
La presencia cada vez más extendida de jóvenes, relojes analógicos, relojes digitales en las aulas y la vida cotidiana refleja una transformación generacional en competencias básicas como la lectura de la hora. Pese a que se identificó esta problemática hace años y los cambios comenzaron a masificarse en distintas latitudes del planeta, la controversia se mantiene.
Es que en países como Reino Unido y Filipinas, escuelas sustituyeron los relojes tradicionales por sus equivalentes digitales debido a la dificultad de muchos estudiantes para interpretar la hora en dispositivos analógicos, una tendencia confirmada por investigaciones recientes y testimonios de docentes, que preocupa por sus consecuencias en el desempeño escolar y desencadena un debate sobre la necesidad de adaptar o preservar esta destreza en los planes de estudio.
Medios como Daily Mail, en 2025, y The Guardian, en 2018, informaron que la sustitución pretende reducir el estrés durante exámenes al responder a solicitudes de estudiantes que reconocen no poder leer la hora en formato analógico, aunque la competencia formal sigue en el currículo nacional británico y filipino durante los primeros años escolares.
Estudios sobre la pérdida de habilidades en lectura de reloj analógico

Diversas investigaciones académicas profundizaron en esta pérdida de habilidad. Un estudio de la revista académica EPRA International Journal of Multidisciplinary Research (IJMR), realizado en una secundaria de Filipinas, señala que, si bien los alumnos reconocen el valor del reloj analógico, su desempeño no corresponde con esa percepción, principalmente en el uso del vocabulario horario estándar.
Las pruebas demostraron que la lectura en segundos y minutos tiene un nivel de autonomía notable, con un promedio de 99% en segundos y 100% en minutos, pero la interpretación de la hora y conceptos como “cuarto para” o “media” cae fuertemente, generando niveles de frustración. El promedio global de competencia fue 68,5%, lo que indica que la mayoría requiere guía o intervención.
En Estados Unidos, investigaciones realizadas entre estudiantes universitarios de la Morehead State University, universidad pública de Kentucky, corroboran esta tendencia. El estudio College Students’ Understanding of Analog Time-Keeping and Rotational Directionality indica que 27,3% de los participantes no logró resultados satisfactorios al leer un reloj analógico, registrando errores frecuentes al confundir las manecillas y contar los minutos en múltiplos de cinco.

Además, bajo presión de tiempo, las dificultades aumentan y la confianza previa no garantiza buenos resultados. Se observaron diferencias estadísticamente significativas según grupo étnico y social, atribuidas a la exposición y el contexto familiar.
La mayoría de los encuestados reconoció la importancia de la lectura de relojes analógicos y muchos calificaron esta habilidad como “muy importante”, pero los resultados obtenidos no respaldan esa valoración. Esta brecha entre percepción y desempeño se evidencia en el bajo dominio del lenguaje temporal y la preferencia por cumplir tareas utilizando únicamente relojes digitales.
¿Tecnología versus tradición? Causas y controversia social
Las causas del fenómeno son objeto de debate tanto en la prensa como entre especialistas en educación. Geoff Barton, secretario general de la Association of School and College Leaders, asociación británica de directivos educativos, explicó al Daily Mail que muchos jóvenes ya no ven relojes ni relojes de pulsera analógicos con frecuencia, reflejando los cambios de época.

Malcolm Trobe, directivo del sindicato de directores, remarca la omnipresencia de pantallas digitales en la vida de los adolescentes, quienes consultan la hora sobre todo en teléfonos móviles y ordenadores. La menor exposición cotidiana a relojes analógicos repercute en el desarrollo de las competencias asociadas.
Algunos sectores tradicionales sostienen que la enseñanza escolar de la hora debería ser suficiente para afianzar la competencia. El debate social incorpora publicaciones virales y comentarios recogidos por el Daily Mail, que revelan tanto indignación —“¿Para qué están las escuelas entonces?”, preguntan usuarios— como desencuentros entre generaciones.
El matemático y docente Kester Brewin señala en The Guardian que este desajuste no refleja una merma de inteligencia, sino la adopción de herramientas diferentes: las habilidades antes indispensables caen en desuso no por incapacidad, sino por evolución en los instrumentos disponibles. Parte de la discusión recuerda reacciones ante la desaparición de herramientas como la regla de cálculo.

Las investigaciones añaden matices: factores como el tiempo de práctica, el entorno familiar y la exposición a relojes tradicionales influyen en los resultados. No todos los jóvenes pierden la habilidad ni la indiferencia es uniforme, pero la tendencia preocupa a investigadores y educadores por las dificultades en la administración del tiempo en exámenes y la comprensión del lenguaje horario.
Soluciones educativas y escenarios de futuro
Diversas propuestas educativas afrontan el desafío de preservar la competencia para leer la hora en relojes analógicos y fomentar la familiarización temprana. EPRA IJMR recomienda campañas de información y materiales didácticos accesibles, tanto en redes sociales como en formato impreso, para destacar la utilidad de los relojes tradicionales y exponer las limitaciones de depender solo de lo digital. Plantea reforzar la presencia de relojes analógicos en hogares y escuelas, junto a un entrenamiento sistemático mediante actividades y el uso del vocabulario propio de la hora.
Investigadores proponen además que la inclusión curricular de esta habilidad se extienda más allá de los primeros años escolares y abarque niveles avanzados para evitar lagunas en el aprendizaje. Recomiendan estrategias diferenciadas según contexto y acceso tecnológico, así como la capacitación de los docentes para abordar los problemas detectados en el vocabulario horario y en la distinción de la dirección de las manecillas.

Mientras el valor de la habilidad se mantiene en debate, su posible pérdida plantea retos prácticos relacionados con la independencia para gestionar el tiempo y la responsabilidad en tareas cotidianas y profesionales. La comunidad educativa aún discute la conveniencia de invertir en su preservación frente al avance de la digitalización, aunque existe consenso sobre su valor como competencia básica.
La dependencia casi total de los jóvenes en dispositivos digitales para ver la hora puede representar una limitación concreta cuando no hay batería o acceso a tecnología, lo que introduce incertidumbres sobre la autonomía temporal en situaciones cotidianas y en el ámbito académico.
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