Surgió en plena crisis de 2001. Sus integrantes tuvieron que sortear obstáculos personales, pero se consolidaron como banda y empezaron a tener trascendencia en los medios hasta conquistar al gran público. Ella es tan cargosa es una banda emblemática del rock nacional, cuyo nombre se debe a una canción de Los Beatles: "I Want You (She's So Heavy)", que traducida al castellano dice "Te quiero, (ella es tan pesada)".
Así es como Rodrigo Manigot, Ildo El Tano Baccega y el resto del grupo acaban de lanzar el disco La sangre buena, en el cual –través de 12 canciones– repasan los desacoples grupales, musicales y personales que sufrieron en estos años. Uno de ellos fue la partida y el regreso de Mariano Manigot, hermano de Rodrigo, quien ya no forma parte de la agrupación.
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El viernes 11 presentarán el nuevo disco en La Trastienda, con invitados sorpresa y un nuevo concepto de show. Ella es tan cargosa: una banda que surgió de las cenizas de un país en crisis, que no afectó su creatividad.
—¿A qué se debe el nombre "La sangre buena"?
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Rodrigo Manigot: —Tuvimos unos años internos de mucho conflicto. Entonces, es como un poco la valoración de lo que significa trabajar en un grupo humano y que la cosa fluya de otra manera. Tiene que ver con eso: estar más tranquilos, y justamente habla de la sangre corriendo con otra limpieza y otra velocidad. Es también el deseo de pasar tiempo menos tormentosos.
—¿Qué conflictos vivieron?
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Rodrigo: —Pasó de todo. Pero en los grupos musicales como el nuestro, con 17 años de trayectoria, hay situaciones personales que nos desbordan, con momentos donde la unión grupal está en riesgo. Con mi hermano Mariano estuvimos en algunos momentos difíciles y hubo que sortearlos: fue, volvió, se fue, y estuvo a punto de volver para el disco pero finalmente no lo hizo. Eso implicó muchos desacoples grupales, musicales y humanos. Me hubiese gustado escribir otra cosa, pero yo con las letras suelo ser muy autobiográfico y está un poco reflejado todo el torbellino interno.
—¿"Del barro al oro", se podría decir?
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Rodrigo: —Sí. Puede ser, también.
Ildo Baccega: —Fue un bonus. La hicimos para una película y la pusimos como tema 12. No iba a ir en el disco.
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Rodrigo: —Lo habíamos grabado hace dos años para una película de Diego Korol que terminó siendo una serie sobre la Selección argentina y cómo el fútbol había sido una posibilidad de crecimiento personal y de ascenso social para los jugadores. Diego y su troupe de humoristas nos pidieron que hiciéramos una canción y lo tomamos como si fuera un tema para nuestro disco. No es que hicimos un jingle publicitario. Como nos gustó, decidimos incluirla.
—La canción "Las mañanas" dice que las primeras horas del día no se relacionan con el rock. ¿Es así?
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Ildo: —Como todo el mundo habla de la noche en el rock, bueno, vamos a hablar un poco de las mañanas… Rodrigo está atravesando una etapa en la que, como es padre, se está levantando muy temprano.
—¿Primer hijo?
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Rodrigo: —Sí. Es una nena y también está asociado a este concepto de que el rockero siempre está atrapado en su "Pomelo" interior (por el personaje de Diego Capusotto), donde creés que sos un adolescente eterno. Y antes de tener a mi hija, me propuse llevar una vida más acorde a la que tenía.
—¿Cómo era tu vida antes?
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Rodrigo: —Parecida, pero en algún momento el auto se te va a la banquina.
—¿Pero mucha noche, alcohol, mujeres?
Rodrigo: —Puede ser…
Ildo: —Las dos cosas…
Rodrigo: —Por ahí…
Ildo: —Las tres…
—Al momento de la seducción, ¿ayuda tocar en una banda?
Rodrigo: —No sabría qué contestar… Sí, más bien.
