
"Quedarse sentado en casa es perder el tiempo", "¿Hasta cuándo te vas a quedar en tu casa sin hacer nada?". A lo largo de los últimos años, se gestó una cultura de "condena" al descanso. Se desarrolló una tendencia a estigmatizar la procrastinación.
La velocidad, el esfuerzo, el sobreesfuerzo y el buen rendimiento se instalaron en los últimos tiempos como los pilares que se deben perseguir para poder desarrollar un perfil exitoso, tanto en lo profesional como en lo personal.
La realidad es que existe poco espacio para poder darle la importancia que se merece a ese lapso diario en el que las personas pueden elegir "perder el tiempo". Y así, surgen diversos interrogantes: tener la cabeza despejada, ¿no ayuda luego a ser más productivo a la hora de encarar un proyecto?, ¿El tiempo de descanso no es una parte más del desarrollo de un perfil productivo?
Infobae consultó a la psicóloga clínica y escritora Alicia López Blanco para poder indagar en esos lapsos del día del "tiempo muerto" y tratar de detectar por qué la sociedad condena con tanta vehemencia los períodos de ocio. Tiempos en que la palabra relajación se asemeja más a un lujo que a una necesidad para el ser humano.
"La velocidad representa una manera de no enfrentarse a lo que le pasa al cuerpo y a la mente. Es un modo de evitar las preguntas importantes" afirmó la especialista, autora del libro "Mi cuerpo, mi maestro".
"Hay una aceleración de los tiempos, planetarios. Todo es mas rápido, hasta en la historia de la humanidad, antes todo era más lento. Incluso para las distancias, se tardaba días y días para llegar a un lugar. También se acortaron los tiempos de las expectativas, esa idea de que vamos a tardar menos en hacer las cosas nos produce una cierta ansiedad por lograrlo, por hacerlo", explica la experta.
López Blanco sostuvo que la enorme cantidad de estímulos recibidos en el día a día, ya sea por las relaciones directas como por la influencia de los dispositivos electrónicos o internet, terminan por alejar del eje a los individuos. "Estamos muy acelerados, bombardeados por estímulos. No estamos en el aquí y ahora del lugar. Estamos transportados virtualmente a varios lugares a la vez y eso, a la larga, generará mucho estrés".

La psicóloga resolvió que la sociedad actual impone valores como el del éxito o una juventud productiva y eso se traduce en presiones difíciles de controlar y de hacer frente para muchas personas. "Se quiere lograr todo ya. '¿Para cuándo querés algo?… Para ayer'. Es como correrle una carrera a la muerte. Vivir ganando un tiempo irreal", detalló López Blanco.
El saldo de no poder disfrutar del descanso sin ser condenado no sólo genera una sensación de malestar y presión constante. Las consecuencias de las "imposiciones sociales" también pueden conducir a problemas de salud, como trastornos en la presión arterial, incremento del riesgo de enfermedades cardíacas o de caer en trastornos psicológicos. "Hay que estar atento y saber quererse a sí mismos. La velocidad en la que vivimos desgasta la salud, la productividad y la calidad de vida y si eso no se tiene en cuenta a tiempo, puede provocar problemas desagradables e inesperados", sentenció López Blanco.
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