¿Cómo pueden China y Estados Unidos evitar la Trampa de Tucídides?

Haría bien EEUU en no olvidar que el gigante asiático es una dictadura, donde Xi Jinping sigue acumulando poder personal, tanto que la Constitución pone a su pensamiento al mismo nivel de Mao

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Xi Jinping y Trump se reunieron la semana pasada en Beijing (REUTERS/Evan Vucci)
Xi Jinping y Trump se reunieron la semana pasada en Beijing (REUTERS/Evan Vucci)

La expresión la utilizó el propio Xi Jinping cuando expresó su esperanza que ambos países” logren trascender la Trampa de Tucídides para forjar un nuevo modelo de relaciones entre las grandes potencias”. En otras palabras, el desafío sería generar cooperación y no confrontación.

Esa particular trampa corresponde a una expresión popularizada por el politólogo Graham T. Allison al citar al historiador y militar de la Grecia clásica Tucídides, quien reflexiona sobre lo que ocurre cuando el ascenso de Atenas y el temor que esto le ocasionó a Esparta hizo inevitable la guerra. Allison estudia 16 casos en la historia donde una potencia emergente desafía a la potencia consolidada, y concluye que 12 de ellos acabaron en guerra. La pregunta es si China y EEUU podrán evitar esa suerte.

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La reunión reciente fue sin duda una Cumbre, una de verdad, ya que la palabra se ha desvalorizado al aplicarsela a cualquier reunión entre mandatarios, sean presidentes o primeros ministros. Esta lo fue por los temas tratados, aunque no se firmara nada, tratado o acuerdo. En cierto modo, en el imaginario colectivo recordó a aquellos encuentros entre los líderes de EEUU y la URSS en la guerra fría, aunque la variedad de temas superó a los de aquella época, toda vez que ahí no se discutían temas económicos ya que, a diferencia de China, el comunismo soviético era un actor más bien aislado del mercado mundial, además que en esos años todavía no reinaba la globalización.

¿Qué se obtuvo? ¿Se consiguió algo o lo importante fue la Cumbre misma?

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Al día siguiente, el Ministerio chino de Comercio informó que se acordó una reducción arancelaria sobre ciertos productos “que susciten preocupación”, sin indicar cuales. ¿Es eso suficiente para esta Cumbre? En todo caso, aunque no hubo declaración final, si trascendieron los temas tratados, y lo que resalta con mayor nitidez es el hecho que por la misma importancia atribuida por Washington a que Beijing participe en una solución a Ormuz, China no debiera estar ausente de ningún análisis geopolítico que se haga, lo cual es un paso más en su reconocimiento como el otro superpoder.

Lo que presenciamos en Beijing es el resultado que se ganó el sitial de ser el único país en estar negociando de igual a igual el tema de los aranceles, y lo obtuvo después de haber respondido a sanciones estadounidenses con las propias, las que negaron la venta a EEUU de las imprescindibles tierras raras, donde China disfruta de una especie de monopolio mundial, fruto también de una larga siesta geopolítica que EEUU tuvo a partir de Obama, o quizás, desde antes.

El año pasado acordaron en octubre una tregua que evidentemente sigue en curso, y aunque nada se firmó, todo indica que se ha estado negociando con seriedad en las múltiples reuniones que han tenido lugar, además que disminuyeron mucho las zancadillas y acusaciones recíprocas. En general, ayudó la falta de expectativas, tanto que la prensa estuvo acertada en anticipar los temas tratados y la falta de resultados noticiosos. Colaboró también el hecho que acompañaron a Trump en este viaje, algunos de los más importantes líderes empresariales de la alta tecnología y de Wall Street, siempre bienvenidos en el capitalismo de estado que es China. “Fabuloso” fue la palabra usada por Trump, hipérbole para los negocios hechos.

Este ambiente positivo se trasladó a la actitud de Xi y de Trump, donde el primero le dio una gran recepción al segundo, quien se vio contento por el esfuerzo hecho para mostrar respeto, exactamente lo que estuvo ausente por parte de China en los años de Biden a quien incluso le costó hablar por teléfono con Xi Jinping en más de una oportunidad, como también Beijing puso dificultades semejantes para que los secretarios de Estado y de Defensa se relacionaran con sus pares.

