Sid Vicius, en 1977 (Foto: Richard Young / Shutterstock)
Sid Vicius, en 1977 (Foto: Richard Young / Shutterstock)

En un aeropuerto, en medio de una gira, Sid Vicious reconoció a Agnetha Falkskog y a Fryda Lyngstad, las cantantes de ABBA, y como las admiraba corrió a saludarlas y pedirles un autógrafo. Las cándidas músicas suecas se quedaron heladas al ver a ese punk inglés, un muchachito rebelde y desprolijo, que amablemente requería su atención como cualquier otro fan. Esa frescura de la juventud se combinaba en el ex bajista de los Sex Pistols con un alma vieja. Apenas tenía 21 años cuando murió, el 2 de febrero de 1979, pero ya había vivido más de una vida.

Nació el 10 de mayo de 1957 bajo el nombre de John Simon Beverley (el apellido de su madre) o Ritchie (el apellido de su padre biológico). En su primera entrevista con un medio británico no dudó en vaticinar: “Probablemente muera antes de llegar a los 25, pero habré vivido de la manera que quería”. Su infancia anunciaba que su vida no iba a ser la más fácil y tampoco la más aburrida. Cuando tenía dos años viajó de Inglaterra a Ibiza, España, con Anne, su madre. Su papá, que trabajaba como guardia de seguridad en el Palacio de Buckingham, prometió seguirlos. Nunca lo hizo.

En La Historia del Punk (2008), su autor Phil Strongman cuenta que el padre de Sid había quedado en girarles dinero y esa promesa tampoco se cumplió. “El dinero nunca llegó, y cuando el dinero no llega, sabes a ciencia cierta que el hombre tampoco lo hará”, dijo Anne. El libro de Strongman detalla el comienzo de un camino errante por el que madre e hijo irían perdiendo la cordura: “Con el corazón roto, (Anne) compró un poco de hachís, del que vendió parte a los turistas adinerados, antes de regresar a Londres a mediados de los 60”.

De vuelta en Gran Bretaña, la mujer se dedicó a vender drogas como había aprendido a hacer en España y pronto se convirtió ella también en una adicta. Beverley se mezclaba con músicos en relaciones pasajeras, perdida en la mala vida y descuidando a su único hijo, que iba forjando una personalidad alimentada por la bohemia y la desprotección. “Anne estaba en una bruma de heroína la noche en que un Sid de 12 años mató a su primer gato, en un desesperado y sangriento intento de llamar la atención de su colocada madre”, revela Strongman, dejando al descubierto los crudos años de la infancia de Vicious.

La adolescencia encontró a Sid guapo e irreverente: se vestía como quería y ya se relacionaba con el mundillo punk que estaba poniendo todo patas para arriba. Así conoció a Malcom McLaren, que -junto con Vivienne Westwood- manejaba la tienda de ropa Sex, parada obligada de la moda no-moda que estaba causando sensación entre los jóvenes británicos. John Lydon (más conocido como Rotten) también andaba por ahí, y se hicieron amigos antes de compartir banda. Fue recién en 1977, y con la salida de Glen Matlock, que Sid Vicious (bautizado así por Rotten en honor a un hámster que tenía) entró en Sex Pistols –la banda de la que McLaren era manager- para tocar el bajo. Apenas sabía algo de música, pero era un punk con todas las letras. Eso bastó para quedarse.

En 1994, el histórico representante del grupo declaró en el periódico británico Evening Star: “Sid tocaba tan mal que teníamos que poner a un músico detrás de los altavoces para que tocara su parte al bajo, normalmente a alguno de los roadies (los trabajadores que ayudan al montaje de las giras)”. Sí estaba claro que cantaba, aunque secundando a Johnny, de modo que su imagen era mucho más importante que su talento.

Sid Vicius, con un grupo de fans
Sid Vicius, con un grupo de fans

Mientras se ganaba su lugar en el grupo, Sid se iba acercando cada vez más a una chica peligrosa. Medio groupie, medio estrella, Nancy Spungen llegó presentada por Rotten y enseguida conectó con Vicious. Con el tiempo, el cantante de los Pistols declararía que ella era una mala persona en incluso se animó a culparla por la adicción de Sid, aunque la joven también estaba enferma. Juntos entraron en la heroína y no salieron más. Esta espiral descendente alejó al músico de Sex Pistols y decidió que su carrera sería solista. Sid y Nancy abandonaron Europa y se instalaron en el hotel Chelsea de Nueva York, después de una caótica gira de la banda por los Estados Unidos.

