
El 15 de febrero marca el Día Nacional de los Glaciares en Argentina, una fecha que pone en el centro de la agenda la relevancia de estas reservas naturales. Los glaciares, además de ser un símbolo del patrimonio andino, cumplen funciones decisivas para el abastecimiento de agua, la biodiversidad y la estabilidad ambiental del país.
En el actual contexto climático, la evidencia científica muestra un deterioro acelerado de los glaciares argentinos. El retroceso del glaciar Perito Moreno y los cambios en los sistemas hídricos de montaña impulsan el debate sobre la necesidad de fortalecer la protección y el monitoreo de estos ecosistemas estratégicos.
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Importancia de los glaciares en Argentina: agua, biodiversidad y sociedad
Los glaciares constituyen una de las principales reservas de agua dulce de Argentina, necesarias para el consumo humano, la agricultura y la generación de energía. De acuerdo con la Subsecretaría de Ambiente de la Nación, estos cuerpos de hielo alimentan 39 cuencas hidrográficas, se distribuyen a lo largo de 3.500 kilómetros de la cordillera de los Andes y están presentes en 12 provincias.
Según el Inventario Nacional de Glaciares realizado por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), existen 16.968 cuerpos glaciares en el país, con una superficie total estimada de 8.484 km².
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Más del 36% de la superficie continental argentina se encuentra cubierta por cuencas alimentadas por el deshielo glaciar, lo que subraya la dependencia de las comunidades y la producción respecto a estos reservorios, según datos de la Fundación Vida Silvestre Argentina.
Estos sistemas regulan el caudal de ríos y humedales durante todo el año y resultan fundamentales en períodos de sequía. Además, la protección de los glaciares fortalece la resiliencia de los sistemas naturales y productivos.
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Desde el punto de vista ecológico, los glaciares y el ambiente periglaciar sostienen una biodiversidad altamente especializada. Ambientes como humedales altoandinos, vegas, turberas y bosques andino-patagónicos dependen directamente del aporte hídrico del deshielo.
Más de la mitad de las especies de vertebrados de Argentina habitan regiones cuya dinámica ecológica está ligada al agua proveniente de glaciares, y una proporción aún mayor de las especies amenazadas depende de estos sistemas, según un informe realizado por Fundación Vida Silvestre Argentina, Aves Argentinas, Fundación Humedales/ Wetlands International y WCS Argentina.
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Estado actual: retroceso acelerado y amenazas climáticas

El glaciar Perito Moreno constituye un caso emblemático del retroceso que afecta a los cuerpos de hielo en la Patagonia. Un estudio realizado por científicos argentinos y alemanes observó que el frente norte de este glaciar retrocedió 800 metros entre 2020 y 2024, tras décadas de estabilidad.
El doctor Lucas Ruiz, investigador del CONICET, explicó a Infobae que este fenómeno se debe a un aumento de la temperatura y a una disminución de las precipitaciones, especialmente en los meses de invierno y verano.
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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que el año 2024 presentó un récord de temperatura media global, con 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Ruiz señaló que este calentamiento incrementa el derretimiento superficial y reduce la generación de hielo en las zonas altas del glaciar, lo que provoca un adelgazamiento sostenido de la lengua glaciar y una menor capacidad de anclaje al terreno. El comportamiento del Perito Moreno refleja una tendencia general en los glaciares del campo de hielo Patagónico Sur, en línea con las proyecciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).
El retroceso de los glaciares impacta sobre la hidrología regional y pone en riesgo los ecosistemas circundantes. Ruiz advirtió que, aunque no se esperan impactos inmediatos catastróficos, el retroceso genera variaciones temporales en el caudal de los ríos como el Santa Cruz, lo que anticipa una futura disminución del agua disponible.
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Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) remarcó que los glaciares son indicadores sensibles del cambio climático global. Desde mediados del siglo XIX, estos cuerpos de hielo experimentan una reducción acelerada, atribuida directamente al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Entre 2000 y 2023, se estima que los glaciares en todo el mundo perdieron un promedio de 273 mil millones de toneladas por año, equivalente a 0,75 milímetros por año de aumento del nivel del mar.
Protección legal, monitoreo y desafíos para el futuro
La Ley Nacional 26.639 reconoce a todos los glaciares y ambientes periglaciares como reservas estratégicas de agua y elementos fundamentales para la regulación hídrica y la estabilidad de los ecosistemas. Prohíbe cualquier actividad que altere su dinámica natural, integridad física o función ecosistémica, incluyendo minería, explotación de hidrocarburos y obras de infraestructura.
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El Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) resguarda más de 2.000 glaciares distribuidos en ocho parques nacionales, con el Parque Nacional Los Glaciares concentrando el 40% de los glaciares catalogados.
El monitoreo sistemático se considera fundamental para informar políticas de adaptación y mitigación frente al cambio climático. La comunidad científica coincide en que la única solución efectiva para frenar el retroceso glaciar es la reducción global de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ruiz remarcó que la falta de inversión y políticas nacionales limita la capacidad de adaptación y pone en riesgo el manejo de las reservas de agua dulce.
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La protección integral de los glaciares y el ambiente periglaciar, junto con el fortalecimiento de las áreas protegidas y el monitoreo constante, representa la principal vía para asegurar la resiliencia de los sistemas naturales y productivos frente a los desafíos climáticos.
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