
Un reciente estudio indica que la mayoría de los organizadores están dispuestos a incluir a quienes piden sumarse a actividades informales. Sentirse excluido de los planes sociales suele generar inseguridades y dudas sobre el propio lugar en un grupo.
Sin embargo, investigaciones en psicología social muestran que la percepción de exclusión suele estar asociada más a temores personales que a una intención real de dejar a alguien fuera. Según un reportaje de The Guardian, las personas tienden a sobreestimar el riesgo de autoinvitarse y subestiman la disposición de quienes organizan los encuentros.
Un fenómeno frecuente, poco investigado
La auto-invitación —pedir unirse a los planes de otros sin invitación explícita— es común, aunque poco explorada por la ciencia. El estudio, publicado en Personality and Social Psychology Bulletin, estuvo encabezado por Julian Givi, de la Universidad de West Virginia, y Daniel M. Grossman, de la Universidad de Missouri-St Louis. El objetivo fue entender por qué tantas personas dudan en pedir sumarse a un plan y cómo se perciben este tipo de solicitudes tanto en quienes desean unirse como en los organizadores.

La investigación partió de una pregunta sencilla: ¿Por qué, cuando aparece un plan interesante, muchos prefieren no pedir sumarse por miedo a parecer inoportunos? Según The Guardian, situaciones como enterarse de una salida grupal pueden despertar inquietud y sensación de exclusión, aunque la realidad rara vez es tan dramática.
Ocho experimentos, miles de participantes
Para comprender este fenómeno, los investigadores realizaron ocho estudios con miles de participantes en Estados Unidos. Trabajaron tanto con recuerdos de experiencias reales como con escenarios hipotéticos, asignando roles de auto-invitadores y organizadores.
En el primer experimento, 340 personas recordaron ocasiones, en los últimos cinco años, donde se autoinvitaron o recibieron solicitudes similares. Las actividades variaron desde caminatas en el parque hasta visitas a museos. En las siguientes pruebas, se evaluó la disposición a pedir sumarse, la reacción ante una auto-invitación y las emociones asociadas, especialmente si se temía molestar con la petición.
La brecha entre creencias y realidad
Los resultados del estudio mostraron un patrón claro: quienes imaginan ser auto-invitadores son mucho menos propensos a pedir sumarse de lo que los organizadores realmente aceptarían. En uno de los experimentos, solo el 59% de los que consideraban pedir sumarse lo haría, aunque el 92% de los organizadores aseguró que les habría parecido bien.

En realidad, la mayoría de los organizadores se concentra en cuestiones prácticas, como definir horarios o coordinar entradas, antes que en excluir personas. Daniel M. Grossman explicó: “No somos muy buenos para leer la mente y las motivaciones de los demás, ni siquiera las nuestras a veces”. Agregó que, si realmente se intentara marginar a alguien, probablemente no se hablaría del plan frente a él.
El estudio también identificó el peso de un sesgo egocéntrico: tendemos a sobrestimar la atención ajena sobre nuestras acciones, lo que aumenta el temor a ser rechazados sin que exista un verdadero riesgo.
Por qué algunos se animan y otros no
Si bien la investigación no profundizó en diferencias individuales, Grossman sugirió que la confianza, la baja sensibilidad al rechazo y el sentido de pertenencia social favorecen el animarse a pedir sumarse. En cambio, la ansiedad social o la preocupación por la imagen suelen ser un freno.
También influyen las experiencias previas en la infancia o adolescencia, las cuales puede dejar una marca que complica volver a exponerse: “Estos rechazos realmente se quedan con nosotros, especialmente cuando ocurren a una edad temprana”, afirmó Grossman.

El estudio se centró en planes informales y cotidianos (salidas, paseos, encuentros casuales), dejando fuera eventos formales. Según Givi, conviene evitar autoinvitarse cuando existe una lista cerrada de invitados: “No querrías autoinvitarte a nada que implique una invitación formal”.
Hacia una vida social más abierta
De acuerdo con los autores, comprender estas dinámicas puede animar a tomar más riesgos sociales y no renunciar a oportunidades por miedo al rechazo. “El mensaje principal es considerar más la posibilidad de pedir unirnos a los planes de otros”, dijo Givi en The Guardian. Grossman resaltó que no es realista esperar que los organizadores piensen siempre en todos: “Es una expectativa agotadora para cualquiera”.
Entre las recomendaciones, se aconseja preguntar con amabilidad si se puede participar, teniendo en cuenta el contexto y la relación. Para los organizadores, proponen expresar claramente la invitación para evitar malentendidos.
Como toda investigación, este trabajo reconoce limitaciones: muchas conclusiones provienen de recuerdos o escenarios hipotéticos, por lo que futuros estudios se beneficiarían de observaciones en tiempo real. Además, los resultados podrían variar en ambientes más formales o entre personas con poca confianza.
Animarse a pedir unirse y ser claros al invitar puede abrir puertas a vínculos más genuinos, menos malentendidos y más bienestar social.
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