Expreso Imaginario, la publicación que creó una manera de hacer gráfica en Argentina
Expreso Imaginario, la publicación que creó una manera de hacer gráfica en Argentina

Viernes 6 de agosto de 1976. El editorial del primer número, ya apostado en los quioscos, rezaba: "No apunta a galaxias y planetas exóticos. Sólo intenta recorrer su viaje por los espacios no anquilosados de la mente, que todavía conserven a través de la música, la poesía y el amor, la frescura suficiente para contener sentimientos de vida". 10 mil ejemplares de una revista que se proponía ensanchar, aunque sea en forma disimulada, los límites de la dictadura más despiadada de nuestra historia, acaecida tan solo cuatro meses antes. Nacía el Expreso Imaginario.

"Pistocchi nos convenció a todos. Más bien, nos enamoró", contó Pipo Lernoud en una charla concedida en la cúpula del Centro Cultural Kirchner (CCK), con motivo de los 40 años de la publicación. En la cabeza brillante de Jorge Pistocchi había germinado la idea de una revista alternativa un par de años atrás, pero su salida se demoró entre la búsqueda de financiación y el armado del staff.

Claudio Kleiman, Pipo Lernoud y Alfredo Rosso ( Laura Szenkierman)
Claudio Kleiman, Pipo Lernoud y Alfredo Rosso ( Laura Szenkierman)

Cuando por fin el equipo ya estaba consolidado y la financiación apareció, de parte del abogado Alberto Ohanián –también representante de Almendra-, las fuerzas armadas tomaron el control y la publicación entró en suspenso. Lanzar una revista contracultural, que se riera del poder, bajo una dictadura implacable era, cuanto menos, temerario. Después de una reunión cumbre entre los entusiastas a cargo del proyecto, acordaron evitar temas vinculados a drogas, sexo y religión y, tras la fachada de una "revista de rock", salieron a las calles.

Expreso Imaginario abordó los temas más diversos. Tópicos que jamás se habían tocado hasta ese entonces, con un rigor periodístico tan alto que las notas superaban por amplio la margen la media de páginas. El rock se erigía como el pilar en la sección "Mordisco", pero "Guía práctica para habitar el Planeta Tierra" introducía el interés por la ecología, se hablaba además de culturas indígenas, de filosofía oriental, de folclore, de los albores del punk, de literatura, entre tantos otros.

La revista no buscaba imponer una bajada de línea, sino que ofrecía un punto de vista diferente para la época. "Nos sentíamos más comunicadores que jueces", apuntó Claudio Kleiman, otro de sus redactores. Los temas más corrosivos se edulcoraban para hacerlos pasar el filtro de la censura imperante. Más allá de algunas visitas de los servicios de inteligencia, "hombres de traje, corbata y anteojos negros" que se acercaban a curiosear, no sufrieron ninguna amenaza explícita.

El staff durante sus primeros años
El staff durante sus primeros años

"Pocas veces se habla de la imbecilidad del Proceso. Había un diccionario de palabras prohibidas entre las que estaba, por ejemplo, 'aguja'. Como si a un tipo por leer 'aguja' le dieran ganas de inyectarse droga", comentó el periodista Alfredo Rosso. "Si no hubieran sido tan tétricos, hasta causaría gracia".

En tiempos en los que el miedo sobrevolaba las calles, a través del correo de lectores, los seguidores de Expreso Imaginario –ahora un número mayor- encontraron una morada en donde expresar sus opiniones sin miedo a represalias, un refugio en donde estrechar vínculos con colegas de inquietudes hasta ese momento desconocidos. Así lo señaló Kleiman: "La dictadura había destruido los lazos de comunicación y nosotros, en parte, aparecimos para saldar ese vacío". Y Lernoud agregó: "La revista fue un nexo entre gente que se sentía aislada".

La revista innovó también desde su costado estético de la mano del multifacético Horacio Fontova. El Negro, además de talentoso dibujante, tenía conocimientos de diagramación, lo que fue un valor agregado inestimable. Entre las tapas más recordadas del Expreso, resalta la de su número 26: el tomatazo a John Travolta. Según Rosso, el protagonista de Fiebre de Sábado por la Noche simbolizaba "la cara de una cultura de estupidización" que se pretendía imponer. "En realidad ese tomate iba destinado a los militares, pero nunca lo entendieron", acotó.

La famosa tapa del tomatazo a Travolta
La famosa tapa del tomatazo a Travolta

En la búsqueda de optimizar recursos, en una revista que pese a su crecimiento no llegaba a sobrepasar en sus ingresos los costos de publicación, Ohanián quiso sumar anunciantes. La respuesta que recibió grafica al detalle el pensamiento de la época: "Las empresas no querían que sus productos se asociaran con jóvenes melenudos probablemente drogadictos", recordó, entre risas, Lernoud, quien asumió la dirección tras la renuncia de Pistocchi por diferencias con el empresario.

Desde Rosario, un joven de solo 15 años, un tal Rodolfo Páez –que más tarde sería conocido como Fito- aportaba sus colaboraciones, más que nada por el pase libre a recitales que implicaba la preciada acreditación del Expreso. "Ya ahí se notaba que escribía bien", coincidieron los tres colegas.

La última etapa de la publicación tendría al mando a Roberto Pettinato, que se había sumado a la redacción a través de una carta de lectores firmada bajo el seudónimo de Laura Ponte. La revista, bajo su dirección, se volcó de lleno al rock y abandonó la esencia primaria del Expreso; su afán original por traer a la agenda nacional cuestiones que nunca se habían discutido, ni siquiera considerado.

Ya con su objetivo inicial trastocado y los números en rojo, el número 78 de Expreso Imaginario en 1983 fue el último. Como si se lo hubiera propuesto, acompañó los siete años que duró la última dictadura. Los ridiculizó sin que ellos se dieran cuenta. Se adelantó a su época con la pluralidad temática. Fue un espacio de libertad cuando reinaba la opresión. Cobijó un colectivo grande de jóvenes desorientados y aislados. Exploró una forma distinta de hacer periodismo. Quiso ser una revista de culto y lo logró. Por eso, se habla de ella 40 años después.