Juan Matías Loiseau siempre fue Matute entre sus seres queridos y en cuarto grado se convirtió en Tute para sus amigos. Y cuando tuvo que elegir una firma artística no lo dudó. Fue y es Tute.

"No sé qué habrá sido lo primero que agarré, probablemente un fibrón o un crayón. Apenas pude, como todos, empecé a dibujar. Uno empieza a hablar y empieza a dibujar", recordó el hijo de Caloi en esta charla con Infobae en su casa en el barrio de San Telmo que también es su estudio.

Dibujo, humor, poemas, música, hasta un vino propio. La búsqueda y el recorrido por el mundo artístico lo han llevado a múltiples lugares y hoy lo encuentran lanzando Canciones Dibujadas, un proyecto producido por la Universidad Tres de Febrero con 10 canciones compuestas por él y 10 videoclips hechos por distintos dibujantes y animadores: "Como no soy cantante, toco la guitarra, y lo que hice es invitar a un montón de artistas" explica sobre el material que puede verse en un3.tv del que forman parte Ricardo Mollo, Charo Bogarín, Lisandro Aristimuño, Kevin Johansen, Miss Bolivia, Gillespie, Jaime Torres y la Gata Varela entre otros.

Tute en su estudio de San Telmo, mamó desde chiquito el talento de su padre, Caloi, pero se considera un dibujante, no un humorista gráfico (Nicolás Stulberg)
Tute en su estudio de San Telmo, mamó desde chiquito el talento de su padre, Caloi, pero se considera un dibujante, no un humorista gráfico (Nicolás Stulberg)

Desde muy chiquito tuvo la certeza de que quería ser dibujante profesional. Hijo de una artista plástica y un padre dibujante, humorista gráfico al que todo el mundo quería disfrutaba ese mundo: "Me parecía fantástico y me sentía un par a él en ese momento, con muy poquitos años yo también dibujaba. No tenía todavía un estilo ni nada. O sí, probablemente lo tenía más que ahora", reflexionó.

—Y hoy, de aquel niño que se sentía un par de su papá, ¿qué decís: "qué atrevido" o "qué razón tenía"?

—Pienso lo acertado que estaba, no podía hacer humor gráfico porque el humor gráfico en sí es un trabajo intelectual, pero dibujante fui toda la vida. Así que era lícito considerarme un colega de mi viejo (risas), con 4 años.

Tute en pleno proceso creativo. Se considera un buen dibujante de sus propias ideas (Nicolás Stulberg)
Tute en pleno proceso creativo. Se considera un buen dibujante de sus propias ideas (Nicolás Stulberg)

—Vos tenías algo a favor, habías visto en tu papá que se podía vivir de esto.

—Para mí trabajar era dibujar, no era hombrear bolsas en el puerto ni trabajar en un banco. Desde muy chiquito entendí que el arte podía ser un trabajo porque era lo que veía todos los días.

—Diferenciás el trabajo de dibujar al de hacer humor gráfico, ahí aparece una cuestión de un background importante.

—Sí, ahí sí tuve una duda por primera vez en la adolescencia y fue si realmente estaba capacitado para producir humor. No tenía dudas respecto del dibujo porque dibujaba, iba diseñando mis personajes, pero no sabía si podía producir humor. Ahí sí tuve alguna duda, de hecho empecé a estudiar diseño gráfico, rápidamente me di cuenta que todas mis entregas eran dibujadas y tenían humor y ahí me metí en la escuela de Carlos Garaycochea ya habiendo pasado por una previa que fue sentarme a ver si podía hacer un chiste. Me acuerdo una noche que me quedé hasta que salió el sol, saqué un montón de ideas para mi incipiente tranquilidad y me puse a dibujarlas. Con un montón de dibujos lo fui a ver a Garaycochea que me puso directamente en segundo año, hice ese segundo año, un poquito de tercero y ya estaba laburando en los medios. Arranqué temprano.

—¿En algún momento llega la tranquilidad de sentir que siempre vas a tener alguna idea?

—Sí. No es al principio, al principio tenés dudas, decís: "Bueno, si no se me ocurre un nuevo chiste, voy a terminar trabajando en ese banco (risas), teniendo que levantarme temprano", lo cual es el horror para mí, pero después rápidamente te das cuenta de que si salen diez, salen cien, y si salen cien mil y si salen mil, no se van a terminar nunca.

—Hay un ejercicio ahí.

—Hay un ejercicio y como en todo hay un oficio, se va adquiriendo un oficio que en los momentos de falta de inspiración viene a socorrerte, digamos.

Una de las imágenes que ilustran ‘Barcos de papel’ en “Canciones dibujadas”
Una de las imágenes que ilustran ‘Barcos de papel’ en “Canciones dibujadas”

—¿Vale copiarse a uno mismo?

—Vale, por supuesto. Mejor no hacerlo, pero uno siempre apela justamente a mecanismos. No a copiar un chiste porque no tendría sentido, pero sí a mecanismos, a resortes que activan el humor y que uno ya sabe que más o menos funcionan.

