"Hay veces que la gente que se queja de la atención en un hospital público, pero tampoco es tan hermoso del otro lado, eh… A mí me pasó", dice Ariel Staltari, quien trató su leucemia en el Hospital Posadas. Y a la vez, casi pierde a su mujer y a su hijo recién nacido por la negligencia en la atención de una de las clínicas más caras de la Ciudad de Buenos Aires.
Hoy, el papá de Vito y Valentín está dedicado a disfrutar el éxito de la segunda temporada de Un gallo para Esculapio, que puede verse por TNT y Cablevisión Flow. Y dialogó con Teleshow sobre el rol que comparte junto al director Bruno Stagnaro, quien le brindó las dos oportunidades profesionales más importantes de su carrera. "(Stagnaro) aparece en momentos de mi vida muy claves, y me marca un nuevo rumbo", destaca Staltari, haciendo referencia al año 2000, cuando lo eligió para actuar en Okupas, aquella serie de culto protagonizada por Rodrigo de la Serna, y a esta nueva sorpresa: convocarlo para escribir juntos los guiones de Un gallo...
"Estar escribiendo al lado de Bruno ya me genera una cosa de no poder fallar. No porque él no me permita que falle, sino porque no quiero fallarle, y estar siempre a la altura de la gran confianza que depositó en mí", reflexiona Ariel.
Cuando escribieron juntos la primera temporada de la serie ficción encabezada por Peter Lanzani, Staltari sabía que quería actuar, aunque no estaba definido qué rol iba a tener. Esta segunda surge con una diferencia, ya que la escribió sabiendo que encarna a Loquillo, y ahí podrían aparecer intereses encontrados: el escritor empieza a proyectarse en el actor.
"Como guionista entendés que tenés que ir haciéndole caso a lo que demande la historia. Y a veces la historia no está pasando por ese personaje al que vos interpretás. Entonces, el actor empieza a sufrir un poquitito, tengo como una lucha interna entre guionista y actor", admite.

Ante los rumores de una tercera temporada, Staltari afirma: "Tarde o temprano se va a dar. No sabemos si en un futuro inmediato, pero siento que esto sigue generando una historia para contar".
—¿Por qué creés que la marginalidad nos engancha tanto?
—Son personajes de carne y hueso, con emociones conocidas o reconocibles para el que lo está viendo. Es una persona que quien la ve, si vive en el conurbano, sabe que existe y que es verdad. Y si no vive en el Conurbano, sabe que está a 10 minutos de conocerlos y le resulta atractivo ver cómo se mueven, cómo piensan, qué hacen. Uno siempre trata de escaparles o no ver, pasar rápido la página si está leyendo un policial. Acá es un buen lugar como para ubicarse de fisgón: acercarte y salir ileso sin que te pase nada, sin que ninguna bala te atraviese por ningún lugar.
—Tu adolescencia estuvo de la mano del rock.
—¡Sí, sí! ¡A full! Fue una etapa hermosísima que me fue nutriendo para lo que hago hoy. Fue en Ciudadela, con amigos del barrio: armar una banda y tocar. Éramos una banda de rock, Perros de la Noche. Tocábamos mucho en Ramos, en Haedo, en Ciudadela. Hemos tocado en Cemento.
—¿Cuántos dolores de cabeza le trajiste a tus padres?
—Fuerte, fuerte, fuerte… solo uno, que no tuvo que ver con algo que quise hacer yo sino con algo del destino de la vida.
—La salud.
—Fue un tema de salud. Después, no más que eso.
—¿No te tuvieron que ir a buscar a comisarías?
—¿Sabés que nunca, jamás pisé una comisaría ni nada de eso?
—¿No te encontraron con borracheras tremendas?
—Eso sí: borrachito. De la mano del rock, siempre viene un vaso de cerveza. Me acuerdo un día que estaba… Me desperté, abrí un ojo y ví a mi mamá y a mi papá al lado de mi cama, prácticamente velándome, porque estaba en condiciones deplorables. Fueron cosa del rock and roll, y tenía que curtirlas para poder saber…
—¿A qué edad te enterás de la leucemia?
—A los 25, a punto de casarme. Fue un volver a nacer.
—En algún momento fue muy crítico el pronóstico.
—Sí, sí. Fue un momento muy duro. Los que atravesaron un tratamiento oncológico severo e invasivo como lo es un tratamiento oncológico, entenderán. Y los que gracias a Dios no tuvieron que pasar por eso, realmente sentís como una llamita que se va apagando y que no podés hacer nada contra eso. Es tremendo. Y cuando pude salir de ese momento y de ese estado tan crítico, arranqué a vivir una vida nueva. Es ahí donde tomo el impulso para poder expresarme por un camino meramente artístico, que era el que evidentemente había venido a cumplir en esta vida, y todavía no sabía muy bien por dónde pasaba.
