Cristian Espinosa empezó a trabajar ya a los 14 años limpiando casas, o “pasando el balde”, como dice él. Casi todo lo que ganaba se lo daba a su familia y, lo poco que le quedaba, lo ahorraba. Su meta era llegar a formar una banda, como fuera. Por eso su primera compra con aquellos pequeños ahorros fue un micrófono, el primer paso para concretar su sueño musical.

"Yo con mi familia somos los primeros pobladores del barrio La Cava de San Isidro y nosotros venimos de ser muy humildes, de vivir en una casita con techo de chapa de cartón, tener recuerdos de despertarte en la mañana cuando el sol entraba entre las rendijas de la madera y te daba así en la cara. Teníamos goteras y, como el piso era de tierra, entonces jugábamos con eso. A pesar de que éramos tan humildes yo la pasaba bárbaro, me divertía, era feliz. Jugábamos a la bolita, estábamos todo el día con los amigos afuera y en el fondo de mi casa había una laguna y agarrábamos un pedazo de telgopor y la pasábamos genial", cuenta Espinoza con melancolía.

Hoy es el cantante de una de las bandas de cumbias más conocidas del país, Yerba Brava. Y, gracias a su esfuerzo y fuerza de voluntad, logró superar todas las adversidades. Aquí su historia:.

—Tenías la idea fija de que querías cantar…

—Claro, mis amigos y los demás chicos del barrio los domingos se iban a jugar al fútbol, otro quizás se iba comer un asado con la familia… Nosotros con mi tío y mis hermanos íbamos caminando desde La Cava hasta Santa Rita para ensayar, aunque lloviera cayeran piedras o hiciera mucho calor…

—¿Qué te hacia seguir adelante con tantas adversidades en tu entorno?

—Yo creo que el sueño era tan grande, tan poderoso, que no me importaba nada, nosotros queríamos estar ahí. A los 17 años empecé a ir a bailar al club social de Beccar y sino nos íbamos al Club Piñero en Virreyes. Nosotros íbamos a mirar a los grupos, no íbamos a "hacer rostro" ni a levantar minas, íbamos a plantarnos adelante.

—¿Hubo algún momento en el que dijiste 'me cansé, ya no quiero seguir esto, es muy costoso, no se me están ando las cosas'?

—Sí, yo creo que todos pasan por un momento así, muchos le dan bola y dejan y se quedan en el camino. Esto es como todo, muchos se van quedando en el camino, se aferran a su lugar de confort, dicen 'bueno, conseguí un laburito', porque mucha gente te mete palos…

—¿Recordás algún momento de esos?

—Sí, todo el tiempo, hay mucha gente que te dice '¿por qué no te dejás de joder con la guitarrita?', inclusive parientes . 'Dejate de joder con la guitarrita, un día te vas a casar, vas a tener familia, ¿no querés tener una casa, un auto? Pensá en tu futuro'. Y yo decía 'éste es mi futuro, quiero que sea mi futuro'.

—Mientras tanto la moneda no aparecía…

—No, olvidate, yo tenía que seguir laburando en la obra y después ir a tocar gratis. Pero la sensación que sentía cuando la gente me aplaudía y me pedía otra (canción) no tiene precio. Yo creo que todo lo que haces en la vida se aplica a todo, cada vez que vos hacés algo que te llena, que te hace feliz, no tiene precio. Entonces yo creo que lo fuimos aplicando en la vida: si te gusta algo hacelo… y hacelo de verdad, metele para adelante, metele con todo, porque yo creo que después, cuando vos llegás, la pegás, y empezás a ver el billete y a hablar con otra gente que también está igual, te das cuenta que todos pasaron por lo mismo, por algún momento de angustia en el que tuvieron ganas de 'colgar los botines', como se dice, y no lo hicieron. Por eso están, entonces el que abandona no tiene premio.

—¿Cómo vivís con la mirada ajena?

—Para mucha gente nosotros, porque hacemos cumbia villera, somos los re faloperos, somos lo peor. Más cuando recién salimos, eran palos, palos, palos, palos, 'mirá lo que dicen, hacen apología', cuando de repente nadie se ponía a pensar que ahí había un mensaje más allá de eso. El mensaje existe.

—¿Y ahora seguís con el trabajo de albañil o lo dejaste de lado para seguir sólo con Yerba Brava?

—No, no, cada tanto voy, además si mi hermano va a hacer algo o un amigo, por ejemplo Leíto,  quiere arreglar la pileta. voy y lo hacemos. Yo no tengo problemas. Pero gracias a Dios no me puedo dedicar ya a full porque estamos teniendo un buen momento.

— ¿Cómo es tu día a día? 

-Me levanto y, cuando tengo que ir a laburar de albañil, lo laburo. Después, cuando tengo que llevar a mis hijos a la escuela, lo hago. Cuando tengo que ir a buscarlos lo hago. Además de todo practico jiu jitsu.

—¿Seguís viviendo en el barrio? 

—Sigo viviendo en el barrio, en la casa de mi mamá, exacto.

—¿Volviste por algo en especial?

— No, primero que nada volví porque me separé. Y podría haber ido a otro lugar, pero volví a mi barrio, volví al lugar…

—¿Qué es lo que más te llama la atención del barrio?

—Cuando un pibe está sin hacer nada, pero con su cara larga, en una esquina, sin hacer nada, simplemente con la cara larga y con mala onda. Pero mucha gente puede pasar, verlo y solamente decir 'qué mala onda este pibe', pero conocer lo que le pasa y haber conocido a amigos que les pasa lo mismo y todo, ya no es lo mismo. Ya vos pasás por ahí y ves un pibe que está sufriendo, no un pibe que está caraculico ¿entendés?

