La entrevista de Pamela David con Pilar Sordo (Video: PamLive)


En esta serie de fenómenos o nuevos sucesos que caracterizan a estos días, escenario de un cambio de época quizás nunca antes visto -habida cuenta de que afecta a todo el planeta por igual, casi sin distinciones-, Pilar Sordo menciona una circunstancia que la afecta, al igual que a sus colegas. “Está pasando algo a nivel terapéutico -advierte-. Descubrimos que es poco frecuente que nos toque contener el proceso que nosotros también estamos viviendo, al mismo tiempo". Porque todos somos protagonistas involuntarios de la pandemia. Actores y receptores involuntarios de los alcances del COVID-19, que van mucho más allá de la salud. Están las emociones: incertidumbre, miedo, angustia. Y frente a tanta incertidumbre, resulta más que valiosa la mirada de la psicóloga nacida en Temuco, Chile. Y la aporta en esta charla con Pamela David para PamLive, su ciclo de entrevistas online.

—Pilar, hablás de ponerle amor al otro, de hacer algo por el otro; frenar y poner amor. ¿Cómo es eso? ¿Arrancamos la charla por ese lado?

—Llevo dos meses sola, en la soledad mas absoluta. Mis hijos viven solos hace rato. Y en este proceso de reinventarme desde lo laboral y lo emocional, de encontrarme con las luces y las sombras que estas cosas producen, me he puesto a estudiar. Me acuesto a las 2 de la madrugada y me levanto a las 6, estudiando todos los fenómenos pandémicos. Todos los días a las 14 recibo información sobre todo lo que está pasando a nivel emocionar en América Latina. Y en una de las tantas conversaciones, empezamos a ver que estamos súper centrados en el miedo individual: “Voy a perder mi trabajo", “Mi papá está encerrado”, "No puedo ver a mis hijos”.

—Centrados en el yo, y en el miedo.

—Creo que esto se soluciona en comunidad. Así como se soluciona el “yo quedarme en casa, para no contagiar al otro, aunque no lo conozca; me cuido para cuidar”, también se soluciona volviendo a tejer un tejido social que siento que está súper quebrantado en el mundo. No tiene que ver con la solidaridad de “ser bueno”, sino con la justicia social. Eso pasa por el amor. Pasa por preocuparme por si el vecino del departamento de enfrente necesita algo. El aislamiento no debería producir daño; lo que produce daños es el silencio.

Es normal que todo sea extraño e inestable. Eso está bien. Solo hay que aceptarlo para transitarlo

—¿Pero cómo lo hacemos? ¿De qué manera rompemos el silencio?

—Con preocupación activa: videollamadas, conversación, preguntando como está el otro. Que se establezcan redes de contención, de alimentos. Aprender a decir “no me alcanza el sueldo”. Aprender a pedir ayuda. Dejar los egos atrás. Ser comunidad y establecer tribus es un llamado que este virus nos produce. Este proceso es intrínsecamente inestable. El día tiene 25 matices: te despertás bien y a la tarde ves que se te acabó la energía. Podés querer comer mucho, o poco. Dormir mal. Todo eso es normal. Yo le pido a la gente que deje los diagnósticos. Me impresiona la cantidad de gente que está autodiagnosticándose. Los diagnósticos generan profecías auto cumplidas. Es normal que todo sea extraño e inestable. Eso está bien. Solo hay que aceptarlo para transitarlo.

—Sentirnos inestables está bien, es el proceso de la humanidad. Y una vez que sabemos que estamos inestables, ¿que podes hacer? ¿Que herramientas o tips podemos tener?

