Copetin Fiat, el bodegón familiar de Caseros que nació como un local al paso y se convirtió en un ícono de la ciudad

Desde sándwiches de fiambres y minutas, hasta pastelería y profiteroles, este restaurante emplazado en la esquina de Wenceslao de Tata y Cervantes desde 1965 continúa evolucionando. La historia de un símbolo de la zona

Copetin Fiat: la historia del bodegón de Caseros que nació en 1965
Copetin Fiat: la historia del bodegón de Caseros que nació en 1965

Aunque su nombre lleve la marca de una de las automotrices más importantes del mundo, “Fiat Copetín” nada tiene ver con ella. Ubicado en una esquina de Caseros, más precisamente en Wenceslao de Tata y Cervantes, este bodegón de barrio está emplazado en este rincón porteño desde 1965.

Su historia comienza cuando en octubre de 1959 fue aprobado el plan de Fiat Someca Construcciones Córdoba S.A.I.C. para la producción de los automóviles Fiat 600 y Fiat 1100. La firma italiana se instaló en Caseros y construyó un nuevo complejo industrial. Este luego abarcó las localidades de Villa Bosch y Ciudad Jardín, de donde salió el 8 de abril de 1960 el primer 600 argentino. En simultáneo, se sumó el 1100. Y en 1960 se fabricaron 1.968 unidades del Fiat 600 y 2.259 del Fiat 1100.

Fue por eso que con la llegada de la empresa al barrio, la zona se transformó y todo su alrededor se empezó a comercializar con negocios de comidas y bebidas para obreros y empleados. Uno de los negocios que estaba era el almacén de Doña María y Don Francisco, quienes empezaron a vender sándwiches y bebidas. Con el paso de los años fundaron un bar al lado del almacén a cargo del sobrino de Francisco, Carlos Papaianni, y así nació lo que es hoy Copetín Fiat.

Pero Carlos no lo hizo solo. Contó con la ayuda de su hermano Antonio, quien quedó al mando hasta finales de los 70 junto a su mujer Beatriz y luego con su hijo Gregorio, al frente hasta el día de hoy.

Está ubicado en una esquina de Caseros, más precisamente en Wenceslao de Tata y Cervantes
Está ubicado en una esquina de Caseros, más precisamente en Wenceslao de Tata y Cervantes

El nombre del bodegón, entonces, surge de la fábrica que generó la revolución económica en aquel entonces. Y “copetín” porque refiere a un tipo de comercio, de pequeñas dimensiones, cuya principal actividad era la venta en mostrador de bebidas con o sin alcohol y de emparedados y tortas acompañando a las bebidas que era muy común por esos años, el copetín al paso.

“No hay mucho o casi nada referido al automovilismo. La cercanía y darle de comer a obreros, empleados, directivos, proveedores y clientes de una automotriz es el nexo más fuerte con esa actividad que tiene el bar”, dice a Infobae Gregorio.

Un clásico de la casa: sándwich de fiambre
Un clásico de la casa: sándwich de fiambre

La gastronomía del lugar

Cuenta a este medio Gregorio que en un principio este bodegón servía mayormente sándwiches de fiambre, de milanesa, hamburguesas y algo para picar. Con el tiempo, Beatriz sumó la famosa tarta de ricota y más platos salados como tartas, empanadas y algunas pastas como canelones o lasañas. Con la llegada de su hijo Gregorio a la cocina, se sumaron muchos más, y en el día de hoy, con la ayuda de su mujer Daniela, la pastelería evolucionó.

“En la actualidad los platos más requeridos son los sándwiches de bondiola o paleta braseadas, los guisos de otoño/invierno, las empanadas fritas, las tartas de verduras asadas, los arancinis y en lo dulce la tarta de ricota, los cannelés, los macarons, la crack pie de dulce de leche, cheesecake helado y la última incorporación, los choux, profiteroles con craquelin rellenos de diferentes cremas y salsas”, comenta Gregorio como los destacados del lugar.

Su pastelería evolucionó y hoy tienen varias propuestas en su carta
Su pastelería evolucionó y hoy tienen varias propuestas en su carta

Tanto para él como para su familia, dice que Copetín es elegido por la calidad de los productos, la atención y principalmente por no perder la esencia de ser un lugar que da de comer a personas que trabajan todos los días y van a buscar disfrutar un rato y salir de la rutina.

Varios son los años que están en la esquina del barrio y personalidades y personajes han pasado y siguen yendo a visitarlos. Entre las personas famosas en su época y actualmente nombran a Gastón Perkins, Cocho López, Gabriel Raies, Alfredo Graciani, y en estos últimos años lo visitaron Harry Salvarrey, María O’Donnell y Emiliano Pinzón así como también los intendentes Hugo Curto y Diego Valenzuela.

Pero también lo visitó el ex presidente Mauricio Macri. “Venía con su chofer, bajaban y se compraban un sándwich de milanesa, y seguían camino. El chofer hablaba con mi viejo”. Cuenta que otro habitué era su hermano, Mariano en la época de Sevel, quien al terminar de comer levantaba los platos, sacaba la mesa a la vereda y se armaba su propia mesa. “Recuerdo que lo criticaban porque venía a comer acá y estaba con los empleados, lo veían como un bicho raro”.

El interior del bodegón conserva varias joyas de sus comienzos
El interior del bodegón conserva varias joyas de sus comienzos

Como todo restaurante, el año pasado, con la llegada de la pandemia del coronavirus, tuvieron que afrontar algunos cambios. Sin embargo, cuentan a Infobae que “nunca cerraron del todo”, aunque sí modificaron drásticamente la dinámica del negocio.

“En un principio solo vendíamos para llevar por la antigua ventanita de la ochava. Luego con la primavera del 2020 comenzamos a sacar algunas mesas a la vereda, la hicimos toda nueva para mayor comodidad y hoy en día seguimos con ese formato ya más afianzado pero extrañando las dos barras llenas y la gente apiñada en el interior del negocio viendo qué comer y hablando de fútbol y política a más no poder”, finaliza Gregorio.

Atienden de lunes a viernes de 8 a 15hs, y está cerrado los fines de semanas y feriados.

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