
En la medianoche, mientras millones de personas levantan sus copas y lanzan fuegos artificiales para recibir el año, otras eligen el silencio y la introspección. Querer pasar Año Nuevo en soledad es una decisión que puede resultar tan significativa como la más concurrida de las fiestas, afirman especialistas consultados por Infobae.
Lejos de clichés y convenciones, el acto de aislarse durante estas fechas revela matices emocionales poco explorados sobre el sentido de las celebraciones y la relación con el paso del tiempo.
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El peso simbólico de las fiestas: alegría y tristeza entrelazadas
Para la mayoría, las fiestas representan más que un simple cambio de calendario.
Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sostuvo que estos días marcan un cierre y un inicio: “Para la mayor parte de las personas, las fiestas son significativas. Esto quiere decir que son a la vez estimulantes y a la vez tristes. Algo termina de la propia vida y algo comienza y continúa. Alegría y tristeza van juntas”.
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Esta ambivalencia emocional se acentúa en quienes se encuentran solos, no siempre por elección propia. Personas mayores cuyos hijos viven lejos o quienes han perdido amistades se ven forzadas a experimentar la soledad por circunstancias vitales. “No todos están solos por decisión propia, sino porque las circunstancias vitales así lo determinaron”, explicó Goldstein a Infobae. La vivencia de la soledad, entonces, adquiere múltiples formas y significados en el contexto de las fiestas.
Soledades elegidas y soledades impuestas: cómo identificar la diferencia
El fenómeno de pasar Año Nuevo en soledad no responde a un único patrón psicológico. La psicoanalista Alicia Killner diferencia entre la soledad buscada y la soledad sufrida. “Hay personas a las que les cuesta emocionalmente disfrutar, abrirse a los otros, o bailar y reírse, entonces prefieren aislarse”, afirmó a Infobae.
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También existen quienes, por motivos personales, rechazan la presión social de la “felicidad obligada” que rodea las fiestas: “Las fiestas son un periodo del año de mucha excitación, empuje al consumo: compras, comida, alcohol y un redoblamiento de lo que me gusta llamar felicidad obligada que termina siendo una presión a veces insoportable”.

En palabras de Killner, lo importante es reconocer que no existe una única forma válida de transitar estas fechas. “¿Quién dictaminó que la fecha merece compañía indeseable? ¿Por qué no pensar que cada quien puede resolver la angustia de las fiestas a su manera?”, planteó la especialista, quien citó un poema de Jorge Luis Borges sobre el fin de año como “una metáfora baldía”, donde el tiempo parece inmóvil a pesar de los rituales.
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Impacto emocional: entre el aislamiento y la elección personal
El doctor Juan Eduardo Tesone, profesor emérito de la Universidad del Salvador, aportó una perspectiva clave: “No toda fecha preestablecida puede o debe ser festiva. Una misma fecha puede significar cosas muy variadas para cada persona”. El especialista resaltó que, para algunos, el aislamiento puede ser un espacio de recogimiento elegido, distinto de la soledad melancólica y no deseada.

Tesone enfatizó la importancia de distinguir entre quien elige la soledad como un modo de paz y quien la padece como forma de autocastigo. “Los efectos emocionales de pasar dicha fecha pueden ser tan variables como las diferentes personalidades y circunstancias de cada uno. Para algunos será evitar el mundanal ruido, a veces vaciado de sustancia y en otras personalidades vivencia de aislamiento y carencias afectivas”, señaló.
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¿Es saludable pasar Año Nuevo solo? La clave está en la motivación
La psicología coincide en que el impacto de pasar Año Nuevo en soledad depende de la motivación y el contexto. Goldstein aclaró que existen soledades creativas y otras asociadas a estados depresivos o fóbicos. “Lo recomendable para cualquier edad es compartir con seres cercanos afectivamente”, indicó, aunque reconoció, que la imposición social de estar acompañado puede aumentar la angustia en quienes no lo desean o no pueden hacerlo.

Las voces consultadas coincidieron en que no existe un mandato universal sobre cómo vivir el Año Nuevo. La clave está en la autenticidad de la elección. “Depende de la personalidad, del momento y circunstancias que la persona esté viviendo. No es saludable ni no saludable, lo importante, me parece, es que sea una elección y no una imposición”, concluyó Tesone.
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Frente a la presión social por celebrar, la psicología propone legitimar todas las formas de atravesar el fin de año: en multitud o en soledad, con euforia o en silencio. El sentido real de la fecha, sugieren los expertos, reside menos en el ruido exterior y más en la búsqueda de un modo propio de habitar el tiempo.
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