Ildo: —Somos conscientes de que si no tocáramos en una banda de rock, a las cuatro de la mañana estaríamos durmiendo y al otro día a la mañana tendríamos que lavar el auto temprano, cortar el pasto o lo que sea. Entonces un tipo de 40 y pico de años en un boliche, a las cuatro de la mañana, lleno de chicos, chicas… Es raro… Si no, no nos dedicábamos a esto que somos.
Rodrigo: —Hemos visto miles de situaciones. Cuando empezamos a tocar en el Interior ya éramos tipos grandes y nos preguntábamos qué hacíamos en los boliches. Realmente tendríamos que haber ido a buscar a nuestros hijos e hijas y no estar ahí, pero estábamos tocando. Independientemente de eso, te pasa mucho que tu oficio o el personaje que vos tenés obliga a creerte que tenés una vida más licenciosa, o que debés cumplir determinado libreto para seguir siendo el pibe que fuiste a los 25 años. Y llega un punto en que la cosa es muy patética. Está en uno… Hay gente que va para ahí, y lo respeto.
—¿Cuesta aceptar el paso del tiempo?
Rodrigo: —Es un problema del ser humano desde que el hombre pensó en sí mismo, en su vida. A mí lo que me pasó fue en que un momento dije: "Bueno, no quiero seguir viviendo así".
—Sentaste cabeza y ahora tenés una hija. ¿Vos, Ildo?
Ildo: —Tengo un hijo de 18 años que toca el bajo. Me sigo divirtiendo, me siguen tentando un montón de cosas, pero si salimos nos juntamos a comer, tomar algo y a ver videos, y nos quedamos hasta cualquier hora. Pero salir, bueno, por ahí no.
—¿Qué aprendieron en estos años?
Ildo: —Uno ya se equivocó varias veces y de esas cosas tiene que aprender.
Rodrigo: —Hubo una canción que se hizo muy popular en la radio ("Redondel"), que parecía feliz y simpática, pero encerraba mucho sufrimiento porque no les encontraba la vuelta a mis cosas. Tenía un montón de nudos que no podía desanudar, y como está metida en un estribillo pop, pasa. Pero es una canción angustiante.
— ¿Fue una terapia que hiciste en esa canción?
Rodrigo: —Cuando nosotros arrancábamos en 2001 y yo escribía las letras, justo vino todo el desastre: tenía mi casa en ejecución, había sido el mejor vendedor de una firma y me echaron. Entonces me pareció que todo lo que estaba pasando era digno de estar narrado en primera persona, como una literatura del show. Siempre tuve esa sensación de que exponiéndote bien y diciendo las cosas que sentís, por un lado podés descargar la angustia y, por otro lado, podés ir contando tu vida, y está todo bien. El problema no es escribir lo que te va pasando, sino poder ir resolviendo en la vida real los problemas que vas teniendo.
—¿Qué dirían del tema "Las palabras"?
Rodrigo: —Es un tema que nos gusta mucho. Es del Tano. Es un orgullo estar laburando con él, uno de los grandes autores de canciones de este país: me encantan las canciones que hace, las melodías, el buen gusto que tiene, la imaginación. Lo tenés que frenar: acaba de romperse su teléfono y está preocupado porque tiene 200 canciones almacenadas. Yo también estoy preocupado: no quiero que pierda esas 200 canciones que grabó en su teléfono…
—¿Cómo se llevan entre ustedes?
Ildo: —Bien. Se dio. Uno también tiene que saber delegar. Cuando yo armé la banda con él, escribía mis cosas. Y cuando vi cómo escribía, dije: "No voy a escribir nada más…".
Rodrigo: —Y yo también. A mí me encanta tocar la guitarra, pero mis compañeros me dicen: "No toques". En cinco discos no pude grabar ni una sola acústica. Pero uno tiene que ser inteligente también. Y bueno, ni toqué, ni me enojé, ni nada. Al contrario, me río de mí mismo. El problema ya es cuando quiero ir a tocar la batería: se puede jugar con eso, pero después no sé si termina rindiendo tan bien.
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