
Puede parecer que el invierno marca una pausa para la belleza del jardín, pero existen especies ornamentales capaces de sobreponerse a las bajas temperaturas y mantener sus flores y vitalidad cuando el termómetro desciende.
Esta es una selección de cinco especies cuyo comportamiento invernal las convierte en referentes de resistencia y color en zonas templadas y frías.
1- Hortensia de invierno (Bergenia crassifolia)

Esta planta, también conocida como hortensia de invierno, desarrolla flores rosas en forma de copa entre el invierno y el inicio de la primavera.
Sus hojas, que en ocasiones se tornan rojizas ante el frío, y su porte compacto (alcanza unos 30-40 centímetros de alto y 60 de diámetro) la hacen especialmente adecuada para borduras sombreadas y cultivo en maceta.
Estudios recientes de transcriptómica en especies como Bergenia purpurascens revelaron la implicación de más de 9.000 genes en la tolerancia al frío, activando vías hormonales y de señalización que favorecen la supervivencia en ambientes de bajas temperaturas, como las zonas de alta montaña desde donde es originaria.
2- Jazmín de invierno o amarillo (Jasminum mesnyi)

El jazmín de invierno destaca por su follaje persistente y la aparición de flores amarillas brillantes durante el invierno y la primavera, aunque carecen de fragancia. El arbusto muestra ramas largas y arqueadas, siendo frecuente su uso para cubrir paredes y cercos.
Investigaciones en el género Jasminum han comprobado que la aplicación de metil jasmonato, un regulador del crecimiento, mejora notablemente la tolerancia al frío en condiciones experimentales, facilitando la recuperación estructural y fisiológica tras episodios de bajas temperaturas.
Para los cultivos domésticos, se recomienda protegerlo de las heladas extremas y garantizar suelos fértiles con buen drenaje y riego moderado.
3- Lavanda (Lavandula angustifolia)

A pesar de sus orígenes mediterráneos, la lavanda ha sido objeto de numerosos estudios por su sorprendente resistencia: tolera hasta -15 °C si está bien adaptada. Además de su aroma, exhibe flores violetas durante gran parte del año, incluyendo los meses fríos.
Los estudios muestran que el frío induce la acumulación de flavonoides y otras enzimas antioxidantes en la lavanda, reforzando la protección celular y manteniendo no solo la floración, sino también la estructura y pigmentación de sus hojas.
Para un desarrollo saludable, requiere exposición solar directa, suelos aireados con pH alcalino y una ventilación adecuada.
4- Orquídea luna (Phalaenopsis amabilis)

Esta orquídea, originaria del sudeste asiático y de Australia, presenta flores blancas de gran tamaño y persistencia anual. Aunque muchas orquídeas son sensibles al frío, Phalaenopsis amabilis se adapta bien en interiores de climas templados, siempre que reciba luz indirecta y cuente con humedad estable.
Para mantener la floración durante los meses fríos, se recomienda sustrato de corteza y riego abundante cuando el sustrato esté casi seco. Prefiere ambientes cálidos, pero su capacidad ornamental se mantiene estable durante todo el año.
5- Hiedra (Hedera helix)

La hiedra es un emblema de resistencia: trepadora vigorosa, tapiza muros y supera entornos adversos con facilidad. Sus hojas permanecen verdes incluso en condiciones de poca luz y temperaturas bajas.
Estudios demostraron que la aclimatación al frío en la hiedra se ve favorecida por la exposición a fotoperíodos cortos y baja intensidad lumínica, permitiéndole así soportar el invierno. Basta con proporcionarle luz sin sol directo, riego semanal en época fría y suelos neutros o ligeramente ácidos para que conserve su característico verdor.
Cómo cuidar mis plantas con flores para que florezcan todo el invierno
Favorecer la resistencia y el esplendor floral de estas especies durante el invierno implica adaptar los cuidados a los mecanismos biológicos comprobados por la investigación científica.
Analizando investigaciones fisiológicas y moleculares realizadas en lavanda, bergenias y jasmines, se desprende que el éxito en la floración y el vigor invernal depende fundamentalmente de los siguientes factores:
- Optimización del ambiente radicular: mantener el sustrato siempre aireado y con buen drenaje favorece la supervivencia de las raíces, especialmente en bergenias y lavanda, que requieren pH específico (elevado para lavanda, humedad constante para bergenias).
- Riego ajustado a cada especie: para hiedra y lavanda, el riego semanal durante el invierno es suficiente; el jazmín, en cambio, necesita humedad moderada y suelos fértiles.
- Exposición solar y temperatura: la lavanda y la hiedra muestran buena adaptación a la luz natural incluso de baja intensidad, mientras que la orquídea luna y la bergenia prefieren sombra parcial o luz indirecta, evitando contrastes térmicos extremos.

- Estimulación antioxidante natural: en lavanda, el incremento de flavonoides y la actividad de enzimas como la SOD y la POD ante el frío son factores que sustentan la floración y la protección celular. La selección de variedades adaptadas y la aplicación de prácticas culturales que no alteren la fisiología antioxidante (como evitar fertilizantes inadecuados) resulta clave.
- Aplicación de reguladores y bioestimulantes: el metil jasmonato puede mejorar la tolerancia al frío, permitiendo una recuperación más rápida tras las bajadas de temperatura. Su aplicación debe realizarse, sin embargo, solo bajo criterios técnicos y en dosis probadas experimentalmente.
- Compatibilidad de iluminación y fotoperíodo: la hiedra se beneficia de días cortos y luz difusa en invierno, mecanismo estudiado en la rusticidad de Hedera helix. Evitar el exceso de luz directa y controlar el déficit de CO₂ contribuyen a su bienestar.
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