
Allá por la segunda mitad del siglo XIX, con la revolución industrial y con una industria alimenticia en auge, comenzaron a surgir leches artificiales de las que se decía que poseían un mayor valor nutricional que la leche materna. Ya en el siglo XX y a fines de los años 40, con la aparición del biberón esterilizado, las leches de fórmulas fueron un boom para las mamás que por cualquier justa razón o decisión no podían amamantar. Llegando a los años 60, 70, todos los manuales médicos de orientación para el cuidado de los más niños hablaban solo de la leche de fórmula y el biberón como casi único alimento seguro para el bebé.
Luego, se volvió a destronar esta creencia y regresamos a la clásica manera de “dar la teta “ y la leche de fórmula retomó su lugar: el de ser un elemento súper útil para las madres que se ven impedidas o por cualquier motivo desean utilizarla, pero como una segunda opción.
Las dietas se visten a la moda y en base a la conveniencia de quien las proclama como milagrosas.

Por otro lado, hace unos años se hablaba de disminuir el consumo de carne, y se insistía en su potencial cancerígeno. Sin embargo, hoy tenemos la proclamación de la dieta cetogénica que es a base de carnes. El problema es que todo se generaliza, se pasa de un extremo a otro. Esta dieta es muy buena para algunos pacientes, pero no para todos.
¿La alimentación se vistió al ritmo de la moda siempre? Siempre elegimos las prendas que vamos a comprar buscando que sean productos nuevos, novedosos y ahí es cuando quizás abusamos. Nos dejamos llevar por tendencias y el peligro está que tal vez dejamos de lado productos también saludables y que siempre consumimos para dar lugar casi cotidianamente a nuevos que aún no tenemos la capacidad de digerir o que están llenos de químicos y no lo sabemos. Ahí comienza el problema. No estoy en contra de la industria, sirve, pero como tiene sus pro aparecen sus contras.
La tecnología aplicada a los alimentos
Los lácteos que encontramos en el comercio son muchas veces alimentos “a base de leche”, como sucede con otros productos, privados de muchas de los atributos del producto original y quizás con la adición de sustancias para ¿mejorar la digestión? Desde el punto de vista ético por ejemplo, las condiciones en las que vienen criadas las vacas, al ser explotadas, separadas inmediatamente después del parto de su ternero, llenas de fármacos y antibióticos… seguramente no es la leche que bebían nuestros ancestros. En condiciones óptimas, esta vaca producía de 8 a 9 litros al día de leche, y hoy produce más de 20 litros al día, no tiene las propiedades organolépticas de la primera.

La alimentación feedlot, una suplementación por la cual las vacas son engordadas en corrales, en vez de alimentarse de los pastos naturales, o de plantas forrajeras como la alfalfa, hace que consumamos vacas obesas, con exceso de grasa en sus carnes. El ganado de los feedlots se nutre con alimentos balanceados hechos a base de maíz, soja y otros suplementos especiales los cuales una vaca convencional no podría hacerlo. Ni hablar de la gran contaminación ambiental y los problemas sanitarios que puede generar la concentración de una gran cantidad de ganado en pequeñas superficies, cubiertas o no. Lo mismo sucede con el pollo y sus hormonas.
¿Le damos un mal uso a la materia prima? En el caso de los lácteos por ejemplo es la leche, el resto son derivados y por ende deben consumirse en menor medida. Tendemos a meter a todos los lácteos en la misma bolsa pero tengamos en cuenta sólo una característica química: la leche es básica para nuestra pirámide nutricional, alimentos a ser incorporados, y todos sus derivados son ácidos: ahí ya tenemos una gran diferencia que dice mucho.
Con la carne sucede lo mismo: los derivados como salames, fiambres y embutidos tienen adición de sal y los envasados gran cantidad de conservantes y químicos.

El trigo es un alimento óptimo, pero lo utilizamos demasiado y para infinidad de productos, y no al grano original ósea integral. Se consume refinado, y así tenemos galletitas, alfajores y millones de productos en nuestra alacena llenos de azúcares y conservantes. Hoy los estudios científicos y médicos de las dietas sin gluten para pacientes no celíacos demuestran eficacia, no por el hecho de no incorporar al gluten en sí, sino porque el paciente aumenta el consumo de fibras y otros micronutrientes porque elevan el consumo de frutas, verduras, legumbres y otros tipos de cereales diversificando de esta manera su alimentación.
Los nuevos productos que surgen de la industria como las leches vegetales, a su vez también están llenas de conservantes y aditivos. ¿Cómo puede ser que una leche de almendras hecha en casa te dura solo 3 días y una en caja suele durar más de 1 semana luego de su apertura?
Todos estos aditivos debilitan el fuego digestivo, crean toxinas y se acumulan en el cuerpo, llevando lentamente a diferentes enfermedades.

El futuro: una oportunidad, un desafío
El punto está en el equilibrio en volver a los alimentos naturales, productos de nuestras tierras, diversificarlos, consumir frutas y verduras de todos los colores y sabores y aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo nos pide, no nuestra mente o nuestro vecino.
Harinas refinadas, quesos super salados, derivados lácteos, embutidos, leches nuevas conservadas con cantidades elevadas de productos químicos, sales y azucares; productos lights que lo que le sacan de un lado lo agregan en químicos o más y más azúcar: todo esto forma parte de nuestro presente, todo muy alejado de esa comida real y originaria de nuestra tierra que nos proveía los nutrientes necesarios para nuestro día a día.
La vaca nos da la leche y la carne, pero nosotros creamos el resto. La tierra el trigo, pero nosotros lo convertimos en alfajor. El coco el aceite, pero nosotros lo consumimos sin cansarnos y sin variar su incorporación con verduras o frutas, como si no existiera otro.. Y así con todo. La exageración, los extremismos y el mal uso es lo que nos lleva a la enfermedad, que de moda, la enfermedad no entiende nada.
*La autora es médica (MN 133505), especializada en medicina ayurveda, nutrición familiar, health and beauty coach.
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