Trump es un hombre a quien le es difícil guardarse sus opiniones y estados de ánimo, y en Beijing se le vio complacido, con sonrisa permanente, hasta leyendo textos preparados, sin apartarse del guión establecido en las reuniones previas por los negociadores. El ambiente resultante, demuestra que al ser un gobernante para quien las relaciones personales son tan o quizás más importantes que las de estado, mejor se llega a Trump tratándolo con respeto que confrontándolo.

Chino dijo que acordó con Estados Unidos una reducción arancelaria sobre ciertos “productos relevantes” (Kenny Holston/Pool vía REUTERS)
Chino dijo que acordó con Estados Unidos una reducción arancelaria sobre ciertos “productos relevantes” (Kenny Holston/Pool vía REUTERS)

En el banquete, Xi Jinping le dijo que el “gran rejuvenecimiento” de China resultaba compatible con el espíritu del MAGA, el Make America Great Again” y en su respuesta Trump lo invitó a él y su esposa a visitarlo en la Casa Blanca el 24 de septiembre, aunque en esa oportunidad las expectativas debieran subir, y obtener algo más que cortesías mutuas, ya que, por lo menos se debieran esperar respuestas a tantos temas que ahora quedaron en el aire.

Por ejemplo, Taiwán. Trump dijo que no hubo “ningún compromiso”, sin embargo, quizás ese es exactamente el problema, ya que para China es tan importante el tema, que es quizás lo que Xi Jinping espera ya que, así como el tema de Irán predominaba en Trump, la insistencia china sobre Taiwán es una indicación clara que, en el camino hacia el próximo Congreso del Partido Comunista, una concesión o reconocimiento del derecho de Beijing sobre esa isla, es lo que seguramente Xi quiere presentar allí como triunfo.

Al respecto, no hay que olvidar que el mal aconsejado viaje de Nancy Pelosi a Taiwán el 2022 en días de preparación del anterior Congreso partidario, le permitió a Xi una victoria personal al ordenar el bloqueo de la isla, precipitando un deterioro en las relaciones entre ambas potencias que dura hasta hoy, donde Washington mostró impotencia para mejor proteger a su aliado, alterándose así la política ambigua que había predominado desde el viaje de Nixon en 1972 y el posterior reconocimiento diplomático. Y al respecto, no hay que olvidar que hoy China es una dictadura nacionalista, por lo que el tema de Taiwán sigue siendo el principal y único escenario donde se iría a la guerra en forma casi automática. Por ello, estoy convencido que Xi Jinping continuará ejerciendo presión, incluso es posible que relacione temas como la venta de armas con la firma de algún acuerdo sobre aranceles, sobre todo, si la visita del 24 de septiembre es una fecha donde las posibilidades de concesiones de Trump aumentan significativamente, ya que un acuerdo tendría inmediato impacto económico, además de ser quizás la última gran vitrina internacional antes de las difíciles elecciones de noviembre. De hecho, en la visita Trump se mostró indeciso sobre esa venta de armas.

En todo caso, mucho habló la parte estadounidense de Irán, aun cuando pareció un poco forzado, y Trump en el avión de regreso, les dijo a los periodistas que quedó satisfecho con lo que le escuchó a Xi, aunque para ser rigurosos nada dijo que no fuera política oficial y de siempre, por ejemplo, que China estaba en contra de toda proliferación nuclear por lo que Irán no debiera tener bomba atómica, como también que al ser una vía marítima internacional, tampoco puede convertir al Estrecho de Ormuz en una especie de lago privado cobrando peaje. En todo caso, en la lucha de narrativas sobresalió más la versión china de Taiwán que la estadounidense de Irán.

No hay duda de que la competencia existe entre China y EEUU por el sitial de la superpotencia principal, y lo sabemos porque China está repitiendo paso a paso lo que hiciera Washington para destronar al imperio británico el siglo pasado. Al existir esta situación, lo que se puede hacer es evitar el conflicto.

¿Cómo se puede lograr? Por una sola vía, negociando, regulándolo, haciéndolo previsible. Además, existe un ejemplo donde ello se logró, el cual es reciente. Se trata de la guerra fría, proceso histórico que tiene mala fama, pero que tuvo un éxito grande, ya que dos potencias a las que todo separaba lograron regular el conflicto de forma tal, que, aunque hubo muchos enfrentamientos donde apoyaron a países clientes, nunca se enfrentaron directamente debido al inédito poder atómico del que disponían.

