"Es una gran oportunidad para mí, una obra que no se hace desde hace mucho tiempo, y que adoro. Hasta ahora hice mucha televisión, mucho cine, y el teatro era algo que lo tenía pendiente", dice Sabrina Garciarena, a días de debutar junto a Raul Lavie, Dan Breitman y Julia Calvo en El Violinista en el tejado.

Antes de la maternidad, Sabrina fue bastante nómade y paso años trabajando en el exterior. "Durante un año entero estuve viviendo en hoteles. Ahora veo a chicas que están haciendo giras y me acuerdo de mi época", sonríe la mujer del periodista Germán Paoloski, con quien tiene a León (cuatro) y Beltrán (10 meses).

—¿Se extraña algo de eso?

—Sí, se extraña. Ahora no es el momento para hacerlo. Estuvo buenísimo cuando lo hice y por ahí más adelante también, pero este es un momento para estar criando a mis hijos, que es la mejor tarea del mundo. Soy feliz de estar con ellos.

—¿Qué fue lo que hizo que te establecieras en la Argentina? ¿La maternidad? ¿La pareja? ¿La profesión?

—La pareja fue lo primero. Porque con Germán me puse de novia y seguí viajando mucho. Fueron unos años un poco difíciles, y dije: "Es él, me quedo acá, lo intento". Con el tiempo vino León, y con la maternidad termina de decir: "Me quedo acá, puedo seguir mi profesión si la empecé en Argentina y amo estar en mi país, tengo a mi familia".

—¿De qué depende que aceptes un proyecto?

—Del libro, del director y de en qué situación se hace el proyecto.

—¿La propuesta económica?

—No, pero claramente tengo una familia.

—Es tu trabajo.

—Es un trabajo, y el trabajo del actor es nada o el 100% de tu vida. Dejás en pausa un montón de cosas para dedicarte a eso.

—Y también es súper inestable la profesión. ¿Cómo te llevas con eso?

—Me llevo bien porque siempre tuve trabajo, gracias a Dios, y porque también te queda tiempo para otras cosas.

—O sea, cuando se termina un proyecto no te come la angustia de qué va a pasar.

—No, a mí no. Por suerte nunca me pasó. Tuve trabajo siempre. Y los tiempos que no trabajé, los llevé muy bien. Hago viajes que nunca puedo hacer (risas). Veo amigas, comparto cosas con mi familia. Siempre veo en el vaso, aunque esté muy vacío, lo poquito que queda.

—¿Cuán harta estás de que te preguntemos si se van a casar con German?

—No me molesta tanto. Tenemos ganas y nunca lo hacemos, no sé.

—¿Pero es importante para vos?

—Es importante, sí. Ahora que tengo dos hijos, sí. Me caso siempre en ficción y quiero saber lo que es vivirlo en la vida real. Los dos estamos muy enamorados.

—En algún momento vos querías un casamiento más chiquito y él la mega fiesta. ¿Eso sigue así?

—Sí. No es que a él le guste tanto la fiesta, pero si se casa quiere hacer algo importante.

—¿Y vos te vas amigando con esa idea?

—A mí me gusta, pero no sé si tanto toda la preparación para una noche. Me parece más lindo hacer una mini reunión con la gente que nos quiere, nuestras familias, los amigos más íntimos, y hacer una bendición entre nosotros. Entre mi trabajo y el suyo, es complicado encontrar fechas.

—¿Cómo se llevan con el trabajo del otro?

—Nos acompañamos mucho. Él habla mucho de su trabajo; yo lo ayudo en cosas de producción si puedo. Y él también lee guiones conmigo; el otro día me acompañó a un ensayo, por ejemplo.

—¿Es crítico?

—¡Re!, y está buenísimo que sea así porque es lo mejor que la gente que me quiere me diga la verdad, porque son los que más te conocen.

—¿Y si vos lo criticás, se la banca?

—Se la banca. Igual a veces me lo pelea, como yo a él. A veces tiene que entrevistar, y yo siempre me pongo desde el lugar del actor y digo: "¡Ay, pero esto no le preguntes!" (risas).

—Claro, ahí conviven el periodista que tiene que hacer la pregunta y la actriz que sabe lo fastidioso que puede ser.

—Aparte, muchos (entrevistados) son amigos. Pero él es muy educado, respetuoso, y una persona muy sensata.

—¿En qué momento lo querés echar de tu casa porque no lo aguantás más?

—Bueno, cuando nos peleamos. Echar no, porque me gusta que aunque estemos peleados esté por ahí. Pero sí, hay momentos que nos re peleamos y no nos hablamos.

—¿Cuáles son los disparadores?

—Somos medio infantiles. Todos me dicen: "Ay, parecés buena, tranquila", y yo soy re peleadora.

—¿De buena tenés la carita, nada más?

—Claro. Él se enoja más rápido pero también se le pasa más rápido; yo me acuerdo. Por ahí me dice: "No me hables más". Y a los 10 minutos me está hablando porque a él ya se le pasó. Y le digo: "Me estás hablando, no sé, no podés aguantar…". Cosas cotidianas de la vida de pareja.

—Y como papá, ¿cómo es?

—Con los bebés le cuesta un poco más, esta cosa de calmarlos y eso, no. Pero a partir del año, año y medio, es el mejor papá del mundo. Ahora que estoy ensayando un montón, él está en casa con León y lo lleva a todos lados, lo busca en el colegio. Se ocupa muchísimo.

—Y a vos, ¿en qué te cambió la maternidad?

—El cuerpo, la cabeza… (risas). Yo era nómade, viajaba, no tenía horarios, descansaba realmente (risas).

—¿Cómo es la noche? ¿cómo duermen en tu casa?

—No sé si lo aconsejo igual. Imaginate: en la cama somos Germán, que igual ahora nos abandonó, León, yo y cuna de colecho al lado con Beltrán, que en algún momento termina en el medio. Y Germán, a dónde fue.

—¡¿A dónde se fue?! (risas).

—Se fue a otro cuarto. Por decisión propia. Pero creo que va a volver.

—En algún momento echarán a León y a Beltrán, y recuperarán la cama. Pero ahora la cama es tuya…

—Es mía y de ellos. León, mi hijo más grande, es híper sensible, me lo dijeron ya. Si tiene miedo, tiene mucho miedo. Entonces es como que ahí estoy yo.

—¿Pero Germán se queja de esto?

—No, por suerte los dos queremos lo mismo. Está buenísimo. Si fuera un conflicto y uno de los dos necesita descansar bien, está bien también, y el nene debería irse a su cuarto. Que aparte, es lo normal.

—¿Queda lugar para la pareja, para la intimidad, para las salidas?

—Poquitos, pero cada tanto sí: vamos al teatro, a comer. Alguna comida con amigos a la que vamos solos. Tratamos de hacerlo una vez por semana. Siempre tenemos un momento nuestro.

—Las veces que hablé con Germán, se muestra muy enamorado: habla de vos y se ilumina.

—Se lo voy a hacer recordar cuando lo vea (risas). Estamos bien. Antes, nosotros éramos amigos de verdad, no del trabajo: nuestros amigos no tienen que ver con el medio. Nos conocemos desde un lugar muy, muy, muy humano.

—Y como pareja, tuvieron sus idas y vueltas.

—Claro, pero antes de ser novios éramos muy amigos y nos divertíamos mucho. Siempre decimos que es mi mejor amigo, porque podemos hablar de todo y nos reímos un montón.

—Si le pregunto a él, ¿en qué momento me va a decir que sos insoportable?

—Es que soy casi perfecta, entonces no te va a decir eso (risas). Y le tengo mucha paciencia, además. Él a mí también, pero yo creo que más a él.

—¿Te puedo encontrar revisando un celular?

—Siempre, claro. Cada tanto. Tenemos la misma clave en el teléfono. No porque estoy buscando algo, pero puede pasar.

—Y le has preguntado: "¿Qué es esto?".

—Sí, mil veces, las mujeres es distinto. Nosotros veníamos de separaciones, de mucho lío. Entonces había cosas: "Che, ¿por qué te está escribiendo un mensaje? Ya tenés un hijo". Pasan esas cosas, pasan.

—Gente del pasado que aparece.

—Sí, por ahí para saludar, no importa. Yo le cuento todo: "Che, hablé", "Me escribió", "Me mandó un mensaje", y está todo bien.

—¿Perdonarías una infidelidad?

—No sé, es muy difícil. No querría estar en el momento. Hay personas que están en pareja y tienen miedo de separarse, se enamoran de otras personas y puede pasar. Me parece muy doloroso. También para el que lo hace porque tiene que estar mintiendo. Tengo hijos, tenemos una vida. Se basa en el respeto y en la sinceridad, entonces sería muy doloroso. Tendría que estar en el momento y ver.

—¿Cómo estás viendo lo que está pasando con las mujeres en la industria, las denuncias de abuso?

—En la marcha del 8 de marzo estuve ahí y me parece hermoso lo que está pasando. Es un gran momento. Para las mujeres es increíble, es como empezar a no naturalizar cosas que uno naturalizaba y que son horribles.

—¿En algún momento te costó el recorrido por ser mujer?

—Sí, porque aceptás cosas que no habría que aceptar. No decir cierto tipo de cosas o tener cierta cintura con situaciones incómodas.

—Estar esquivando.

—Esquivando situaciones: "Huy, si no contesto éste mensaje, si no acepto ésta invitación, ¿qué me va a pasar con esto y con lo otro?". Todo lo que cuentan nos pasó a todas las actrices. Está bueno que pase esto porque no está bien tener miedo a por ahí quedarte sin trabajo si decís que no a algo. Yo en el momento no tenía miedo, decía que no igual. Pero vivías con esa situación.

—¿Tuviste alguna situación muy extrema?

—No, extrema no porque tengo una personalidad por la que me adelanto mucho a lo que puede llegar a pasar. Sí a ser un poco más fría, incluso en la vestimenta: por ahí me encantaba ponerme ciertas cosas y me vestía muy normal, no tenía ganas de llamar tanto la atención para que nadie se confunda.

—Si hablamos en 5 años, ¿te encuentro casada?

—Yo creo que sí (risas). Me veo casada. Por ahí con otro hijo puede ser. Igual, estamos muy felices así.

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