
La costumbre de escribir en los márgenes de los libros, conocida como marginalia, ha resurgido con fuerza en la era digital, impulsada por la creatividad de lectores jóvenes en plataformas como TikTok e Instagram.
Esta tendencia, que transforma la experiencia de lectura en un acto visible y estéticamente cuidado, ha generado un debate entre quienes la consideran una forma de vandalismo literario y quienes la defienden como una herramienta valiosa para el aprendizaje y la comprensión.
Sin embargo, investigaciones recientes y la opinión de expertos respaldan la idea de que anotar en los libros no solo enriquece la experiencia lectora, sino que también aporta beneficios cognitivos concretos al cerebro y al proceso educativo, según recoge Scientific American.
La presencia de anotaciones coloridas, subrayados y notas que ocupan páginas enteras se ha convertido en una seña de identidad para una nueva generación de lectores. En redes sociales, los llamados “book-tokers” y “book-fluencers” exhiben sus libros intervenidos, coordinando marcadores, resaltadores y notas adhesivas con las portadas de sus obras favoritas.
Esta visibilidad ha revitalizado la marginalia, situándola en el centro de una conversación global sobre los hábitos de lectura y el valor de la interacción personal con los textos.

Orígenes históricos y ejemplos célebres
Lejos de ser una moda pasajera, la marginalia cuenta con una tradición que se remonta siglos atrás. Figuras históricas como Leonardo da Vinci dejaron huella de sus pensamientos en los márgenes de sus cuadernos, anticipando descubrimientos científicos que más tarde se atribuirían a otros.
En el ámbito literario, autores como Herman Melville y Edgar Allan Poe son recordados tanto por sus obras como por las anotaciones que dejaron en sus propios libros, un legado que ha fascinado a biógrafos y estudiosos.
Más recientemente, la escritora Ann Patchett ha compartido públicamente su entusiasmo por releer y anotar sus propias novelas, llegando a crear ediciones especiales de sus libros con comentarios personales, una iniciativa que, según Scientific American, ha servido para recaudar fondos y fomentar la lectura profunda entre sus seguidores.
Beneficios educativos y cognitivos

El valor de la anotación en los libros no se limita a su dimensión histórica o cultural. Diversos estudios científicos han demostrado que el acto de escribir a mano, especialmente al tomar notas en los márgenes, potencia la memoria y la comprensión lectora.
Una investigación publicada en Frontiers in Psychology reveló que la escritura manual activa áreas cerebrales asociadas con el aprendizaje y la retención de información. Maryanne Wolf, directora del Centro para la Dislexia, Aprendices Diversos y Justicia Social de la Universidad de California en Los Ángeles, explicó a Scientific American que la anotación permite al lector “ir más allá de la sabiduría del autor para descubrir la propia”, citando a Marcel Proust.
En el ámbito educativo, la práctica de anotar se considera fundamental para fomentar la autonomía del estudiante. Demet Yayli, profesora de lenguas extranjeras en la Universidad de Pamukkale, Turquía, señaló en el Journal of Language Learning and Teaching que la lectura profunda, acompañada de anotaciones, resulta esencial en talleres de escritura, especialmente en la formación de escritores de ficción.
Yayli sostiene que este enfoque permite a los estudiantes articular sus propias interpretaciones y mantener un control activo sobre su proceso de aprendizaje, una perspectiva que Scientific American destaca como clave para el desarrollo académico.

La diversidad de estilos de anotación refleja la riqueza y la flexibilidad de esta práctica. Como observó la escritora y editora Caitlin Welsh en un artículo citado por Scientific American, los jóvenes disfrutan de anotar y lo hacen de maneras muy variadas, alejadas de los métodos tradicionales de la academia.
Algunos lectores subrayan cada diálogo de su personaje favorito, mientras que otros marcan escenas románticas o pasajes que les resultan significativos. En el caso de los aficionados a la novela romántica, es común encontrar libros con páginas dobladas, resaltados y comentarios personales en los márgenes.
Para muchos, descubrir las anotaciones de un lector anterior en un libro de segunda mano constituye una experiencia íntima y reveladora.
Una forma contemporánea de apropiarse de los textos
La aceptación social de la marginalia sigue siendo objeto de debate, pero para quienes la practican, anotar en los libros representa una forma de apropiación y reinterpretación del texto. La autora del artículo en Scientific American relata cómo la influencia de personajes ficticios obsesionados con la anotación, como Rory Gilmore en la serie Gilmore Girls, puede inspirar a los lectores a adoptar este hábito y, con el tiempo, a convertirse en lectores más reflexivos y comprometidos.
La práctica de escribir en los márgenes de los libros no perjudica a nadie y, para muchos, constituye una forma legítima y enriquecedora de interactuar con la lectura, incluso si ello implica dejar huellas visibles en las páginas.
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