Eugenia Quevedo, con Teleshow

Vino a Buenos Aires desde Córdoba solo con una almohada bajo el brazo, como se lo había pedido su mamá. Y ese consejo encerraba mucho más que el habitual espíritu maternal: sobre ella, cada noche Eugenia Quevedo soñó que triunfaba en la música, como cantante de cumbia. Y lo consiguió, ya con cuatro discos editados. Aunque en un principio no le resultó sencillo: las canciones no le salían, y se sentía sola en la gran ciudad.

Nacida en San Luis hace 27 años, Quevedo dejó muchas cosas atrás. Por caso, una infancia que estuvo marcada por el abuso sexual. Y ya más acá en el tiempo, una pareja que fue violenta con ella. Porque para hoy toparse con la felicidad, Eugenia tuvo que superar demasiado sufrimiento.

—En tus relaciones hablás mucho del desamor…

—He pasado por esas relaciones tóxicas, con esta violencia psicológica que a veces uno no lo entiende, y no se da cuenta porque está muy metido en la relación. El último tiempo fue tremendo: mi pareja tenía una relación, una doble vida, no sé ni cómo llamarlo… Yo sabía que algo estaba pasando, pero sus palabras hacían que eso no sea verdad.

—Aparte, si estás tan enamorada no podés distinguir…

—Llegás a pensar: "¿Si me está diciendo la verdad y yo estoy arruinando la relación, y yo me estoy volviendo loca diciendo esto, aquello y lo otro, y me estoy perjudicando sola?". Uno se empieza a echar culpas de que el equivocado es uno.

—¿Llegó a haber violencia física?

—No, gracias a Dios no. Era psicológica, al punto de decirme: "Si yo te llego a encontrar con otra persona, te mato". Yo lo tomaba como chiste. Es que a veces uno no se da cuenta de esas cosas. Hasta que en este último tiempo vi a todas estas chicas hablando de sus historias, y yo, que jamás me senté a contar nada…

—¿Qué te hacía permanecer junto a una persona que te lastimaba?

—No sé. Estuve mucho tiempo procesándolo, mucho tiempo… Procesarlo y decir: "Esto no es para mí, esta no es la vida que yo me merezco". Necesito dar ese paso, cruzar esa puerta. Pero no me animaba. Es inexplicable. Por eso yo entiendo tanto cuando escucho estas historias, porque a veces es tan fácil sentarse del otro lado y criticar. Por más que haya pasado tiempo sin contarlo, la realidad es que el miedo te paraliza. Y es real. Además, me sentía sola. Me vine de Córdoba sin amigos, sin familia, con un bolso, una almohada que me había dado mi mamá. "Por las dudas, vos llevá almohada", me dijo. Vine a cumplir mis sueños, a cumplir toda una historia que me llevó también tiempo entender todo esto. Y yo no quería mezclar a mi familia.

Eugenia Quevedo en los estudios de Infobae (Foto: Santiago Saferstein)
Eugenia Quevedo en los estudios de Infobae (Foto: Santiago Saferstein)

—¿Te deprimiste por esta situación?

—Sí, he llegado a estar muy mal.

—Dentro de tu círculo familiar, ¿viviste una situación de maltrato?

He sufrido el abuso de un familiar. Era chiquita, igual. Y jamás lo conté no por miedo, porque la palabra es otra… En realidad, me daba un poco de vergüenza. Tampoco quería lastimar a mi familia.

—¿Se puede saber quién era la persona?

—Un familiar, no importa. Porque en realidad yo prefiero… Ese familiar: no está más, está muerto, falleció. No es algo que me atormente hoy, pero sí en su momento. Me cayó la ficha cuando ya era adolescente. Esto habrá sido cuando yo tenía 3, 4 años. Esta persona me sentó en su falda y comenzó a tocar,e. Y hacía que yo también lo tocara. Yo sabía que era algo que no estaba bien.

—¿Nunca se le contaste a tu mamá?

—Nunca se lo conté a nadie. Y a veces la gente es tan cruel con las cosas que dice: "Huy, ¿por qué lo cuenta ahora, por qué no lo contó cuando tenía 3, 4 años?". Todos son jueces, todos son jueces… Lo más triste es que no se dan cuenta de que cuando a ellos les suceden cosas malas, se preguntan por qué. Pero son jueces de los demás.

—¿Lo estás contando por primera vez?

—Se lo conté a mi pareja.

—Pero tu familia no sabe nada de esto…

—No.

—O sea, se estarían enterando ahora…

—Supongamos.

¿Cuánta veces fueron?

—Dos veces, porque yo huía. O sea, ya lo veía que entraba y me iba. En este tiempo quería contarlo, pero mi mamá estaba pasando por un proceso de enfermedad, que gracias a Dios ahora está controlada. Pero entonces, como que nunca sentí que tuviera oportunidad de contarlo.

¿Cuándo lo reviviste?

—Cuando empezó todo esto de los acosos y demás, y me dije: "Yo lo sufrí, yo lo pasé". Con esto, lo único que quiero es dar el mensaje de que por más difícil que sea, uno necesita soltarlo, largarlo.

—¿Te sentís más aliviada?

—Sí. Porque yo me sentía muy culpable, muy culpable…

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