en el mundo. Y varias veces entrevistado por Infobae durante los últimos años.

Sin dudas, hoy, el mundo entero del vino, está de luto, porque ha perdido una de las personas que más hizo por el vino en general, y por el vino argentino en particular.
Cabe destacar que fue Michel, un “extranjero” quien más creyó y apostó por el Malbec, incluso más que muchos bodegueros y hacedores en la Argentina. Hoy, si el Malbec es reconocido acá y en el mundo, en gran parte se le debe a Michel Rolland, quien vio en esa variedad, originaria de Burdeos como él, la clave que la Argentina se destaque, en un mundo tan competitivo.
Michel no acusaba la edad que tenía, se lo veía siempre de buen humor y bien predispuesto, a hablar de sus vinos, a sacarse alguna foto a contar anécdotas. Cada vez que venía a la Argentina, no paraba un minuto. Pero se notaba que era feliz, y así lo fue hasta el último momento. Al parecer, estaba en su casa, se sintió un poco mal, se acostó, y se fue, cuentan los allegados.
Sin dudas, Michel vivió la vida que eligió y la disfrutó como pocos lo pueden hacer, porque gracias a su capacidad innata de degustar y hacer blends, pudo crear un imperio a su alrededor.
Nunca dejó de trabajar, porque amaba su trabajo, se divertía. Los viajes, las comidas, los vinos, las personas, los paisajes, las culturas, todo eso le interesaba. Claro que no estaba solo. Dany, su gran compañera y también enóloga, estuvo con él siempre, trabajando codo a codo. Y también sus hijas se sumaron a la empresa familiar, que operaba en todo el mundo. En Bodega Rolland, los mejores vinos llevan el nombre de cada uno de los nietos, pero todos tienen el sello inconfundible de Michel. Alguien que confió como pocos en el Malbec y que logró hacerlo al mejor nivel y con gran capacidad de guarda.

El mundo lo va a extrañar, pero más la Argentina, porque se ha ido uno de sus más grandes embajadores, aunque siempre estará presente en cada brindis y en cada copa. Porque el vino argentino es lo que es, en parte, gracias a Michel.
El legado único de Rolland
Fueron más de 50 años al servicio del vino, en Francia, Argentina y otros diez países. Fue, además, quizás la persona más consultada del mudo, sobre todo para “abrir el juego” en zonas alternativas. Como lo hizo en los últimos años, trabajando en Armenia en la bodega de Eduardo Eurnekian.
Cuando Michel llegó en 1988 a la Argentina, el vino nacional no tenía un futuro cierto. Pasaron casi cuarenta años, y todo cambió. Hoy, si al vino nacional no le va mejor no es por culpa del vino sino de la coyuntura.

A su llegada, Michel quedó sorprendido por la gente y el paisaje imponente de Cafayate. Y si bien los vinos que degustó no lo sorprendieron, tuvo una visión.
Cuenta la historia que le armaron una degustación con los mejores treinta vinos (aproximadamente) argentinos de la época. Y al finalizar, recordaba “no eran de mi gusto, y por eso les dije que, si la intención era exportarlos, debían cambiar muchas cosas, tanto en el viñedo como en la bodega”. Sin embargo, había algo allí que le llamó mucho la atención y lo llevó a “afincarse” y a dar comienzo a lo que se convertiría en Yacochuya, uno de los vinos íconos de la Argentina.
Claro que luego fue a Mendoza y fundó el Clos de los Siete, quizás el emprendimiento vitivinícola más importante del mundo. Porque son 850 hectáreas de viñedos en el Valle de Uco, donde cada bodega hace sus propios vinos; asesorados por él, y en donde tiene su bodega argentina y, además, entre todas hacen el vino Clos de los Siete.
Michel se fue, seguramente con cien vendimias a cuestas, porque realizaba dos al año (Viejo y Nuevo Mundo), y eso le dio una visión única. Y fue eso, lo que hizo la diferencia acá. Primero con el Yacochuya (Salta) y luego con el Val de Flores (Mendoza), dos de los Malbec referentes, y más tarde llegaron todos los demás vinos de Bodega Rolland.
Criticado por muchos por hacer “todos los vinos parecidos”, Michel siguió fiel a sus principios. Para él el vino nace en el viñedo, y el punto de madurez deber ser tal que le permita al vino tener la fuerza necesaria para tener una crianza que lo ayude a trascender los años. Y así son sus vinos, con fuerza, con fruta, con potencia, pero también con frescura y que, los de alta gama, puedes evolucionar por décadas.

Michel fue un francés único, personalidad destacada por la Embajada de Francia en nuestro país, y que confió en la Argentina más allá de la economía y el presidente de turno.
También confió en el Malbec, en sus paisajes, en su gente, y eso lo llevó en los noventa a ser dos de los grandes artífices del despertar del vino argentino y de su reconocimiento en el mundo. Profeta en su tierra natal (Francia), pero más en la Argentina, a lo largo de todos estos años de elaborar vinos en el país, generó muchas cosas, inspirando a muchos y polemizando con otros que criticaron su estilo. No obstante, su reconocimiento internacional, su forma de trabajo, con la limpieza, el cuidado preciso de la viña y la crianza certera en barricas como base para llevar el terroir a las copas, le dieron la razón.
Sin duda, uno de los grande responsables de que el Malbec haya llegado donde llegó y que sea reconocido a nivel internacional. No solo por los periodistas sino por profesionales del vino alrededor del mundo (sommeliers, restauranteurs, vinotequeros, etc.), que saben muy bien quien fue Michel y reconocen su trayectoria.
Para el vino argentino, hoy comienza una nueva etapa que parecía lejana: la era post Rolland. Y ahí, su legado va a tomar la verdadera dimensión.
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