La obesidad es una enfermedad multicausal muy compleja, en la que, si bien existe una cierta carga genética, también es el medio ambiente el que la predispone y potencia el aumento de la ingesta y la reducción del gasto calórico al disminuir la actividad física cotidiana.
La Sociedad Argentina de Nutrición, al igual que múltiples organismos internacionales y gobiernos, define a la obesidad como una enfermedad crónica de altísima y creciente prevalencia y responsable de múltiples comorbilidades de elevada mortalidad prematura, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular y un estado inflamatorio generalizado que incrementa el riesgo de trombosis y cáncer. No obstante, subrayan que en nuestro país aún no se la reconoce como enfermedad, sino que se la define como “condición” o “factor de riesgo”.
En Argentina, la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad), según la 4° Edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (realizada en 2018 y presentada en 2019), fue de 61,6%, comparativamente superior a la 3° Edición de la ENFR (57,9% en 2005), con una tendencia que se mantuvo en ascenso alarmante en relación con los relevamientos anteriores.

Según la OMS, una enfermedad es una alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible. La obesidad cumple con todas estas características y además particularmente ha sido evidenciada su condición inflamatoria, a partir del aumento de un tejido adiposo disfuncional que explica el nexo con sus comorbilidades.
Muchas veces escucho en mi consultorio la frase: “No bajo de peso porque me falta voluntad”. Y la buena noticia que tengo para darles es que la obesidad no tiene nada que ver con la voluntad o las ganas que tenga una persona de bajar de peso.
¿Cuando tenés anginas, necesitás voluntad para recuperarte? Por supuesto que no. Vas al médico, y seguís el tratamiento indicado hasta curarte. En el caso de la obesidad, es casi lo mismo. La diferencia es que al ser una enfermedad crónica, el paciente no se cura, se recupera.

Es por eso que hay que dejar de pensar que una persona con obesidad necesita voluntad para lograr éxito en su tratamiento. Ese tipo de creencias erróneas genera estigmatizaciones que cargan a las personas de culpa, vergüenza y juegan en contra de su recuperación.
El paciente obeso no es culpable de su enfermedad. Pero sí, responsable de su tratamiento. Y es así como la obesidad es multicausal, el tratamiento también debe contemplar y atender algunas variables.
Un tratamiento para el sobrepeso y la obesidad debe ser integral porque, al ser una enfermedad crónica, tiene signos y síntomas con los que debemos trabajar para lograr una recuperación completa. No se resume todo en una dieta que tiene un comienzo y un fin, necesitamos trabajar para mejorar el patrón alimentario de por vida. Por eso, sabemos que los pilares fundamentales del tratamiento son:
- El plan alimentario
- El ejercicio
- El manejo de las emociones

El paradigma de la persona que intenta una dieta una y otra vez es todo o nada. “O estoy a dieta o está todo perdido” y cuando creen que es así, bajan los brazos, sus niveles de estrés y cortisol aumentan y probablemente esto sumado a la frustración que sienten, genera mayor descontrol alimentario empeorando la enfermedad.
¿Qué podés hacer?
Primero, liberarte de la culpa de sentir que te falta fuerza de voluntad, luego aprender a pedir ayuda. No es fácil. Pero se puede y es el primer paso para la recuperación. Pero no te confundas, una cosa es aprender a pedir ayuda, a verbalizar lo que estás necesitando y otra es depositar en otro la responsabilidad del tratamiento.
Es importante que sea cada persona quien decida cambiar. Y que la motivación que lo lleve a hacerlo esté alineada con sus necesidades y con el camino que decida seguir para encontrar el tratamiento hacia la recuperación.
Hoy el paradigma cambió. Ya no es más un problema estético sino una enfermedad que impacta directamente en el desarrollo de otros problemas de salud tanto clínicos, como psicológicos y sociales que provocan una disminución en la calidad de vida de las personas.

Recomendaciones de la SAN para mejorar la comprensión y el abordaje de la obesidad:
1. Contribuir a cambiar la percepción de que la obesidad depende únicamente de la responsabilidad individual para reducir el estigma y la discriminación hacia personas con obesidad.
2. Optimizar la regulación y el control de productos y servicios destinados al abordaje de la obesidad, jerarquizando aquellos basados en la mejor evidencia disponible.
3. Establecer políticas públicas sobre el entorno construido.
4. Alentar al sistema de salud a considerar y abordar la obesidad como una enfermedad crónica.
5. Jerarquizar la formación de capital humano capacitado en Obesidad.
6. Establecer un programa sanitario especial destinado a la prevención de la ganancia de peso.
7. Disponer la cobertura universal de las estrategias no farmacológicas y farmacológicas disponibles para la obesidad.
8. Establecer un monitoreo continuo de las acciones.
Como conclusión, nunca es tarde para lograr una recuperación completa, y como siempre te digo, no existen soluciones mágicas, pero un traspié, una recaída también son parte de la enfermedad y pueden ser una buena oportunidad para volver a empezar.
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