—¿Es verdad que en un momento tu papá o tu mamá se contactan con el Padre Mario?
—Sí. Mi mamá es una mujer católica que nos mandó en la primaria a un colegio católico, entonces siempre "con Diosito, la Fe, la Virgencita y tatata". Tiene su santuario en una cocina.
—¿Tomaste la comunión?
—Tomé la comunión, me confirmé, me bautizó. Todos los sacramentos habidos y por haber, menos el casorio (risas). Y hoy, a mis hijos ni siquiera los bauticé.
—En ese momento de desesperación cada uno busca a qué aferrarse, donde puede.
—Sí, mi mamá buscó por el lado de la fe, y después está quien quiera creer y quien no. Pasó la fotito mía por las manitos en el mausoleo del Padre Mario y ahí empecé a estar mejor. Y acá estamos. Yo soy agradecido con el Padre Mario, me interesó después su historia y me interesó que fue un tipo que existió, que ayudó, que fue un tanito hermoso que fue contra las leyes inclusive de la Iglesia, y que ayudó a los demás y que su obra sigue estando en (González) Catán, y ayuda a muchísima gente: aun no estando físicamente, sigue ayudando. Eso es hermoso, te pasan cosas cuando vas ahí.
—Cuando uno atraviesa una situación así, todo lo que haga bien, en lo que cada uno cree y lo que haga bien… Limpiando a los chantas, porque hay gente que vende cualquier cosa, y eso es horrible.
—¡Huy, sí! Y que lucran con esta gente. Bueno, a mi mamá le tocó. En momentos de desesperación, la iban llevando por diferentes espacios de oradores y cosas media raras, y también le tocó que le han querido quitar dinero. Lucran con la desesperación de la gente, eso es muy bajo. Muy de una lacra importante abusar de gente que está tan desesperada y que siente que un ser querido se le está por ir, y ni más ni menos que un hijo, que es mucho más doloroso, me imagino, que cualquier otra cosa. Yo soy padre de dos criaturas y daría cualquier cosa por mis hijos. Si me dicen: "Colgate de allá y tatata", lo hago.

—¿Y hoy, cuando te ve así de realizado?
—A veces siento que mi vieja todavía no cayó mucho en qué situación estoy de la vida, ¿viste? Ella agradece muchísimo a la vida por verme bien, pero…
—¿Le quedó una cosa de susto?
—Sí. Es muy asustadiza. Son tanos, ¿viste? Son de esa tragedia, se emparenta un poco con la tragedia griega: "¡Ay, ¿qué pasó?! ¡No!". Y esos gestos ampulosos y el grito antes que la pregunta. "Pero estoy bien, eh…". "¡Ay, ay!". Primero viene el susto, toda esa pantomima (risas).
—Y a vos, ¿te quedó miedo?
—Miedo sí, porque soy un ser humano y el miedo convive con cada uno de nosotros. ¿Quién no tiene miedo? Sí, está el miedo, pero no la paranoia. La paranoia me la saqué de encima. Ya siento que soy un ser humano igual que cualquier otro, que está en las mismas condiciones de vivir y de morir que cualquier otro.
—¿A cúanto tiempo te dan el alta?
—Cinco años. Tres años, más o menos, de tratamiento ambulatorio y después dos años más. Y al quinto ya se puede decir que estás… Igual nunca estás ni tan libre ni tan preso de nada. Siempre tu cerebro, tus emociones, pueden volver a generar una enfermedad. Depende cómo uno está, también.
—Ahí hay un trabajo, y tu vida cambió: hay un segundo nacimiento. Y tal vez ya venías en lo artístico, pero decís: "Es en la actuación". Y aparece Bruno.
—Sí. Mi gurú. Él me descubre, y a la vez yo también puedo ser útil ante sus necesidades. Él buscaba un actor que pueda interpretar a Walter (en Okupas) y de repente aparecí yo y le pude dar todo el jugo que él necesitaba para contar ese personaje. Esas cosas que ocurren y que son mágicas. Y ahora en la escritura también. Yo sin saber nada del paño me tiro a escribir, y de repente él empezó a sorprenderse con cosas que tiraba en el papel y empezaba a nutrir y a potenciar todo el gran talento y el gran bagaje que tiene como escritor. Vuelve a surgir la magia entre los dos. Tenemos que formar equipo sí o sí.
—Por fuera de Un gallo, ¿tenés ganas de seguir trabajando con él?
—¡Sí! Sí, por supuesto.
—Hay una idea de que eso continúe.