—¿Y de los demás? ¿Hasta dónde uno se inspira en cosas de los demás y cuándo está copiando?

—Uno siempre está permanentemente aprendiendo del resto, de los grandes maestros. Y también de los contemporáneos, de los colegas. En mi caso siempre termino atravesado por mi propio filtro. Entonces termina siempre siendo algo propio, a pesar de haber tenido inicialmente una influencia muy grande de algún otro artista.

—Vos leés a Mafalda hoy, a Clemente, y están absolutamente vigentes. ¿Tiene que ver con los ciclos de la Argentina o con el oficio y con hacer las cosas atemporales?

—Por un lado la realidad es cíclica, se repite, y en ese sentido juega a favor de la vigencia de una obra, pero por otro lado creo que a no todos les pasa lo mismo, hay artistas que envejecen más rápido que otros. Los que tienen esa permanencia lo que logran es una conexión con algo de otro orden que tiene que ver con la emoción del pueblo, de la gente. Mafalda está vigente, las páginas del viejo Clemente, esos tipos que han conectado, Leonardo Favio en el cine. Tienen obras que han conectado con mucha naturalidad con la gente y tienen ese changüí, se quedan un rato más.

Tute pasó su infancia en José Marmol, junto a sus hermanos (Tomás y Aldana) y sus padres  María Cristina Marcón y Carlos Loiseau, conocido y admirado como Caloi. Al hablar de su padre se emociona, tanto que en Canciones Dibujadas hay un tema, "Sin querer", que le dedica e interpreta Lisandro Aristimuño y el año próximo editará un nuevo libro, Diario de un hijo: "Por primera vez me animé a hacer una historia autobiográfica. Un relato desde mi nacimiento hasta la muerte de mi viejo. Nuestra relación atravesada por el dibujo".

"Lo extraño, y esta fue una manera de reencontrarme un cachito con él. Dibujarlo fue invocarlo de alguna manera, dibujarme a mí, repetir situaciones, recordar. Fue una experiencia única este libro" dice el dibujante que en la repisa de su estudio tiene un Clemente en cerámica.

—¿Qué te enseñó tu papá?

—Me enseñó de todo, pero para hacer una síntesis te diría que me enseñó el amor por este oficio, me enseñó a disfrutar de esto. Después ha habido un tráfico constante de libros a lo largo de nuestras vidas y de nuestros propios dibujos. Yo siempre enseñándole lo que hacía, él mostrándome sus dibujos. Muchas charlas sobre el laburo, sobre cómo se conciben los trabajos, cómo son las relaciones laborales y ese tipo de cosas.

—¿Estaba orgulloso?

—Estaba orgulloso, sí. Te digo más, el orgullo para mí es una cosa medio automática de un padre y lo digo como padre. Salvo cuando son familias muy disfuncionales o con relaciones difíciles, cuando son lindas relaciones el orgullo es automático. Lo que sentí de mi viejo, y que es superior a eso, es la admiración. Es decir, no era el orgullo este que siento cuando voy a ver a mi hija que toca el arpa, hace seis notas y para mí es como si hubiera visto un concierto de Mozart. La admiración es otra cosa, yo llegué a sentir la admiración de mi viejo hacia mí, por un camino distinto, después de muchos años de influencia suya, por resoluciones distintas, por ideas encaradas de modos distintos a como lo hacía él, y lo veía francamente interesado y admirado en muchas ocasiones. Así que eso fue muy lindo de sentir.

Tute a solas con Tendencias (Nicolás Stulberg)
Tute a solas con Tendencias (Nicolás Stulberg)

—Tuviste en el recorrido la fortuna de poder empezar a trabajar rápido en el mundo del arte.

—De chico laburé en una radio de las llamadas truchas a fines de la década del 80. Pusieron una radio a la vuelta de mi casa en José Mármol, zona Sur del Gran Buenos Aires, FM Suburbana. Y ese fue mi primer trabajo con sueldo. Era operador técnico, después pasé a hacer programas de radio. Después vendí huevos con un amigo. Creo que nunca gané tanta guita como cuando vendía huevos (Risas).

—¿Deja más la venta de huevos que el humor gráfico?

—Deja más la venta de huevos, deja mucho.

—¿El humor gráfico deja?

—El humor gráfico sirve para vivir, sí, claro. No sé, nunca vas a amasar una fortuna; bueno, podés también, no es mi caso.

Una de las últimas viñetas que publicó en pleno proceso creativo (Nicolás Stulberg)
Una de las últimas viñetas que publicó en pleno proceso creativo (Nicolás Stulberg)

—Fuiste más allá del humor gráfico, porque escribiste poesía en algún momento.

—Sí, te fui contando cómo era mi espíritu inquieto de chico. De venta de huevos a pasar a ser operador técnico de una radio, después hacer programas, lavaba autos, cualquiera de las cosas de pibe. Pero ya estaba este espíritu inquieto que persiste. Voy abriendo distintas puertas. Me gusta mucho eso, jugar a probarme en otros ámbitos. Con el tiempo fui sintiendo que no era tan ajeno a esos espacios, que el arte más bien es uno solo con distintas puertas, sí.

