El artesano de los autitos de colección que revive las leyendas del automovilismo

Gustavo Ambrosio tiene 69 años y desde su taller en el barrio porteño de Almagro, fabrica a mano modelos históricos. Cuántos modelos lleva hechos y cómo son los encargos personalizados que recibe. “Muchos que vienen a pedir que le haga el Falcon de su papá”, cuenta

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Gustavo Ambrosio confecciona autitos de
Gustavo Ambrosio confecciona autitos de colección de manera artesanal en su taller de Almagro

Su mamá, Nelly, siempre lo decía: antes de decir “mamá” o “papá”, Gustavo dijo “tutú”. “Desde que tengo uso de razón, es verdad”. Gustavo Ambrosio asiente mientras va para atrás en el tiempo. Hay delicia en sus palabras: la nostalgia es para él un mundo desde donde construye todo un universo sobre rueditas. Está parado en su pequeño taller del barrio de Almagro, donde crea autitos de colección con una impronta que está cargada de pasión.

“Los hacía de chiquito porque en casa no había plata para comprarlos”, suelta a Infobae este hombre quien desde el 2 de febrero de 2002 fue cuando comenzó formalmente a crear estas maravillosas miniaturas de forma manual, o como apuntará en varios tramos de la conversación, “nada de hecho con 3D”.

Desde ahí, nunca más paró de hacer estos coches que nacen de una mezcla de precisión artesanal y memoria sentimental. “Es lo que le da un alma al autito que ninguna máquina puede lograr”, asegura Gustavo quien se nutre de cada pedido con información que le acercan o él investiga.

La historia de Ambrosio con los autos empezó en la infancia, marcada por una creatividad insaciable. Según cuenta, veían con sus amigos que había un palo de escoba y decían, “esto no tiene desperdicio”.

Desde 2002, Gustavo fabrica miniaturas
Desde 2002, Gustavo fabrica miniaturas sin recurrir a tecnología 3D, apostando siempre por el trabajo manual y la precisión artesanal.Desde 2002, Gustavo fabrica miniaturas sin recurrir a tecnología 3D, apostando siempre por el trabajo manual y la precisión artesanal

Asi, cuenta, una vez le pidieron entonces a Alfonso, el carnicero del barrio, que le cortara un tramo largo y cuatro tramos chiquitos. Con eso esa madera de escoba hizo sus primeros Fórmula 1.

La largada

Pero, ¿cuándo comenzó su pasión por los autos? Su papá, Juan, lo llevaba a las largadas de los grandes premios. “Me ponía en los hombros. Yo estaba como loco viendo todos esos autos, los colores, el ruido”, suelta entre rueditas y volantitos que se despliegan en la mesa de trabajo.

A los 18 años intentó ser piloto de autos en las categorías zonales de Automovilismo argentino. Se subió a un Fiat 600. “Hice dos pruebas, cuando fui a debutar. No tenía dinero, era difícil”, rememora. Probó también con un Fiat 128. La suerte no lo acompañó.

Con más de 1200 modelos
Con más de 1200 modelos realizados, Ambrosio se especializa en autos fabricados hasta 1980, desestimando las réplicas de vehículos modernos

Gustavo trabaja desde los 14 años. Hizo de todo: desde operario de fábrica de radios hasta masajista. Los autos de colección llegaron en los 2000. “Uno de los chicos en el Club de Modelistas Argentino me dio todo lo que me faltaba para largar”, cuenta. Gustavo se refiere a las medidas y escalas, una información clave para que cada pieza tenga vida.

“Hoy estaba terminando un auto, tenía un soporte el escape especial, medio que lo aplasté con un escarbadiente, y dejé dobladito. Quedó bárbaro”, dice este hombre de 69 años que hoy es solo uno de las tres personas que hacen este arte en Sudamérica de forma manual.

Autitos para chicos y no tan chicos

Los clientes de Gustavo son nenes. Habrá que indagar más en la charla cuando se trata de esta referencia porque, precisamente, no se trata de niños. “La mayoría son 70 años. Todos los que aprecian lo que hago son gente grande pero son como chicos”, dice este artesano quien aclara, solo hace autos que son hasta del año 80. “Me aburre hacer autos modernos”, aclara.

La mayoría de los clientes
La mayoría de los clientes que buscan las piezas de Gustavo superan los 70 años y encuentran en cada modelo un regreso a la infancia

El universo de clientes cambia prácticamente semana tras semana. “Cada coleccionista es un mundo”, dice sobre ellos, sin duda, han ocupado un rol fundamental en su trayectoria.

Ambrosio relata el entusiasmo de sus clientes: “Tiene todo de Fangio, absolutamente todo. Luego, hay alguien que reúne todos los autos de Reutemann”. Las solicitudes suelen ser tan precisas como entusiastas, ya que en ocasiones le piden reproducir todos los autos que participaron en una competencia específica.

