"¡No sabés lo graciosa que soy yo con las redes sociales!", advierte Cecilia Dopazo, flamante usuaria de Instagram. Y recuerda: "La primera vez que empecé a usar Facebook, a la vez estaba en otra cosa con Internet. Mi hijo era chiquito, y lo primero que publicó en mi muro es: 'Perdón, quería saber el precio del Lego Batman, pero el original'. Desde Canadá, una compañera de colegio me dice: 'Me parece que te equivocaste, Ceci…'".

Cecilia ríe con la anécdota sobre su torpeza 2.0, y dice que ser madre de adolescentes de 14 y 16 años no ayuda en el acercamiento en el mundo digital. "Lo único que quieren es que estés lejos en redes sociales. Te bloquean. Yo soy re buena mina y re buena mamá, pero me bloquean. Te lo juro. Es tipo: 'No aprendas vos de eso, si ya está'. '¿Cómo ya está, guacho?'".

Habiendo padecido el bullying en su propia infancia, y encontrándose más tarde con esta problemática a través de sus hijos, ahora Dopazo aborda el tema desde la pantalla grande con Viaje inesperado, de la mano de Juan José Jusid. "A partir de esta película uno dice: '¿Dónde hay bullying?'. Hay bullying en todos lados. Y hubo bullying en todas las épocas: yo te puedo hablar de mi primaria, la pasé muy mal".

Luego de vivir en Miami, de niña Cecilia se instaló con su mamá recien separada en Cipoletti y sufrió las burlas por el uso de anteojos. "Yo estaba totalmente maiamizada, una cultura totalmente diferente. No me acordaba cómo hablar en castellano. Realmente era una mosca en la leche: tenía anteojitos dorados, octogonales. Sufrí tanto… Me han jodido tanto con el tema de los anteojos. La maldad que yo cometía era usar anteojos", lamenta la actriz, al tiempo que festeja visibilizar una problemática tan actual en su nuevo filme.

"Una vez, tenía 7 años y me fui a dormir a la casa de una compañera, que a su vez tenía dos hermanos. Dormíamos todos juntos. Yo esperaba que ellos se fueran a dormir para sacarme los anteojos. Porque me daba pudor: no sabía si dormir con los anteojos puestos o no por lo diferente que me sentía. ¿Se entiende la angustia?", indaga.

—¿Tu mamá sabía?

—Sí, sabía. ¿Pero qué podía hacer?

—Cuando sos chiquito, el dolor está directamente vinculado a la aceptación.

—A no pertenecer, exactamente.

—Para algunos chicos es dramático, por eso hay que entender cuándo los papás nos tenemos que involucrar. Hay distintos tipos de situaciones y distintos tipos de chicos. Nuestros padres quizás lo consideraban más una burla inocente y de formación de carácter, y no es así. Para un niño puede ser mucho sufrimiento.

—Hay que prestar mucha atención. Yo recuerdo eso de mi propia infancia. Y después, como mamá, lo he vivido con mis dos hijos de los dos lados. Uno en general lo habla y el hijo de uno siempre es víctima, ¿no? Las cosas van mutando en los roles, en los grupos, y cuando son chicos hay uno que es líder, después el otro. Y durante un tiempito uno de mis hijos la pasó mal. Venía bárbaro, en la mitad de la primaria. Y después siguió bárbaro. Pero ese tiempito la pasó mal, por lo tanto nosotros también la pasamos mal.

—¿Con qué tenía que ver? ¿Algo de su desempeño, algo físico, familiar?

—Me parece que por no querer acatar el liderazgo de uno de los compañeros. Es un tema de miedo. La mayoría va detrás del más fuerte porque da miedo. Él se retobó y tuvo su castigo para que todos los demás miren.

—¿Fue lastimado?

—No, lastimado físicamente no, pero sí apartado, que es tremendo. El tema social es básico para el ser humano, y para un grupo en la primaria. Uno siempre quiere ser aceptado, quiere tener un rol. Y por el otro lado, con otro de mis hijos me quedé pasmada porque él era el que le hacía bullying a una persona. Me entero porque llama la mamá a mi casa. Es muy doloroso también decir: "¿Pero eso salió de mí?". Con lo que yo sé que se sufre… Y él también, porque en algún momento también lo había pasado. Pero cuando no estás en ese rol, estás en el opuesto, por miedo también.

—¿Qué hicieron con esa situación?