—Sí, sí. ¿Cómo no voy a tener deseos de seguir aprendiendo, de seguir mamando, nutriéndome de un tipo que es tan, tan, pero tan talentoso? Soy un afortunado, estoy ahí en vivo y en directo con esta dinámica del aprender.

—Tus hijas, ¿cuántos años tienen?
—Son niños.
—Ay, ¿y yo por qué pienso que son hijas?
—Será por el gran deseo que tuve, muchas veces, de que fueran niñas. Es más, con mi segundo nene, optamos con mi mujer no hacer la ecografía para tener la sorpresa de que fuera nena. Entonces yo le decía: "La porota, la porota", y hay videos con "la porota". Al nene más grande le decía: "Saludá a tu hermana" (risas). ¡Terrible niño, Vito!
—¡Un día te lo van a facturar!
—Sietemesino, nació arriba de una ambulancia en una historia también de terror. Esa es otra historia, para otro capítulo aparte.
—Esa no iba camino al Posadas. Porque vos naciste en el Posadas y te trataste en Posadas.
—No, él estaba en otra clínica, más monona. Y me mandaron a otra clínica mucho más monona…
—Ya estábas en la gestión de prepaga.
—Sí (risas). Que no indica nada, o todo a la vez. Yo estuve en un hospital público, salud pública, tratamiento oncológico, con una enfermedad terminal, y acá estoy. Mi hijo, con todos los chirimbolos hermosos de la vida que te ofrece la prepaga y sarasa, y estuvo a punto de perder la vida en un segundo, tanto él como mi mujer, en un acto de negligencia.
—¿Qué pasó?
—La doctora en cuestión que la atendió a mi mujer, porque yo la llevé por dolores abdominales que terminaron siendo contracciones cada dos minutos, cinco minutos, siete minutos, no tuvo mejor idea que trasladarla a otra clínica porque ellos estaban sobrepasados. Y en el traslado, no la trasladaron en una unidad de terapia intensiva, sin ningún recurso ahí a mano ni nada que se le parezca, con un embarazo de alto riesgo. Sietemesino nació mi hijo: mi mujer se desgarró el útero, lo tuvo con placenta y bolsa entera ahí. Yo vi ese cuadro: lo vi a mi nene muerto. Y después entró en incubadora: estuvo dos meses cortando clavos. Y finalmente hoy es un tano hermoso, fortachón, que salpica tuco para todos lados. Pero fue una historia así, casi de terror. ¿Y con qué fue? Con una prepaga.
—Es importante entender que a pesar de los problemas de la salud pública, uno no está necesariamente mal atendido en lo público y bien en lo privado.
—¡No, para nada! Por eso, hay veces que la gente que se queja de la atención en un hospital público, pero tampoco es tan hermoso del otro lado, eh… A mí me pasó.
—El que puede acceder al privado tiene una mayor posibilidad de elección.
—Sí, te mejora la hotelería, insumos, la musiquita funcional. En un hospital público hay que armarse de mucha más paciencia. A veces tu enfermedad no puede tener esa paciencia.

—¿Vito cuánto tiene? ¿Quedó todo bien?
—Vito tiene cinco. Salió todo perfecto.
—¿No tiene secuelas?
—La secuela que tiene es que es un indígena y que se llama Vito y que en la neo lo bautizaron "Don Vito", ya sabemos por quién. Entonces yo entraba y había un cartel que decía "Don Vito" (risas). "¿Cómo está, Don Vito?", le preguntaba.
—Un día te van a recriminar que vayas por la vida diciendo que querían que fueran nenas…
—Sí. Lo curioso es que tengo una relación como de padre con hijas. Tengo amigos que me dicen: "Tenés que tener una nena. No sabés, son de papá". Y lo les digo: "¡Mis hijos también!". Me hacen masajes, son re cariños. Son muy paperos ellos. No hace falta tener una nena para que estén con el padre.
—¿Van a ir por la nena?
—¡No! Ya estaríamos. Somos gente grande ya, no estamos para esos trotes (risas).
—¿Cómo sigue el año?
—Ahora estamos viviendo toda esta locura del Gallo, disfrutándola, y a la vez estoy dando clases. Estoy preparando 20 obras de teatro que las estoy dirigiendo a las 20 yo. Son obras cortas, pero no dejan de ser 20 obras que las vamos a hacer todas en diciembre. Y aguardando que se dé una tercera temporada, por qué no, de Un gallo o algún otro proyecto ahí con Bruno, para seguir aprendiendo y seguir viviendo esto que es maravilloso. Y también esperando la gran oportunidad como actor, ¿no?
—¿Qué te gustaría? ¿Con qué soñas?
—Siento que estoy preparado para ese gran desafío como protagonista de la historia.
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