—¿Y a la música cómo llegás?

—Primero hice poesía y edité unos libros. Después cine y dirigí unos cortometrajes. Finalmente un amigo me invita a ponerle letra a una música suya, un tango; lo hice y a partir de eso se generó un entusiasmo enorme por seguir haciendo canciones. Me empezaron a surgir melodías, sin ser músico. Entonces empecé a grabar esas melodías y empecé a ponerles letras a esas melodías ya fuera del tango.

—Y llegó Canciones dibujadas.

—Fui haciendo mis propias canciones y terminó convirtiéndose en este proyecto audiovisual que es por un lado un disco y por otro lado videoclips.

—Invitaste amigos a cantar porque a esa parte no llegaste.

—No me animé, todavía no me animo, pero no pierdo las esperanzas. Por ahora lo que hice es invitar a gente que quiero y que admiro a que hagan mis canciones, y yo feliz.

—¿Los dibujos son todos tuyos?

—No, los dibujos lo mismo, yo participé en dos y los otros ocho son ilustradores que invité, está Luis Scafati, Ed Carosia, El Sike, Max Aguirre, Aldi mi hermana, Aldana Loiseau.

Canciones Dibujadas – Tute – Sabana esperanzada
Canciones Dibujadas – Tute – Sabana esperanzada

—Hay un proyecto ahí muy colectivo, impulsado por vos pero muy colectivo de gente que me nombrás y siento muy talentosos por un lado y amigos por otro.

—Sí, en muchos casos amigos, en otros no, por ejemplo a Lisandro (Aristimuño) no lo conocía. Lo invité y lo invité además a que interpretara una canción muy particular dentro del disco que yo le dedico a mi viejo, y se lo tomó tan, pero tan hondamente el encargo que parece que fuera a su padre al que le canta. Es una maravilla. Después le dediqué una canción a mi hija mayor, a Dorotea, hay una canción dedicada al paso del tiempo que la canta Víctor Heredia a dúo con Matías Padilla. Hay una especie de canción con aires de jazz que canta Inés Estévez a dúo con Hernán Lucero. Quedó lindo.

—¿En qué momento entendés que una canción o un dibujo está terminado?

—Hay un momento en el que uno dice: "Ya está, esto no lo puedo mejorar de ninguna manera. Es más, si lo sigo toqueteando, sea un dibujo, una canción, una escultura, una pintura, lo voy a estropear". Eso me funciona bastante bien. Conozco casos de dibujantes que hay que sacarles el papel porque si no terminan estropeando y son súper vistosos. Yo en algún momento siento que está concluido, digamos, que la canción tiene las mejores palabras que encontré y que pude encontrar, seguramente siempre perfectibles pero no por mí.

—¿En el proceso del humor gráfico qué nace primero, el texto, el chiste que querés contar va antes que el dibujo?

—En general sí, pero a veces es el camino inverso, y esas suelen ser las ideas más voladas, las que aparecen a través del dibujo.

—Los dibujos se hacen todos a mano primero, se escanea y después se editan en la computadora. ¿Cuántos bollos se hacen, cuánto va al tacho de lo que uno dibuja?

—No mucho en mi caso, pero porque le doy mucho espacio al accidente. Dentro de mis páginas dominicales ya el lector está acostumbrado a ver tachones, o dobles finales y ese tipo de cosas. Confío mucho en lo que sale inconscientemente, esos primeros dibujos no están atravesados por la razón, por los pruritos, los cuidados. Es como un dibujo más inconsciente, como esos dibujos que uno hacía antes cuando hablaba por teléfono en la época en que los teléfonos tenían cable que siempre había un anotador y uno estaba medio hueveando.

“Llegué a sentir la admiración de mi viejo” dice Tute a solas con Infobae (Nicolás Stulberg)
“Llegué a sentir la admiración de mi viejo” dice Tute a solas con Infobae (Nicolás Stulberg)

–Veo un vino con etiqueta tuya acá, ¿cómo nació?

—Son otras puertas que se abren también. Marcelo Peleritti, que es un gran enólogo argentino que hace vinos acá en Mendoza y en Francia, y me invitó a hacer un vino. Yo me conformaba con dibujar la etiqueta, nomás, pero me invitó a que yo eligiera las cepas del malbec. Fuimos mezclando y armando a mi gusto. Así que tengo ahora mi propio vino. Enteramente dibujado, con una etiqueta que abraza la botella casi completamente. Y además pedí que la cápsula, el capuchón que lleva arriba, fuese blanco para dibujarlo también. Así que está todo dibujado. ¡Y es riquísimo!

—Humor, libros, disco, vino propio, la próxima vez que hablemos ya vas a estar cantando si seguís en esta búsqueda.

—Ojalá. Vengo muy de atrás. A pesar de que tengo un gran profesor de canto y una buena profesora de música, vengo muy atrás y soy muy tímido. El humorista gráfico, el dibujante, es un tipo que se mueve por los bordes, lo del frontman no me va. Por ahí me animo a grabar  en un estudio tranquilo alguna canción.

ENTREVISTA COMPLETA: