Gianni Lunadei
Gianni Lunadei

Gianni Lunadei nació con un don maravilloso que supo explotar como ninguno. El actor de las mil caras sabía cómo brillar en la revista, en la tragedia de un clásico universal, en una obra para chicos o en la comedia.

"Lo recuerdo con mucha alegría. Fue un tipo lleno de anécdotas: tiraba un chiste en el momento justo. Mi papá era bastante tranquilo. Amante de la buena música, escuchaba mucho clásico", cuenta su hija Magdalena Lunadei, en diálogo con Teleshow.

"En las reuniones familiares se sentaba en la cabecera de la mesa y era el rey de la joda. Muy buen padre, divino con todos nosotros y muy permisivo", agrega emocionada la única mujer de los cuatro hijos que tuvo el inolvidable actor, a 20 años de su muerte. Además, en una fecha muy especial para ella, porque se festeja en nuestro país el Día del Padre.

Lunadei era tan versátil que se adaptó a todas sus máscaras posibles, con magistrales actuaciones en teatro, cine y televisión. Compuso inolvidables villanos como el señor Della Nata de Mesa de Noticias, y una decena de personajes al servicio del gran cómico que muchos descubrieron recién en Matrimonios y algo más.

Magdalena Lunadei junto a la estrella de “Giani Lunadei” en la calle Corrientes. “Mi personaje favorito era el ‘Moribundo’ que hacía en Matrimonio y algo más”, confiesa
Magdalena Lunadei junto a la estrella de “Giani Lunadei” en la calle Corrientes. “Mi personaje favorito era el ‘Moribundo’ que hacía en Matrimonio y algo más”, confiesa

"Los grandes actores como Rodolfo Bebán, Claudia Lapacó y Alfredo Alcón coincidían en que mi papá era uno de los pocos dotados que podía pasar del drama a la comedia en un instante. Era un don natural que lo tienen pocos actores", destaca la joven al recordar a su padre.

Lunadei había llegado a Buenos Aires en 1950, escapándole al temor de una tercera guerra. Nació en Roma el 1 de mayo de 1938, y después de vivir en Italia la Segunda Guerra, sus padres decidieron probar suerte en la Argentina. "Allí terminó una odisea. Y comenzó otra", resumió alguna vez.

En esa odisea él mismo inscribió su ingreso al teatro. Es que, como comentó en una ocasión, estaba preparado para ser espectador: de su Italia trajo los recuerdos del teatro de La Opera y el deslumbramiento por esas manifestaciones escénicas. Quizá por eso, en 1954 y después de acompañar a un amigo al Teatro Experimental de Morón, se anotó en la Escuela de Arte Dramático.

Al poco tiempo debutó con la pieza Todos eran mis hijos, de Arthur Miller. Y más allá del rótulo de comediante, ese actor flaco y de figura larga trabajó primero -y durante muchos años- en todos los teatros independientes, con obras como La sombra de un republicano, de Sean O´ Casey, o Platonof, de Chejov. En esa lista también figuran varios dramas de Shakespeare, y Marat Sade, de Peter Weis. Durante 11 años fue parte de la Comedia Nacional y luego, durante seis años, del Teatro General San Martín.

En casi 45 años de profesión recibió muchos halagos. Entre ellos el premio Molière, que distingue a lo mejor del teatro francés, cuyos equivalentes más conocidos son los estadounidenses Tony y los británicos Laurence Olivier.

"Si bien ya pasaron 20 años de lo que sucedió con papá, el medio tiene una herida abierta -lamenta Magdalena-. Me pasa encontrarme con actores que no se acuerdan de mí porque yo era chica o porque no tuve mucho contacto con ellos, y cuando me presento como la hija de Gianni se sorprenden y se emocionan porque era un buen tipo".

Párrafo aparte para la amistad de Gianni Lunadei y Juan Carlos Mesa. Magdalena recordó en esta charla el último día que se vieron. Fue una anécdota imperdible, documentada con una foto. "Yo vivía en Córdoba y papá vino a visitarme. Caímos sin avisar en LV2 , donde el Gordo (Mesa) hacía el programa El Despertador. La producción armó todo espontáneamente y le avisaron que tenía una sorpresa. Le taparon los ojos, pusieron un sonido de trompetas para darle la bienvenida a lo inesperado y papá pegó un portazo en la puerta del estudio gritando: 'Benemérito señor director, le pertenezcooo!'. A Juan Carlos se le quebró la voz, se le empañaron los ojos y se fundieron en un abrazo muy emotivo y afectuoso, de algunos años sin verse".

"Hicieron un programa genial y a la noche (Mesa) nos invitó a cenar. Con mi hermano Nacho nos sentamos de un lado, y ellos, enfrente. Saqué esta foto para inmortalizar ese momento, sin imaginar que sería el último. Papá murió cuatro meses después".

El 17 de junio de 1998 se conocía la peor noticia para el espectáculo. Sorpresa, llanto y bronca fueron algunas de las sensaciones que sus colegas mostraron ante el triste desenlace.

En diciembre de 1994 el actor había desmentido los fuertes rumores sobre un intento de suicidio. "Lunadei es un deprimido y es un suicida. Esto viene ya desde el año pasado, pero yo me pongo realmente muy triste cuando baja un programa, pero empiezo otro. Entonces, no tengo mayormente oportunidad de deprimirme o de matarme. Además, matarse porque te levantan un programa… Yo me hubiera matado 65 millones de veces", había declarado en un entrevista en televisión.

Gianni Lunadei interpretando a “Arteche” en la película “Plata Dulce”, junto a Federico Luppi
Gianni Lunadei interpretando a “Arteche” en la película “Plata Dulce”, junto a Federico Luppi

"El 2 de mayo publiqué una foto de papá celebrando simplemente el haber existido. Hubiese sido su cumpleaños. La expresión de su cara, con sus ojos marrones claros y una sonrisa cómplice, era muy especial. Yo me movía, y esa mirada parecía seguirme intentando decirme algo. Instantáneamente, varios amigos me siguieron y compartieron la imagen, acompañando la publicación con grandes halagos, referidos tanto a su carisma personal como a su talento actoral. Suelo ser bastante risueña. Es muy raro verme triste. Pero repentinamente y sin poder controlarlo, ni siquiera por el hecho de estar en la oficina, rompí en un llanto desolado que duró intermitente toda esa jornada", refleja la hija de Lunadei.

"Desde ese día, tengo con papá vivencias a las que podríamos llamar señales, aunque considerando mi marcado ateísmo prefiero denominarlas magia poética. La mas impresionante sucedió una mañana tormentosa. Caminaba por la calle Billinghurst, cayó un chaparrón apocalíptico, corrí unos metros buscando refugio, paré debajo de un toldo y quedé sobre las estrellas del piso con los nombres de los famosos que frecuentaron alguna vez una reconocida cantina de Almagro. No sabía que existían. Jamas las había visto. Exactamente a mi derecha, mojado y brillante, estaba su nombre. Saqué una improvisada foto con el celular y me quedé con una paz inmensa , con sensación de compañía, esperando que cese de llover".

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