Incluso, después de Cuba fueron capaces de lograr un acuerdo básico, conocido como détente que reguló el conflicto hasta el fin de la guerra fría. Eso fue posible gracias a un concepto cuya importancia debiera ser recuperada por China y EEUU, el de las líneas rojas, es decir, conocer aquello que era inaceptable para el otro, para así evitar la guerra. Entre los temas conversados el 14 y 15 de este mes de mayo, no conocemos con certeza cuales eran las líneas rojas de China en relación con Irán, pero sí sabemos que en el caso de Taiwan, su independencia sería la detonante de una inmediata acción militar. En ese sentido, se ignora si un bloqueo de la isla sería una línea roja para EEUU, sobre todo, que sus consecuencias serían similares o aún mayores que lo que ha estado ocurriendo con el Estrecho de Ormuz, dada la importancia de la isla en la producción de chips avanzados, de los cuales depende la industria de alta tecnología a través del mundo entero.

Es, en ese sentido, que ambos deben aprender de la guerra fría, donde no todo fue negativo. China y EEUU no pueden evitar la Trampa de Tucídides, pero sí pueden aprender a manejar aquello que les separa, partiendo por el deber autoimpuesto que cada potencia informe a la otra de sus líneas rojas.

Trump dijo que quedó satisfecho con lo que habló con Xi sobre Irán (REUTERS/Evan Vucci)
Trump dijo que quedó satisfecho con lo que habló con Xi sobre Irán (REUTERS/Evan Vucci)

El proceso de détente lo logró en la guerra fría en política y geopolítica. China y EEUU podrían apuntar a un equivalente en lo económico, que podría iniciarse con los aranceles, para después continuar con un acuerdo más general, que, por la magnitud de ambas economías, inevitablemente todo otro país va a tener que sumarse, lo quiera o no, con lo que en la práctica así aparecerían las nuevas reglas que en el siglo XXI reemplazarían aquellas provenientes del siglo pasado.

Sobre todo, líneas rojas, donde al menos tres son necesarias por ambas partes, aranceles como primer paso en reglas económicas, Taiwán, como tema urgente y, sobre todo, Inteligencia Artificial, donde mucho serviría la experiencia acumulada en la domesticación del peligro nuclear. EEUU y la URSS lograron tal éxito en el manejo del tema atómico que esa experiencia sirve para la IA, donde en forma parecida, hay un peligro que una falta de regulación produzca el fin de la evolución humana, tal como la conocemos.

Nadie más puede lograr lo que ambas potencias pueden hacer, ya que los avances que ambas tienen en IA están a una sideral distancia del resto del mundo, y es también en la conveniencia de ambas, toda vez que no hay otro avance tecnológico que tenga igual potencial para definir por sí solo quien va a predominar en este siglo, competencia que también se expresa hoy en que China se ha transformado en rival en la carrera espacial como también la doctrina militar china sitúa el dominio del espacio como eje de futura supremacía bélica.

Es innegable que China y EEUU socios no son, como alguna vez se pensó en Washington, tal como ocurrió bajo la administración Clinton. Hoy, la Estrategia 2025 de Seguridad Nacional representó un avance, ya que después de tanta retórica, EEUU redujo la competencia a un factor predominantemente económico.

Además, ver a China como una amenaza también transparenta una realidad, debido a que, durante mucho, demasiado tiempo Washington se negó a ver a China como su principal, quizás único rival. Al respecto, existió una larga siesta, como lo evidencia el hecho que EEUU depende hoy de China, en lo que a posesión de Tierras Raras se refiere.

Ambos han pasado por varias etapas hasta llegar a la actual tregua que fue pactada en la ciudad surcoreana de Busan el año pasado. En todo caso, no hay duda de que el notable éxito económico de China es en parte obra de EEUU cuando la visita de Nixon-Kissinger en 1972 le abrió el mundo, a cambio que después de la caótica revolución cultural, no se asociara a la URSS, todo un cambio para China, pero también para EEUU, toda vez que el presidente Truman destituyó en 1951 al general Douglas McArthur cuando propuso atacar a China con armas nucleares, ya que estaba combatiendo en Corea con “voluntarios”.