Yo elaboré el “Glosario del coronavirus” , y las dos palabras más importantes en las que deberíamos trabajar son la aceptación y la flexibilidad: aceptar no implica resignarse. Solo puedo controlar mi actitud y que debo ser lo más flexible posible. Quien peor lo pasa es la gente mas controladora, rígida, perfeccionista, autoexigente. Esa gente la está pasando mucho más mal porque le falta navegar por las emociones que esto trae. Tenemos dos enfermedades que yo inventé y creo, son las enfermedades de este tiempo: “Exceso de futuro” y “Exceso de pasado”. Estar todo el tiempo en el adelante o en el atrás.

—El exceso de futuro hoy es incomprobable. Y en el pasado, cicatrizar heridas viejas. ¿En este momento sirve hacerlo?

—Es que van a aparecer todas. Yo siento que esto está lleno de símbolos. Creo que no nos mandaron a la casa físicamente, sino que nos llamaron a la “casa interna”, que requiere orden, limpieza, desinfección. Por lo tanto el cómo yo hago ese viaje interno, va a facilitar que nos encontremos con sombras y luces. Veamos qué hacemos con eso. Yo me di cuenta de que hay cosas que creía tener superadas y no las tengo, y hay cosas que pensé que no y que sí las tengo superadas. Es una oportunidad que, quien la quiere tomar, va a salir distinto de este proceso. Hay un tercio de esta población que no va a hacer nada, porque vibra más abajo: teniendo la oportunidad de subir el nivel de conciencia, no lo ha hecho.

—¿Hacés terapia, Pilar?

—Yo, como paciente, sí. Y como terapeuta, empecé a atender pacientes online, así que me re encontré con la terapia, en algo que dije que nunca iba a hacer.

—Hablan de depresión. Entonces, una vez que localizamos que algo nos pasa y entendemos que está bien, que así sea, ¿qué hacemos con eso? ¿Cómo atendemos al cuerpo?

—Lo primero es esperar que el cuerpo responda. El cuerpo nunca miente y tiene información nuestra hasta de los abuelos. Qué me quiere decir el cuerpo cuando tengo taquicardia, dolor de estómago. En América Latina están pasando tantas cosas, hay tanta limpieza de honestidad. Hay un sin número de encuentros: gente que estaba divorciada y que puede reencontrarse, mirándose distinto, sentándose con sus hijos, ver si los educaron bien. Gente que se da cuenta que no quiere seguir trabajando en lo que trabajaba antes. Gente que le encantó el teletrabajo y que quiere seguir en esa pauta, o gente que muere por volver a su oficina. Gente que se quedó sin trabajo. Madres y padres que sacan a sus hijos de colegios y van a brindar educación homeschool. Hay una serie de cuestionamientos que hacen relucir los mandatos que tenemos. Gente que la esta pasando bien en la cuarentena.

—¿Cómo detectás la culpa?

—La culpa es un freno, es un stop. Es un sentimiento tan ineficiente... Uno puede ser responsable pero no culpable. Puedo ser responsable de sentir que estoy comiendo más harina, pero no soy culpable de estar haciéndome daño. La culpa no es compasiva ni amorosa, tiene mucho de auto latigazo.

—Sabemos que hay muchas rupturas y separaciones. ¿Habría que esperar a que pase esto?

—Depende de la historia. Hay parejas que entraron a la cuarentena y sabían que no iban a seguir juntas, y deben esperar a que esto termine. Hay otras que se dieron cuenta dentro del proceso de cuarentena que no va más. A mí me tocó acompañar procesos de separación en este momento que han aprovechado para limpiar, y me tocó acompañar a parejas que, cuando esto pase, verán si lo que sienten se mantiene post proceso. Eso es súper relativo, individual. Aquí todo es individual, no hay paradigmas. Cuando veo el Instagram de otras personas siento que no estoy haciendo nada de lo que debería hacer. Como una cosa de cuarentena perfecta donde todo el mundo está fit y contento haciendo TikTok. O sea, eso no va. La toxicidad de la información es otro elemento a elegir y procesar: lo que yo permito que entre en mi cabeza durante el día es clave.

—¿En el encierro se destapa o se dispara la agresión que antes no estaba a la vista?

