La primera experiencia actoral de Carolina Kopelioff fue en un corto audiovisual llamado Souless, en 2009. Todavía faltaba mucho para que llegara 2016, y siguió haciendo distintas actuaciones teatro, tanto en musicales como en obras de texto, además de grabar un videoclip de la banda musical Sonus.
Hasta que -lo dicho- llegó 2016… Y en Carolina dio el gran salto a la fama internacional interpretando a Nina en Soy Luna, que le valió la distinción como mejor actriz en los premios Nickelodeon Kids’ Choice Awards Argentina.
Tras su desempeño en la serie juvenil, Kopelioff acaba de ser convocada para protagonizar el musical Aladdín, junto con Fernando Dente, Julieta Nair Calvo, Carlos Belloso y Darío Barassi, en el Teatro Gran Rex.
—¿Cómo fue que te llamaron para el elenco de Aladdín?
—Me llamaron porque el director de Aladdín fue el mismo que hizo Soy Luna En Concierto, Ariel del Mastro. Él sabía que yo no iba a ir a la gira de Europa (de Soy Luna) y como le gustaba mi trabajo, me comentó el proyecto de Aladdin. Me dijo si no quería hacer una audición, así que fui, bastante nerviosa (risas).
—¿Que tuviste que hacer en la audición?
—Hice una escena. Fue re loco porque tenía el texto, yo me sabía todo, y me dijeron: “Bueno, improvisá”. Pero estuvo buenísimo. Y también canté una canción. Así que fue eso, y quedé.
—¿Cuánto te preparaste para estar en Soy Luna?
—Arrancó desde que era muy, muy chiquita. Fui a un jardín, a una primaria y una secundaria de educación por el arte. O sea, siempre estuve muy rodeada de todo ese mundo. Y cuando tenía 7 u 8 años empecé a hacer comedia musical en el estudio de Gaby Goldberg. Hacer eso de chiquitita fue lo más hermoso. Ahí empecé, hice 8 años. Después me fui a la Escuela de Comedia Musical Caleidoscopio, dos años. Y como quería profundizar más en cada una, empecé a hacer las tres cosas por separado, sumando actuación con Nora Moseinco; es una escuela a la que sigo yendo y la recomiendo, me encanta. Bueno, canto con Katie Viqueira, que también es la coach de Aladdin, y con Silvana Tomé, que es otra profe. Y danza siempre hice en el estudio de Margarita Bali: clásico, jazz, contemporáneo. Fui como probando varias cosas.
—¿Después te presentabas a los castings?
—Mira, a mí me pasó algo muy loco. A mis papás les costaba que esto fuera realmente un trabajo, a lo que yo me quería dedicar. Siempre me fue muy bien en el colegio y me decían: “Bueno, vos tenés que estudiar medicina, tenés que hacer esto, esto, esto, y como hobby sí, obvio, tomá clases de teatro”. Pero quizás no podían entender que era algo que yo quería hacer de verdad, y profundizar. Entonces, no sé si está bien o mal lo que hice, pero cuando tenía más o menos 12 años, que ya podía ser más consciente o me podía comunicar, buscaba en Internet agencias de publicidad, yo sola. Mis papás no tenían ni idea de lo que yo hacía… Y por ahí me mandaba, ¿viste? O con mi prima, que era más grande que me acompañaba a hacer un casting, una publicidad. Hice miles en los que no quedé, pero me sirvieron un montón para pararme frente a una cámara, o saber cómo tenía que ir vestida a un casting. Por ahí son pavadas pero que las vas entrenando. Y de Soy Luna me enteré por esta escuela de teatro de Nora Moseinco. Y ahí mandé mi material.
—¿Mandaste tu currículum o fuiste y te presentaste a la prueba?
—No, primero tuve que mandar mi material: CV y fotos. Y después me llamaron. Hice 10 castings.
—¿10 castings para solo una serie?
—Fueron un montón. Desde un principio me sentí muy cómoda con el personaje de Nina, que fue el que hice en la serie: yo también uso anteojos para leer, entonces tenía algunas herramientas. Tenía las cosas del colegio; yo en ese momento estaba en quinto año. Y bueno, usé de todo un poco para el casting y enseguida me sentí muy cómoda y sentía que del otro lado también había comentarios positivos. Tenía muchos monólogos científicos, que al principio me costaron un montón, pero me decían: “Tenés muy buena dicción porque se te entiende”. Y esas cosas eran importantes. Y de repente me iban tirando cosas que yo decía “Bueno, voy bien”.
—Que difícil eso.
—Sí. Yo nada, normal, sabía… pero me frenaba con las paredes. Entonces, complicado (risas). Pero era ponerle la mayor actitud que tengas. Así fueron pasando un montón de instancias, fueron meses donde tenías la cabeza en eso. Me costaba estudiar para el colegio, por ejemplo, porque mi cabeza estaba ahí. O de repente, llegabas a tu casa y a la media hora te llamaban, o pasaban dos semanas y decías “Bueno, ya está, listo, no quedé”, y después te volvían a llamar.
—¿Cómo cambió tu vida después de Soy Luna?
—Me cambió quizás en mi cotidianeidad. Terminé el colegio en diciembre y el 10 de enero ya estaba trabajando 10 horas por día, y hacerlo por primera vez. Todo eso fue un aprendizaje para mí. Pero en mi vida personal no me cambió nada: mis amigos siguen siendo mis amigos, sigo haciendo las cosas que hacía antes. Por ahí tengo menos tiempo o me costó al principio adaptarme a la rutina, o estar súper cansada pero hacer algo después. Eso lo vas llevando.
—¿Que te llevo a no creértela?
—Siempre tuve una personalidad como muy fuerte, muy de hacer lo que tenía ganas. Y tengo una familia que siempre me contuvo mucho, que me acompañó, y tengo unos amigos increíbles. Entonces, es como todo un círculo que me protege. Y por ahí es una frase hecha, pero también digo que en ese sentido estoy parada realmente en mis pies. Todo eso es también fantasía, como que hay algo de que un día eso se acaba. ¿Y qué? Seguís siendo vos. Me cuesta engancharme con todo ese mundo.
—¿Y cómo siguió tu vida después de que se terminó “Soy Luna”?
—Entré a la Universidad Nacional de las Artes, Sigo estudiando, me sigo formando. Voy a la noche, y a la mañana voy a ensayar. Ahora tengo lo de Aladdín, que dura un tiempo, luego termina, y yo no sé qué va a pasar después. Entonces está bueno tener algo para seguir y seguir formándote siempre. Tengo 21 años y uno no se puede quedar diciendo “Bueno, yo ya hice”.
—¿Crees que en este trabajo hay más competencia que en otros?
—Sí, hay competencia. Pero no sé… En el casting de Soy Luna eran miles y miles y miles de personas, y pensá que también era internacional. O sea, decís: “Bueno, las posibilidades son muchas menos”. Pero siento que a veces caés en el personaje indicado, todo cierra, y te toca.
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