Después de ese histórico viaje, EEUU estuvo tan contento de los resultados que equivocadamente pensó por años que la apertura económica iría a conducir a la democratización junto al desarrollo de una clase media de consumidores, proceso que, hacía sentir orgullo a sus políticos, quienes después aplaudieron la “interdependencia” y el traslado masivo de fábricas al oriente para “rebajar costos laborales”, a pesar de la desindustrialización que trajo consigo en áreas enteras.

El anterior es un proceso que va desde las administraciones de Clinton a las de Obama. El cambio viene con Trump en la Casa Blanca, quien comienza a confrontar a China en lo político y después de la pandemia en lo económico, ya que el COVID hizo visible la dependencia farmacéutica y de la cadena de suministros experimentada por EEUU. Trump hizo visible el tema, pero ahora no está del todo claro a donde conducirá la negociación en curso. Sin duda, China es hoy un rival a quien todavía le falta mucho para igualar a EE. UU. aunque la IA puede acortar ese proceso, donde en las últimas décadas, China ha reducido distancia todos los años, cada año.

Pero, por su parte, ¿logrará China lo que quiere, es decir, que la relación sea más estable y previsible? Lo que estamos presenciando ¿será el inicio de una nueva relación de igual a igual como fue la detente con la URSS, por mucho que esta después desapareciera?

Por cierto, mucho ha cambiado desde entonces el mundo y al respecto, es imprescindible mencionar el proceso de globalización, un futuro cercano que se aprecia inevitablemente marcado por la IA, donde la geopolítica se ha transformado en un factor tan o más importante que la economía, y donde se están modificando la institucionalidad y las alianzas que fueron creadas a partir de la segunda guerra mundial, aunque no se sabe que viene en su reemplazo, existiendo sin embargo algunas certidumbres, a saber, la competencia entre China y EEUU como también la creciente irrelevancia de Europa.

EEUU hoy es el principal productor de petróleo del mundo
EEUU hoy es el principal productor de petróleo del mundo

¿Cómo puede tener más influencia EEUU sobre China? Creo que el camino pasa por el petróleo. Hoy, EEUU es el principal productor mundial de petróleo y en el último año, China ha perdido el acceso que tenía sobre dos principales fuentes abastecedoras como eran Irán y Venezuela. La actual situación, es de tal modo difícil para China, que es indudable que un país de ese nivel tiene allí un detrimento insoportable para su seguridad nacional, por lo que, en la negociación en curso, EE. UU. debiera garantizarle a China su abastecimiento de petróleo para construir una base de buena voluntad, ya sea por venta directa o a través de su virtual protectorado sobre Venezuela, además que en una negociación transparente sería un contrapeso para el predominio actual de China en tierras raras.

La alternativa va a gustar mucho menos, ya que la respuesta de Beijing podría ser acrecentar su dependencia del crudo ruso y profundizar por esa vía una alianza que ha crecido con un sello antiestadounidense. Para China, la clave es el respeto, culturalmente quizás más importante que para una gran potencia nueva como lo es EEUU. En el caso de Beijing, están muy conscientes de ser una civilización de las más antiguas, un imperio que, durante la mayor parte de una historia que registra miles de años, han sido más ricos y poderosos que occidente, y hoy, con parte de ese poder recuperado, rechazan que se les aplique una política de “contención” similar a la que tuvo éxito con la URSS, pero que difícilmente lo va a tener con el poder económico de la China actual. De ahí la insistencia en respeto y trato igualitario.

Y como conclusión, ahora a esperar el viaje de Xi Jinping a Washington, donde es indudable que resultados más tangibles que un clima de buena voluntad debieran esperarse, ya que, de otra manera, si no hay un producto concreto, la palabra fracaso será esgrimida, sobre todo, si se acerca el día de las elecciones de medio término, además que todavía no va a estar claro, si entre predominará la cooperación o la rivalidad.

Desconfianza habrá, tal como se manifestó en el hecho que nada recibido de regalo, ni siquiera un alfiler fue subido al avión presidencial por temor a espionaje sofisticado, y haría bien EEUU en no olvidar que China es una dictadura, donde Xi sigue acumulando poder personal, tanto que la Constitución pone a su pensamiento al mismo nivel de Mao, mientras se transita al 1 de octubre de 2049, donde al cumplirse el centenario de la proclamación de la República Popular, Xi debe esperar que China sea entonces reconocida como la principal superpotencia sobre EEUU.

Máster y PhD en Ciencia Politica (U. Essex), Licenciado en Derecho (U. Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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