—Habría que preguntar qué destapa el enojo; lo más probable es que haya tristeza. Quizás haya que desarrollar la paciencia y la confianza. No me quedaría con la cáscara de la rabia, buscaría algo más adentro. Quedándonos con lo superficial no ayuda; hay que rascar, bucear. Claro que no es cómodo y puede ser doloroso, pero hay que aprovechar la oportunidad para sanar, para tomar decisiones que nos lleven una paz interior. Me daría mucha tristeza ver a la humanidad (salir de la pandemia) tal cual como entró. Creo que hay tercios. Hay un tercio que no entiende mucho. Otro que no necesita al coronavirus, que entendió que el consumo no es lo más importante. Y hay otro tercio que es el tercio que está inquieto, que es con el que trabajo. Me daba mucha angustia ver en París la imagen de las colas para entrar a a los locales. ¡Dios santo, no se entendió nada!. Hay un tercio que todavía tiene carencias.

Uno muere de acuerdo a como ha vivido, por eso uno enfrenta a esta pandemia como ha vivido: si fui temerosa, insegura y ansiosa, voy a ser insegura, ansiosa y temerosa

—Me queda la sensación de que esto es un baldazo, un shock de conciencia, que nos invita a entender qué es lo que queremos y lo que no queremos.

—Eso debería producir, sí. En las investigación que hago concluyo en que existen tres tercios: uno que no necesita porque vibra más alto; un tercio muy bajo que no entiende, no puede optar por elegir o aprender; y hay otro tercio que es con el que yo trabajo, que se mueve y está con la sensación de que se puede transformar la vida para siempre. Hay muchos procesos que se están evidenciando, de cómo la pandemia la pagan los de siempre.

—Hay muchos mensajes de agradecimiento. Nos dicen: “Me cuesta expresar lo que siento”. ¿Qué tips les podemos dar a esas personas que no tienen la capacidad de expresarse?

—Al final del día, estando sola o en familia, de forma escrita o verbal, tener la posibilidad de eliminar lo que me dio rabia, tristeza, miedo y alegría. Si me cuesta hablarlo puedo hacerlo escrito, y si estoy en familia lo puedo hacer escrito y luego leerlo. Lograr drenar lo que me pasa: si tengo ganas de llorar, llorar y drenar esta emoción, o escribir estas cuatro emociones que me pasan. Funciona muy bien en las familias, sobretodo con hijos adolescentes que están hipertecnologizados, y que hay que insistir y motivar los espacios de conversación con ellos.

—Alguien nos escribía que tiene tres hijos, y que cuenta con menos tiempo que antes. ¿Cómo hace para encontrar el tiempo y ese famoso viaje interior?

—Lo primero que hay que definir es por qué no hay tiempo. Lo más probable es que exista una mala organización en las funciones de la casa. Lo primero que hay que ordenar es la redistribución de la casa, y eso rompe códigos de patriarcado. Hay nenes de un año y medio que ya funcionan con esa redistribución, con sus hermanos; creo que eso es clave. Debe haber espacios colectivos, donde, sin tecnología, se compartan esos espacios. Esos espacios individuales nos tienen que permitir hacer lo que tenga ganas de hacer.

—Imaginemos una familia de cuatro personas. ¿Cómo hacemos para que el otro respete los espacios, el tiempo común e individual? ¿Se plantea de frente?

—Se sienta la familia entera, se pautan las obligaciones, en la mesa no se toca el celular. Se habla explícitamente: “Esto es lo que hay que hacer, todos vamos a colaborar”. Redistribución de funciones en la casa. Lo que está pasando es que los adolescentes de quedan hasta las 3 de la mañana con el celualr; entonces, con los horarios cambiados, no hacen nada. En un grupo de familias latinas en Estados Unidos hay “requisa de celular”: se los quedan a la noche y se devuelven al otro día.