—El despelote que armamos. "Llamá a la mamá. Llamá a la chica adelante nuestro, pedí perdón. Pedí perdón por redes sociales. Lo quiero ver. Queremos ver en las redes cómo pedís perdón públicamente. Otra cosa es llamarla en horario no escolar y que todos los chicos no se enteren, pero por redes pedí disculpas". Se tuvo que bajar los calzones así, y pedir disculpas. Es fuerte. Además, te da como una vergüenza. Vos decís: "¿Cómo vos salís de esta familia y hacés eso?". Porque también hay una de: "Bueh, mirá al chico pero mirá a la madre, mirá al padre. Son violentos". Cuando no es tu caso, no entendés. También es interesante verlo desde ese lado. Yo creo que igual el motor es el miedo para bullyinear. Fue muy fuerte. Porque primero te da estupor que salga eso de tu hijo, que salió de tu vientre, que sabe cómo sentís el alma, el corazón, le diste todo, y que se convierta en ese monstruo por un momento publicando algo en un Facebook. Incredulidad, estupor, bronca, vergüenza.

—¿Y se bancó los castigos o en el momento te odió?

—No, para mí que le hizo muy bien. En el momento me odió pero entendió la gravedad del tema. Fuimos muy a fondo para que deshaga todo el mal que había hecho. Y ni siquiera te estoy hablando de meses; nada, fue un evento. No se le va ocurrir hacerlo nunca más. Espero.

—¿Y cómo superaste vos ese momento en tu infancia?

—Encontré esa fuerza: poner el límite. Lo emocional me desbordó y lo expuse. Y la maestra escuchó todo lo que tuve para decir con los anteojos todos nublados porque lloraba, lloraba, lloraba, y todos se quedaron así. Nunca más me dijeron nada, pero al toque me fui de ese colegio, me vine de vuelta para Buenos Aires.

—Seguramente te marcó el poder solucionarlo y plantarte ahí. ¿Arrancaste como la nueva tal vez desde otro lugar o ahí también la pasaste mal?

—Internamente me marcó. Era un poquito más grande (en el colegio de Buenos Aires) pero era la nueva. La sufría más por ser la nueva. Y después ya en cuarto grado me pasaron a otro que estuve hasta séptimo y ahí encontré mi lugar y ya estaba más grande. Tuve la posibilidad de estar más tiempo en un lugar para encontrar mi rol, mis amigos.

—No te la hicieron muy fácil, tampoco.

—No, es muy difícil cambiar de ámbito.

—¿La adolescencia ya fue un lugar más placentero?

—Sí, en ese sentido sí. En la adolescencia buscás un poco ser distinto, por lo menos yo, quería diferenciarme un poquito.

—¿Y por dónde te pegó?

—Iba a un colegio privado en Olivos donde todas se hacían los reflejos, tenían el pelo largo y jugaban al hockey, y yo me cortaba el pelo cortito, iba a hacer teatro. Me sentía mucho más cómoda en otros ámbitos. Pero me lo bancaba: era como la loca de la clase, pero con orgullo.

—¿Te llevás bien con el lenguaje inclusivo?

—A partir de tener hijos adolescentes me empiezo a enterar de qué se trata. Y al principio me daba risa; después empecé a entender qué significa. Está dándole nombre a gente a la que se la deja afuera, hay gente que está sufriendo mucho por eso, tienen que ser visibilizados y tienen que ser respetados. Cuando tengo que decir todes lo digo con pudor, lo estamos diciendo los de nuestra generación con humor: "Todas, todes, todxs", porque vamos despacito, pero la vamos entendiendo. Yo lo voy atravesando.

—Nunca te metiste en escándalos, Cecilia. Empezaste de muy chica, tuviste algunos noviazgos que conocemos, después armaste una pareja súper estable. No nos has regalado ningún quilombo a la prensa (risas).

—Perdón por eso (risas).

—No te has peleado por bombachas en temporada, no le robaste el novio a nadie…

—No. Y en todo caso, si he tenido algún malestar, algún roce con alguien, quedó en el ámbito privado, que para mí es lo que tiene que ocurrir, sin ninguna duda.

—¿Es difícil ser pública y resguardarse?

—Lo que pasa es que al ser una persona conocida tenés ese poder. Vos decís: "Ahora lo voy a incendiar públicamente a este, que me está hinchando tanto, me hizo tan mal". Tenés esa posibilidad. Es como una revancha por algo. Pero yo creo que esas cosas se solucionan en el ámbito de lo privado. Y si no se solucionan, bueno, no se solucionan. Pero me parece bastante miserable salir a ventilarlo públicamente.

—¿Te gusta verte?

—No. Casi me muero. Vi la película y dije: "Chau, es la última. Hasta luego, un besito, me voy a hacer comedias".

—¿Hay algo que veas para atrás que digas: "¡Dios mío, cómo hice esto!"?

—Todo. Todo. Me parece que tenía una inconsciencia loca para tomar responsabilidades tan grandes.

—¿Cómo sigue tu año?

—Estrenando esto. Y estoy escribiendo algo con Atilio Veronelli para teatro.

—¿Finalmente va a aparecer? Porque desde siempre escribís, pero no lo mostrás.

—Claro, nunca me animo. Ahora estamos escribiendo algo que nos prometieron… Nos estamos divirtiendo mucho, así que sí.

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