
La transición del colegio a la universidad no es solo un cambio de entorno, sino también un desafío de adaptación a nuevas formas de aprender. A diferencia del sistema escolar, que a menudo depende de clases presenciales, tareas puntuales y evaluaciones más frecuentes, la universidad exige una mayor autonomía, planificación y manejo del conocimiento. A menudo, los estudiantes deben enfrentarse a lecturas extensas y a la resolución de problemas más complejos de manera independiente.
El tiempo y la cantidad de exámenes se superponen y provoca, en ciertos casos, que los estudiantes experimenten estrés y presión, ya que, además del aprendizaje, deben desarrollar habilidades de gestión del tiempo, organización y concentración.
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En este contexto, muchos recurren a estrategias tradicionales de estudio, como la relectura de textos o el subrayado de pasajes importantes. Sin embargo, estas técnicas, aunque muy populares, no siempre resultan ser las más efectivas. De lo contrario, puede convertirse en una tarea superficial que no ayuda a retener realmente la información.

Para mejorar estos métodos, el enfoque de las sesiones de estudio debe cambiar hacia técnicas más activas y organizadas. Los expertos sugieren que, en lugar de pasar horas releyendo un texto o estudiando de manera intensiva la víspera del examen, es más eficaz realizar sesiones de estudio cortas y espaciadas.
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“Lo importante es cómo utilizas tu tiempo de estudio, no la duración del mismo. Las sesiones largas provocan pérdida de concentración y, en consecuencia, menos aprendizaje y retención”, aseguró Matthew Bernacki, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de Carolina del Norte (UNC), en diálogo con BBC Brasil.
El enfoque de periodos cortos permite que el cerebro tenga tiempo suficiente para procesar y consolidar la información. En lugar de estudiar todo a última hora, lo ideal es dividir el tiempo de estudio en bloques de 30 o 40 minutos.
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Qué son las técnicas de estudio
Las estrategias de memorización y aprendizaje son herramientas útiles, pero requieren motivación y concentración. Estudiar mientras se mira televisión no es efectivo. Estas técnicas no son mágicas ni milagrosas, su éxito depende de factores claves, asegura en su sitio web la Universidad Carlemany de Andorra.

No todas las técnicas funcionan igual en los diferentes casos. Es necesario encontrar la más adecuada y cómoda para el tiempo y capacidad de cada uno, aunque lleve varios intentos. Una vez hallada, el estudio será más sencillo.
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Es importante no imitar los métodos de los compañeros, ya que cada persona aprende de manera diferente, aseguró la universidad. Mientras el aprendizaje memorístico puede servir a algunos, otros prefieren enfoques visuales y esquemáticos.
Sin embargo, en líneas generales no se recomienda estudiar de memoria, ya que sólo implica recuerdo a corto plazo y un olvido puede hacer perder todo el hilo.
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Uno de los métodos más efectivos: técnica Pomodoro
Una de las técnicas ampliamente utilizadas en la gestión del tiempo es la llamada “técnica Pomodoro”. Esta estrategia consiste en organizar el estudio en bloques de tiempo enfocados, donde el estudiante se dedica exclusivamente a una tarea durante un período específico, generalmente de 25 a 35 minutos.

Después de ese tiempo, se toma un breve descanso de 5 minutos para relajarse, estirarse o atender cualquier distracción, como revisar mensajes. Este ciclo se repite varias veces, lo que permite que el cerebro se mantenga concentrado y motivado, sabiendo que tiene una recompensa breve después de cada bloque de estudio.
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La técnica Pomodoro previene la pérdida de concentración, pero sobre todo mejora la eficiencia y la motivación durante las sesiones de estudio, ya que permite al estudiante descansar antes de volver a enfrentarse al contenido, según explicó BBC Brasil en su artículo.
A lo largo de estas pausas, el cerebro se “recarga”, lo que facilita una mayor retención de la información cuando se retoma el estudio. Esta forma de trabajar, estructurada en intervalos, demostró ser mucho más efectiva que intentar abarcar todo el contenido en una única sesión maratónica.
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Más formas de estudiar
En lugar de depender únicamente de la relectura y el subrayado, el aprendizaje activo demostró ser una alternativa mucho más eficaz. Este enfoque implica una mayor interacción con el material estudiado, en lugar de simplemente leerlo pasivamente.

El Centro de Aprendizaje de la UNC recomienda la práctica de readquisición, que consiste en crear preguntas o problemas sobre lo que se acaba de leer, explicó Bernacki a BBC Brasil. Al intentar responder estas preguntas por cuenta propia, los estudiantes refuerzan lo aprendido y logran una mayor retención de la información a largo plazo.
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Otra estrategia dentro del aprendizaje activo es explicar el contenido en voz alta, con palabras propias. Este proceso, denominado auto-explicación, permite a los estudiantes asegurarse de que comprenden lo que han leído, y les ayuda a identificar áreas que necesitan revisión o clarificación.
Otra forma puede ser con reglas mnemotécnicas. Este método se basa en asociar conceptos y palabras con imágenes mentales o palabras clave. Al hacer estas conexiones, se facilita la memorización, ya que estas asociaciones ayudan a activar la memoria de manera más eficiente.
Este método potencia la capacidad de retener información, estimula la plasticidad cerebral y mejora la comprensión de conceptos, especialmente cuando se presentan en listas o estructuras específicas, afirmó la Universidad Carlemany.
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