—La redistribución de las tareas, los tiempos y espacios; me lo anoto como tip. ¿Es importante tener una rutina armada?

—Sí, pero con toda la flexibilidad del mundo. Por ejemplo, yo me puedo proponer hacer ejercicio, pero estoy sola: tengo que autoabastecerme, limpiar, está mi trabajo, más lo extra. Hoy día tengo que hacer 10 videos de contención para América Latina. Ahora, si yo tengo anotado “pasar aspiradora”, lo mas probable es que al final del día diga “aspiradora, chau”. Tengo que priorizar a qué le quiero dedicar más tiempo y cuándo de verdad me dedico a mí. Incluso hasta cuándo atender a mis pacientes. Está pasando algo a nivel terapéutico: los terapeutas estamos muy cansados. Descubrimos que es poco frecuente que nos toque contener el proceso que nosotros también estamos viviendo, al mismo tiempo. Yo me estoy sosteniendo a mí misma, con mi angustia, mi ansiedad, y al mismo tiempo, estoy sosteniendo a un montón de personas. Hay veces en que no soy capaz de sostenerme yo, y hay días en que he tenido que suspender, porque no puedo con lo mío. Esto requiere de mucha auto observación. Y la aceptación y el amor que uno coloca a eso que hace, qué prioriza, si es o no tan fundamental pasar la aspiradora hoy día. Quizás hoy no me lavo el pelo, pero si bañarme todos los días. Por un tema de codificación de endorfinas, es necesario.

Esto es un colador emocional terrible

—No es negociable, y es bueno y saludable para todos, arrancar el día con el baño, cambiarse y estar activo.

—Sobretodo los que tienen tendencia a mirar todo negativamente, que han tenido depresión, esas personas están obligadas a hacer su cama, a levantarse, cambiarse, sacarse el pijama, ponerse jeans. Con la ropa ancha perdemos la conciencia de cuerpo.

—Hay gente que intentó reestructurar su hogar pero no lo logró. ¿Cómo se hace para que te respeten? Porque el respeto es para todos...

—Hay que preguntarse por qué no se pudo lograr. Si uno no fue capaz de poner límites por años, y en las mejores condiciones, y no logré que mi hijo entendiera que tiene que hacer su cama, obviamente en esta situación nos va a costar hacerlo. Esto no es magia. Esto responde a que uno muere de acuerdo a como ha vivido, por eso uno enfrenta a esta pandemia como ha vivido: si fui temerosa, insegura y ansiosa, voy a ser insegura, ansiosa y temerosa. A no ser que aproveche esta oportunidad para sanar.

—¿Y con los adolescentes que no se pueden dormir, que no quieren hacer la tarea, que no pueden liberar energía porque no tienen la actividad física de antes?

—Hay que hablar con él: qué le pasa, por qué está tan molesto, por qué no puede entender que tiene que colaborar. A lo mejor no va a tener todo lo que quería tener, no va a tener graduación, no pude ver a sus amigos, festejar su cumpleaños. Esto es un colador emocional terrible. Hay que meterse en el alma del adolescente. El adolescente se va a comportar conmigo como cuando tiene cinco años; la que tiene que modificar la pauta soy yo, como madre.

—En este tiempo, ¿trabajaste un eb nuevo libro?

—Acaba de salir uno: “Un segundo de coraje”. Y estoy trabajando en dos libros, vamos a ver cuál sale primero, para este proceso del coronavirus. Voy a escribir un libro sobre todo esto, falta mucho de investigar.

—“Un segundo de coraje”: envalentonarnos...

—El libro iba a ser de respuestas a preguntas de la gente que me hicieron durante 30 años. Me di cuenta de que había una frase en común de todas las consultas en todos los capítulos y es “un segundo de coraje”. El gran tema del sigo XXI es el “para qué”, la búsqueda de sentido, el sentido de trascendencia, el sentido de las cosas.

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