Hay un médico cirujano, que es además pediatra y urólogo. Gustavo lo menciona con cariño. Un día se le acercó y le dijo: “No quiero coleccionar más Ferraris”. Gustavo, cuenta con paciencia, lo guió y le dijo que tenía que buscar un tema, algún protagonista que le apasione. Ahí apareció el nombre de Froilán González.

Cada auto que entrega está
Cada auto que entrega está personalizado hasta el mínimo detalle, a partir de fotos, patentes y recuerdos de los dueños originales

José Froilán González, apodado “El Toro de la Pampa”, fue un piloto argentino de automovilismo reconocido por otorgarle a Ferrari su primera victoria en la Fórmula 1 durante el Gran Premio de Silverstone. Resulta que el médico era fanático. Fue así como comenzó a hacerles los autos de Froilán González, verdaderas piezas emotivas para este coleccionista.

Cuando se le pregunta cuántos autos ha hecho en su vida, dice que es imposible recordar. Sí, detalla, ha hecho 1210 modelos de autos y, en la actualidad, confecciona entre 10 y 12 ejemplares por mes, trabajando de 6 a 8 de la noche. “Cada tanto aparece un nuevo cliente. Hay muchos que vienen para pedirme que le haga el Falcón de su papá. Quieren tener un recuerdo”, cuenta.

Entonces Gustavo hace la parte invisible de su trabajo, pero quizás la más importante: les pregunta si tienen la foto, la patente, cómo eran los asientos. Así lo personaliza y los “chicos” se van muy contentos. “Tienen el auto de su padre exactamente igual a como lo había dejado”, dice emocionado.

Entre sus clientes se encuentran
Entre sus clientes se encuentran coleccionistas que buscan modelos de Fangio, Reutemann o Froilán González, y hasta pedidos para reproducir el auto familiar

¿Qué motiva a este hombre a seguir con este hobby y trabajo que tanto ama? “Es la pasión. Soy un apasionado de lo que hago, muy agradecido de poder hacerlo. Te conectás con mucha gente que está dentro de un círculo que también son apasionados. Así que uno sigue adelante”, dice.

-¿Cómo elegís los modelos que vas a construir o replicar?

-Normalmente no se eligen. Ahora quiero terminar la historia del Sport Prototipo argentino, que fue una categoría que existió solo cinco años en el país, pero en realidad hubo unos trescientos y pico de modelos. Fueron solamente cincuenta y cinco carreras. Ahora estamos diseñando los autos que corrieron solo una carrera o que se presentaron y no corrieron, porque ya hicimos los grandes, las versiones de los autos más conocidos.

-¿Hay algún auto en particular que consideres tu favorito o más especial dentro de tu colección?

-Son varios. Puede ser el Berta de Sport Prototipo. Hay alguna coupé de turismo de carretera, la de Juan Gálvez, que fue la primera que recuerdo, a los tres años. Alguno de esos.

-¿Qué técnicas y materiales usás para armar o restaurar tus autitos, y cómo ha evolucionado tu método con el paso del tiempo y la llegada de nuevas tecnologías?

-Mirá, las técnicas y materiales, en mi caso, que no uso la máquina de 3D, sigo con métodos primitivos: a mano, con regla, fotos, videos. Todo lo que se pueda y el material que se consiga. Actualmente se utiliza mucho plástico y masilla, pero no quiero meterme en la 3D. Todos los que ven mis autos coinciden en que los coches tienen alma y eso me pone muy contento.

-¿De qué manera te acompaña tu esposa Silvia en este camino del coleccionismo y la creación de autitos?

-Yo le digo que es la gran conseguidora de muchas de las cosas que necesito. Siempre le encuentra una solución a todo. Además de su vida, tiene que cargar con todas las cosas raras que le pido. De repente me llama y me dice: “Mirá, hay tal cosa, tal otra, ¿te lo llevo?, ¿te sirve?”. Ha estado conmigo más de cuarenta años, así que imaginate.

Gustavo trabaja de 18 a
Gustavo trabaja de 18 a 20 horas en su taller y produce entre 10 y 12 autitos por mes, manteniendo viva una tradición en extinción en Sudamérica

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que haces?

-En cuanto al desarrollo de cada auto, lo mejor es ver el modelo maestro terminado. Esa es la parte más linda. Después sigue el molde, la lijada, la pintura, las calcomanías, el armado, todo eso. Es un proceso al que estoy acostumbrado, es lindo, pero largo. Demora mucho porque es muy artesanal. La investigación me gusta también. Porque hablás con cada uno, todos son apasionados, te sorprendés. Y conocés gente. Me ha pasado que personas muy reconocidas, como Fangio o Froilán González, se sentaron conmigo a charlar.

Pero Gustavo también tiene otros chicos que son sus clientes, los 4 nietos de una de sus hijas. “Les hago autos, pero las nenas me hacen a mí también. Rocío, de 12 años, me hizo en cartón el autito de (Franco) Colapinto”.