
Según un estudio, los hombres son más propensos a declarar una baja autoestima y una disminución de la satisfacción vital después de haber tenido una aventura amorosa, mientras que en el caso de las mujeres ocurre lo contrario.
Investigadores de la Universidad de Tilburg (Países Bajos) recogieron datos de adultos alemanes durante 12 años y les preguntaron por su bienestar y sus relaciones. A partir de una gran cohorte, se centraron en 609 personas que habían participado en un affaire y 338 que habían sido víctimas de uno.
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El análisis reveló que, en general, las mujeres que engañaron informaron de un aumento de la autoestima y la satisfacción vital tras la aventura. Mientras tanto, lo contrario parecía ser cierto para los hombres, que sufrían más después de cometer el adulterio.
“Nuestros análisis detectaron un grupo de participantes que parecen recuperarse e incluso prosperar después de la infidelidad... las mujeres infieles. Potencialmente, es más probable que las aventuras de las mujeres sean el resultado de la insatisfacción de la pareja y, en consecuencia, la aventura puede ser una llamada de atención para sus parejas, lo que conduce a un cambio de comportamiento positivo”, reza el estudio, publicado en la revista Psychological Science.
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Sus resultados también revelaron que el engaño fue precedido por una disminución gradual de la satisfacción personal y de la relación durante varios años. Esto puede deberse a varias razones, como la falta de comunicación sincera o un acontecimiento vital importante, como el nacimiento de un bebé.
“En el caso de los infractores, este descenso podría ser un motivo para iniciar una aventura o incluso una estrategia intencionada de gestión de la angustia”, escribieron los investigadores. Y añadieron: “En las víctimas, la disminución del bienestar podría ser el resultado de sentir la insatisfacción de la pareja o representar un factor causal que aumente su probabilidad de ser engañada”.
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La directora del estudio, la profesora Olga Stavrova, sugirió a The Times que la infidelidad de las mujeres se debía a la escasa satisfacción de la relación a largo plazo. El aumento de su bienestar por tener una aventura se debió probablemente a que sus necesidades personales fueron finalmente satisfechas, y también posiblemente como resultado de que fue una “llamada de atención” para sus parejas, que entonces hicieron “cambios de comportamiento positivos”.

Los resultados también mostraron que las aventuras tienden a producirse tras años de dificultades en la unión. En esta línea, Stavrova explicó que la probabilidad de que se produzca una infidelidad comienza “años antes” y que es necesario observar “lo que iba mal” históricamente cuando se intenta comprender la causa de la infidelidad.
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“El amor es una construcción, un punto de llegada. Tiene que ver con el tiempo, con la entrega, el compromiso. El deseo es urgente, instantáneo y puede surgir aunque estemos enamorados. Es complejo de aceptar, a veces incluso molesto. Pero por muy enamorada que esté una persona, siempre está la posibilidad de que en su camino se cruce alguien que le guste”, explicó a este medio el reconocido licenciado en psicología Gabriel Rolón.
Y remarcó: “Hay que entender algo: la fidelidad no pasa por el hecho de estar o no con otra persona. La fidelidad tiene que ver con un acuerdo y la infidelidad tiene que ver con la ruptura del acuerdo. La fidelidad no es un acto natural sino el producto de una decisión. Decisión que, generalmente, se sostiene con un gran esfuerzo”.
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Otra investigación indicó que las personas son más propensas a engañar si el otro lo hace. Investigadores de la Universidad de Reichman, en Israel, descubrieron que cuando el adulterio se convierte en la norma, los sentimientos de compromiso con la pareja actual se reducen, mientras que el deseo de una pareja alternativa aumenta. Y advirtieron que el fenómeno parece afectar más a los hombres que a las mujeres.
“Las relaciones no existen en el vacío”, explicaron los autores del estudio, publicado en Archives of Sexual Behaviour. “Por ello, es probable que su funcionamiento se vea afectado tanto por el contexto social como por las fuerzas internas”.
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El equipo afirmó que algunos entornos pueden acabar fomentando una cultura de la infidelidad. “En una época en la que se da un ‘bombo’ a las solicitudes de aventuras extradíacas, la infidelidad puede llegar a percibirse más fácilmente como algo común”, detallaron. Y concluyeron: “Como se indica en nuestra investigación, tales percepciones tienden a liberar a las personas de los grilletes de su moralidad, dando rienda suelta a los deseos extradiádicos y aumentando su difusión”.
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