El 12 de octubre de 1978, el bajista encontró a su novia desangrada producto de una cuchillada en el abdomen, tirada en el baño de la habitación. Nancy tenía 20 años, Sid estaba demasiado drogado para recordar nada y así se convirtió en el principal sospechoso. Cuando llegó la policía se culpó a sí mismo, luego se desdijo, estuvo detenido y salió bajo fianza, pero con una mancha imborrable en su conciencia de la que nunca pudo deshacerse. Se dijo que el asesinato de Nancy podría haberse tratado de un ajuste de cuentas, en manos de un dealer resentido, o incluso podría haber sido producto de alguna locura de otro yonqui suelto. El caso nunca se esclareció.

Sid Vicius
Sid Vicius

Sid quedó solo y desesperado, volvió a caer detenido por protagonizar diferentes episodios violentos, y finalmente, el 2 de febrero de 1979 murió. Se había inyectado una sobredosis de heroína pura. Ya no estaba Nancy para que su entorno le echara la culpa por el descuido, pero sí estaba Anne, su madre, quien posiblemente le haya administrado la medida fatal. Johnny Rotten, quien con los años se mostró bastante antipático con su difunto amigo, dijo años más tarde: “Su madre no le ayudó mucho con lo de las drogas (…) Realmente no tuvo ninguna posibilidad y al final tampoco se ayudó mucho a sí mismo”. Esta declaración puede leerse en Sid Vicious, Icono Salvaje del Punk (2009), el libro que Alan Parker escribió después de entablar una relación casi de amistad con Anne Beverley. En ese mismo libro cuenta la anécdota de Sid y las chicas de ABBA en el aeropuerto.

La vida de Anne duró más, y estuvo sostenida por las regalías que le dejó su difunto hijo, pero su muerte no fue menos trágica. Beverley volvió de vacaciones en septiembre de 1996 con un problema de espalda, que fue empeorando. La situación era mala, sufría de dolores constantemente. “En la tarde del jueves 5 de septiembre de 1996, escribió tres cartas y una nota. La primera carta era para su sobrino David y contenía un cheque por valor de 10 mil libras para poder hacer frente a un funeral y todos los demás gastos. La segunda carta era para Steven Haywood, explicando su decisión, señalando que la policía necesitaría ser informada para poder irrumpir en su casa. La tercera carta estaba dirigida al autor de este libro -describe Parker-, para acabar lo que se había empezado: demostrar la inocencia de su hijo”.

Después de colocarles los nombres de sus familiares y amigos a distintos objetos de su casa a modo de herencia, Anne se preparó un cóctel de codeína, diazepam y alcohol. La encontraron muerta el viernes 6 de septiembre de 1996. Tenía 64 años, y hasta último momento quiso dejar en claro que su pequeño Sid no era ningún asesino.

“Desde su muerte, Sid ha demostrado ser una inspiración para músicos jóvenes en todas partes: el hecho de que apenas supiera tocar anima a cualquiera a coger un instrumento e intentarlo por su cuenta”, reflexiona Parker, y también menciona su influencia en los punks de Estados Unidos como Green Day, Rancid y The Offspring.

Después de un parate de casi dos décadas, en 1996 Sex Pistols volvió a los escenarios, y lo ha hecho de manera intermitente durante el último tiempo, con la formación de siempre, compuesta por Johnny Rotten, Steve Jones, Glen Matlock y Paul Cook. Sid Vicious apenas tocó el bajo en un tema de Never Mind the Bollocks, “Here’s the Sex Pistols” (1977), ya que el resto lo hizo Jones, y no estuvo en el grupo en los últimos 40 años. Incluso podría decirse que su paso fue casi efímero, pero las remeras con su cara se venden más que las de cualquier otro de los Pistols y su imagen es tan icónica como la de la propia reina Isabel II.

"Anarchy In The UK", Sid Vicious & Sex Pistols (Video: Youtube)

Sid Vicious vivió rápido, murió joven y dejó algo más que un cadáver bonito: dejó el legado más punk que se haya conocido.

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