
Para ordenar un poco las ideas. En 1923 las carreras de fondo todavía estaban reservadas para unos pocos. Los Juegos Olímpicos habían traído el maratón como la carrera que marcaría el centro de las competencias largas. Luego de algunos cambios, el maratón adopta su distancia oficial de 42 Km 195 mts. Cualquier competencia más allá de esa distancia hoy se llama ultramaratón. Las mujeres no participaban de los Juegos Olímpicos aunque en Mónaco ya había unas competencias de mujeres. ¿El maratón? Ni por asomo, el primer maratón olímpico femenino fue en Los Ángeles 1984. Fuera de las luces, siempre hubo mujeres en competencias de fondo. Pero el registro de sus proezas se ha visto bastante limitado, justamente por no ser en eventos importantes o famosos.
Este prólogo es para darle contexto al desafío que hace un siglo, en 1923, intentaron realizar cinco mujeres en Gran Bretaña. Se la conoce como El maratón de las madres o La carrera con cochecitos de bebé. A pesar del nombre maratón con el que muchos la han denominado a lo largo de las décadas, la palabra correcta es carrera, porque las madres no recorrieron 42 Km sino 87 kilómetros, algo más de 50 millas, desde Londres hasta Brighton.
¿Pero qué hicieron estas ultramaratonistas pioneras para que la carrera se convirtiera en un evento tan llamativo como polémico? La palabra clave es cochecito. Se desplazaron toda esa distancia empujando cochecitos de bebé. Pero eso no es todo, porque lo más asombroso es que sus bebés estaban dentro de esos cochecitos.
Estamos hablando de los cochecitos de bebé de 1923 y de mujeres vestidas con ropa de esa época. Era también un tiempo de desafíos, donde las mujeres buscaban desafiar los límites que la sociedad aún les imponía. Londres tuvo un movimiento sufragista poderoso y combativo, los grupos moderados eran llamadas sufragistas y las que iban al choque eran denominadas suffragettes.

Para 1923 el voto para todas las mujeres aún no se había conseguido, pero estaba en camino de alcanzarse. En 1923 podían votar las mujeres mayores de treinta años que reunían ciertas condiciones. En ese contexto, una mujer lanzó la propuesta que terminó en la competencia de 1923.
En diciembre de 1922, una mujer de Moss Side en Manchester, Ada May Edwards, lanzó un desafío en la prensa a todas las madres de tres o más hijos. Fueron invitados a unirse a ella en una carrera de Londres a Brighton mientras empujaban a su bebé más pequeño en un cochecito.
El aviso que publicó decía lo siguiente: “La señora Ada May Edwards de Moss Side, Manchester, que tiene 32 años y seis hijos, desafía a cualquier madre de tres o más niños vivos a una carrera de cochecitos de niño de Londres a Brighton”.
El aviso agregaba que no podían ser bebés de más de seis meses pero esa regla era flexible. La competencia tenía un premio de 6 libras esterlinas, lo que no era una gran cifra y actualizada por inflación sería algo así como 450 libras, lo que tampoco es un número tentador para una competencia de esa distancia. El aviso generó algo de revuelo y varias mujeres comenzaron a entrenarse mientras seguían sus tareas maternas.
La fecha de la carrera fue el 7 de abril del año 1923. La competencia largó del mismísimo Big Ben, frente al Westminster Bridge, en el corazón mismo de Londres. Por supuesto que no estaban solas, porque para certificar el logro y al mismo tiempo controlar que estuvieran bien, cada corredora de las cinco que largaron esa mañana, tenía un oficial -mujer u hombre- que acompañaba en bicicleta. La carrera largó al amanecer, para que su finalización pudiera darse al anochecer, en Brighton.

5.20 am y con un buen clima, partieron en su aventura. Había público alentando y algunos hombres que acompañaron el comienzo de la carrera se cansaron y abandonaron la euforia inicial luego de un rato. Pero no todo era algarabía. La Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (National Society for the Prevention of Cruelty to Children, NSPCC) se quejó y amenazó con tomar medidas contra las madres si se establecía que de alguna forma los chicos fueron maltratados por la extrema carrera.
Las madres se encargaron de cuidar de sus niños, como lo hacían siempre, y calcular lo necesario para el frío o el calor, dependiendo de la hora de la competencia.
La verdadera fiesta fue en Brighton donde una multitud las esperaba. Las cinco mujeres llegaron en un tiempo admirable. Los medios titularon: “Un triunfo para la resistencia de las madres y los bebés británicos” y la noticia atravesó el océano, llegando a las noticias en Estados Unidos, donde la prensa enloqueció con el evento.
La ganadora fue Lily Charlotte Groom, con un asombroso tiempo de 12 horas 20 minutos. Esta mujer de 40 años, madre de cinco hijos, llevó a su pequeño de dos años hasta la meta, pero colapsó al llegar, producto del agotamiento. Le siguieron Rose Firmager, 12 horas 34 minutos, Alice Sunderland 12 horas 43 minutos, Ada May Edwards, 14 horas 10 minutos y Margaret Oliver, 15 horas 10 minutos.

Cualquiera podría pensar que es difícil de corroborar lo ocurrido, pero por suerte queda un cortometraje hecho por British Pathé, donde se ve a las madres, los carritos de bebé, el acompañamiento en bicicleta y otros curiosos y familiares, para terminar entre la multitud en Brighton. La ganadora no fue la única en sufrir el esfuerzo. Otra de las corredores fue trasladada en ambulancia y uno de los bebés mostraba signos de agotamiento. Era el bebé de la mujer que había convocado a la carrera, el pequeño hijo de cuatro meses de Ada May Edwards.
Tal cual había advertido, La Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños solicitó a los jueces de Brighton una citación contra la señora Edwards, que había participado en la carrera con su bebé, y su marido, también promotor de la carrera. Los cargos eran por “exponer a un niño, de manera perjudicial para la salud e incitación al delito”.
En la Corte, el hijo de 11 años defendió a su madre diciendo que no había sido tan duro para ella y la propia participante dijo que solía caminar hasta treinta millas por día. El jurado emitió un veredicto de no culpable, pero añadió que recomendaba encarecidamente que no se celebraran más concursos de este tipo.
Hoy, las carreras entre Londres y Brighton son moneda corriente, incluyendo distancias mayores a las de esta competencia de 1923. Nunca con las características de esta carrera de cochecitos, aunque sí es la cosa más común ver madres corriendo en los parques con sus bebés en carritos, hoy preparados para eso. Y por supuesto en carreras, donde no sólo madres, sino también padres, participan empujando a sus felices niños.
No hay duda alguna de que más allá de la locura necesaria de cualquier pionero, estas mujeres abrieron las puertas para las ultramaratonistas, las mamás corredoras y la idea de que las mujeres eran mucho más fuertes de lo que el comité Olímpico pensaba en 1923 y siguió pensando hasta 1984. Un siglo atrás, cinco madres lo demostraron. Una de ellas, además, ganó seis libras.
*Santiago García es maratonista, autor de los libros “Correr para vivir, vivir para correr” y “Volver a correr”. Completó la Six World Marathon Majors dos veces. En Instagram: @sangarciacorre.
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