El fanatismo en sí mismo es una distorsión cognitiva de la realidad que va acompañada de una mirada parcial y arbitraria del objeto que lo provoca. Los fanáticos presentan una adhesión incondicional a una causa, dividiendo al mundo en dos: nosotros y ellos.
"Identificar a un fanático no debería resultar difícil. Su convencimiento sobre lo que dice, su forma de hablar, la falta de tacto y la poca paciencia a la hora de intercambiar opiniones denotan fácilmente sobre quién estamos hablando", explicó la escritora y psicóloga Celia Antonini.
Antonini asegura que no hay nada más irresistible que ver a una persona compenetrada, decidida, apasionada y absolutamente convencida de lo que está diciendo o haciendo. Con una pasión que lo desborda, exagerada, profunda y contagiosa y que, casi sin proponérselo, nos invita a un viaje inimaginable.

"Sin embargo, si le damos cabida al fanático, si tomamos lo que expresa como cierto, nos llevará sin escalas al centro de su fanatismo, lo cual puede transformarse en una trampa difícil de manejar. El fanático provoca una suerte de atracción irresistible por la intensidad de pasión ciega que emana. Si se siente atraído, escape, antes de que sea muy tarde".
"Hay que ser una persona muy equilibrada para intentar tener una conversación adulta con un fanático, de cualquier manera, difícilmente se pueda lograr un cambio en la persona, porque el fanático no admite errores, fisuras ni críticas realizadas sobre el objeto de su fanatismo, por lo cual, lo mejor que podemos hacer es no intentar realizar algún cambio en el otro o creer que podemos, de alguna manera, aportarle algún dato que le permita rever su forma de pensar. El fanático es sordo a cualquier cuestión que no coincida con su manera de pensar", advirtió.
Esto se ve con mucha frecuencia en el mundo del fútbol, cuando dos rivales de toda su vida se enfrentan y sus fanáticos se esmeran por mostrarle a su oponente los errores y debilidades de su contrario: "El fanático no escucha. Por definición, es una persona que defiende una creencia o una opinión con pasión exagerada y sin respetar las de los demás".

"Hoy las neurociencias explican el fanatismo como un proceso adictivo, al igual que la obesidad o la adicción a las drogas", reveló la psicóloga. "En el fanatismo, el cerebro busca la recompensa neuroquímica y como en todas las adicciones, cada vez se necesita de una mayor dosis para conseguir el mismo efecto. Sin distinciones sucede por igual en la euforia religiosa, la política o con un gol de último minuto en un partido de fútbol".
Patrick McNamara, director del laboratorio del Neurocomportamiento Evolutivo de la Universidad de Boston, dice: "La dopamina (neurotransmisor del cerebro) juega un papel determinante en los comportamientos de los fanáticos; estos son más una consecuencia que una causa y están provocados por niveles anormalmente altos de dopamina".
"Sea por razones de fe, creencia o neuroquímicas, el fanatismo es un viaje de ida, difícilmente alguien regrese", aseguró la experta. "Por eso es tan importante estar alertas y cubrirnos de cualquier posibilidad de extremismo, religioso, político o deportivo".
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