—¿Se ven muchas drogas?

—Sí, eso se ve y se ve en todos lados. Yo no solamente en las villas, sino en todos lados. Pero lo feo es que en la villa se ve como que los pibes no tienen a nadie, no tienen contención.  Es fácil juzgar. Hoy en día ves a un tipo tirado en la calle pidiendo una moneda o mangueando cuando paras en el semáforo en rojo y decís 'qué hincha pelotas' y subís el vidrio. ¿Y vos qué sabes la vida que pasó ese tipo? Y por ahí muchos dicen 'eh, mirá, re grande y sano, podría estar trabajando y está pidiendo monedas'. ¿Qué sabés lo que pasa acá? ¿Qué sabés lo que le pasa? ¿Qué sabés lo que le pasó?, por las cosas que tuvo que pasar ese tipo, capaz que perdió a toda su familia, capaz que se metió en el paco y su misma gente le dio la espalda ¿entendés? Porque hay mucha gente que está en esa situación, que fueron profesionales en su momento y que tienen estudios, tienen mucha capacidad y capaz que hoy en día están tirados y tocaron fondo. Entonces es fácil decir 'oh, qué hincha pelotas', esto, lo otro y pasar de largo.

—¿Sentís que te lo hicieron muchas veces a vos?

—Sí, obvio claro que sí, a mí solamente cuando iba a buscar un laburo y daba mi dirección ya sabía que la respuesta era: '¿sabes qué?, después te vamos a llamar'.

— ¿Sí?

—Sí, obvio, o subirte a un remise y en la puerta de la agencia te decían: '¿a dónde vas?' 'a Rolón y José Ingenieros'. 'Mmm… ¿sabés que no tengo auto?'. Y vos miras a fuera y decís: 'pero si tenés como cinco'. 'No, no, pero ya tienen viaje'. Ya es heavy ¿viste? Entonces tener que mentir para conseguir laburo, es re feo eso porque no da, no está bueno. Y también en la escuela, en el colegio… Mis viejos por darme algo un poquitito mejor -porque todos los papás quieren algo un poquito mejor para uno-, en vez de mandarme a la escuela del barrio, me mandaron a la escuela Nº 2 de San Isidro. Imaginame en primer grado, era el chupete de brea, el pingüino empetrolado y te puedo decir una lista de apodos. Sufrí bullying a morir.

—¿Te miraban mal?

—Y claro, si yo era la mosca en la leche, imaginate, yo no tengo nada en contra del gringo, en el de ojos claros, más ahora que soy grande y me hice un montón de amigos. Yo te estoy hablando de mi infancia… En ese momento era feo, yo llegaba a la puerta de la escuela con mi mamá y me aferraba a la pierna de ella y no quería entrar. Porque era entrar y aguantar las cargadas… Estar en un rincón solo… Hasta que después vas creciendo y pasás por un montón de cosas.

—¿Y cómo lo superaste?

—Mirá, pasé como todo por etapas. La primera etapa fue despegar, o sea cuando en un momento no aguanté más, le rompí la boca a uno, y como no me cargó más me sentí como que ese era el camino y empezaron a llover notas a mi casa: 'Su hijo se pelea'. Me la pasaba más en dirección que adentro del aula, entonces en un momento estaba así todo en guardia, de estar llorando todo el día, todos los días, de estar así como malo, porque era mi escudo, porque era mi forma de sentirme seguro, y bueno después empecé a crecer, a hablar con gente, tuve mi grupo de amigos y ahí me empezaron a integrar. Por ejemplo estaba Walter, que ahora está en Estados Unidos, y te puedo nombrar un montón de compañeros más que hasta el día de hoy nos seguimos viendo.

—¿Pero pudiste sanar ese dolor?

—Sí, sí.

—Porque la infancia es lo que más te marca…

—Te marca, pero yo creo que aprendí a perdonar, no soy un tipo así rencoroso ¿viste? y por eso creo que puedo dormir tranquilo, puedo apoyar la cabeza y dormir, porque fue muy feo. Pero después, cuando perdonas y tenés una charla de grande con esa gente que te cargaba, se te pasa. Siento que es una etapa superada o una herida que se cerró y al día de hoy me lo tomo como en chiste, me hago chistes solo, de negro, o tengo amigos que me dicen: '¿es cierto que te dicen Luján?', les digo '¿por qué?' 'Porque te pasaste de Moreno', me dicen. Es un chiste ¿viste?

—Hoy de grande, ¿notás esa mirada?

—Sí, obvio. O que te pare en la calle la policía por portación de rostro nomás. Yo ya no me lo tomo a mal, ya estoy de vuelta, tengo 43 pirulos, no te hablo como un tipo de 80 años pero como un tipo que pasó un montón de cosas y que ahora entiendo que bueno, es su laburo, mientras me pares con respeto, parame, ¿querés documentos? Tomá.

—Pero debe ser cansador…

—Es cansador, pero hay muchas cosas que son cansadoras, el simple hecho de viajar mucho, de estar arriba de una chata es cansador también, pero uno trata de buscarle la vuelta para divertirse, para pasarla bien, vamos mirando una película, contando chistes, escuchando música… Entonces hay muchas cosas que son cansadoras, pero si tratas de buscarle la vuelta no te va a poner de mal humor ¿sí? No sé, yo creo que todo es así.

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