
Según el primer análisis exhaustivo publicado en la revista médica británica The Lancet, las copas menstruales, productos sanitarios que recogen el flujo de sangre en lugar de absorberlo, son seguros y tan efectivos como las toallitas femeninas y los tampones sanitarios, y además son menos costosos.
Al igual que los tampones, se insertan en la vagina y se deben vaciar cada cuatro a doce horas. Las copas en sí pueden durar hasta 10 años. Los autores de la investigación encontraron que aproximadamente el 70% de las mujeres continuó utilizando copas menstruales una vez que supo cómo usarlas. Los hallazgos demostraron que aunque hay 199 marcas de copas menstruales disponibles en 99 países, las personas aún no saben qué son ni cómo usarlas.
"En los últimos tiempos, las mujeres jóvenes, defensoras del medio ambiente y la ecología, argumentan que las copas menstruales no dejan residuos contaminantes como en el caso de los apósitos y tampones sumado al hecho de que su material es hipoalergénico. Así es que muchas de ellas se convirtieron en entusiastas defensoras de este recurso para sus periodos", sostuvo en diálogo con este medio Beatriz Literat, médica sexóloga clínica y ginecóloga del Departamento de Gineco-Sexo-Estética de Halitus Instituto Médico.

"A nivel mundial, la menstruación puede afectar la educación de las niñas y la experiencia laboral de las mujeres, aumentar su disposición a las infecciones urogenitales si utilizan productos sanitarios de baja calidad e incluso hacen que tanto las mujeres como las niñas sean objeto de violencia sexual o coacción cuando no tienen fondos para comprarlos", señalaron los autores del estudio.
Los mismos encontraron que el uso de la copa menstrual no aumentaba el riesgo de desarrollar ciertas infecciones bacterianas en comparación con el uso de otros productos de higiene femenina y que las copas menstruales no fueron perjudiciales para la flora vaginal natural de las mujeres.
Las ventajas y desventajas
Las copas menstruales proporcionan una alternativa rentable y eficiente a los apósitos y tampones. La evidencia sugiere que, durante un período de 10 años, una sola copa menstrual podría costar entre el 5% y el 7% del costo de las toallitas o tampones. A su vez, producen menos residuos de plástico: durante una década, se estima que una taza crea el 0,4% de los residuos de plástico generados por los apósitos de un solo uso o el 6% de los producidos por el uso de tampones.
Desde una perspectiva médica, los investigadores consideraron que las copas menstruales son tan seguras como el resto de los productos de higiene femenina. En cuatro estudios con un total de 507 mujeres, su uso no mostró efectos adversos sobre la flora vaginal y en los estudios que examinaron la vagina y el cuello uterino durante el seguimiento, no se identificaron daños tisulares.

El nuevo análisis no encontró un mayor riesgo de infección asociado con el uso de copas menstruales. Pero los autores identificaron cinco casos en los que los usuarios de la copa menstrual desarrollaron el síndrome de shock tóxico, una afección potencialmente mortal causada por la liberación de toxinas del crecimiento excesivo de la bacteria Staphylococcus aureus.
Sin embargo, como se desconoce el número total de usuarios de copas menstruales, los autores no pudieron estimar el riesgo en comparación con otros productos menstruales, como los tampones de alta absorbencia, que alguna vez estuvieron relacionados con el síndrome de shock tóxico.
Los investigadores sugirieron que la combinación de un dispositivo intrauterino (DIU) y el uso de una copa menstrual podrían necesitar un estudio adicional. En 13 casos, la eliminación de la copa se asoció con un DIU que se desaloja. También hubo mujeres que reportaron dolor después de usarlo, pero las cifras fueron pocas.

"La necesidad de manipular el dispositivo dentro de la cavidad vaginal en mujeres que son aprensivas a la sangre y la necesidad de contar con acceso a instalaciones sanitarias cuando hay que extraerlo de la vagina para vaciarlo, enjuagarlo y volver a colocarlo, se consideran como algunas de las desventajas", explicó la especialista.
Según los autores de la investigación, la información y el seguimiento sobre su correcto uso podrían necesitar formar parte de los programas de salud menstrual. Por último, su estudio reveló que se informó una dificultad en la eliminación de vasos que requerían asistencia profesional.
"Desde el punto de vista ginecológico, en la medida en que la usuaria mantenga las condiciones de higiene al manipular este dispositivo y no sea aprensiva en tocarse, no existiría una contraindicación a su uso", concluyó Literat.
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