Fernando Marín recuerda la Expo América 92: la muestra fallida que adelantó 10 años la urbanización de Puerto Madero

En su columna de los jueves en Infobae a las 9 el histórico productor contó cómo de un “arranque de bronca” nació uno de los barrios más exclusivos de la ciudad. Las negociaciones con Carlos Menem y la noche que lo atacaron a choripanazos

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El reconocido productor narra los detalles de su proyecto más ambicioso: una celebración continental que se vio truncada por la geopolítica mundial. Un relato sobre la resiliencia, la creatividad y cómo un fracaso pudo convertirse en el punto de partida para el desarrollo de Puerto Madero

En su columna de Infobae a las 9, Fernando Marín recordó cómo un arranque de bronca derivó en la exposición América 92 y, de rebote, en la urbanización de uno de los barrios más caros de Buenos Aires. En el programa conducido por Gonzalo Sánchez, Cecilia Boufflet, Ramón Indart y Tati Schapiro, el productor trazó un relato que arranca en Sevilla, pasa por la Casa Rosada y termina frente a un Puerto Madero que él mismo contribuyó a despertar.

Todo empezó con una pregunta que Marín se hizo cuando se anunció la Expo Sevilla para conmemorar los 500 años del descubrimiento de América: “¿Por qué Europa festeja nuestros 500 años si el cumpleaños es nuestro? ¿Por qué no lo festejamos nosotros?” Desde esa incomodidad, fue construyendo en silencio una idea alternativa: que fuera el propio continente quien mostrara lo que América le había dado a Europa, y no al revés.

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La propuesta tomó forma concreta bajo el nombre “Por América”. El concepto era un barco de desguace transformado en predio ferial que partiría del Puerto de Palos como Cristóbal Colón, recalaría en distintos puertos del continente durante dos o tres días y exhibiría en sus stands los aportes americanos al mundo. El proyecto se presentó en Estados Unidos, consiguió el respaldo de sponsors y obtuvo la aprobación de la Christopher Columbus Jubilee Commission y de la gestión de George Bush.

El barco ya estaba en un astillero de Singapur, las tripulaciones prácticamente contratadas y la bandera de conveniencia liberiana lista, cuando estalló la Guerra del Golfo. Bush canceló todo tipo de celebración. “Este fue el primer momento, la primer lágrima de sangre que yo derramo”, recordó Marín. Cinco o seis meses de trabajo se derrumbaron de golpe.

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El barrio comenzó con una exposición y luego se fue transformando en lo que es hoy en día
El barrio comenzó con una exposición y luego se fue transformando en lo que es hoy en día

De regreso en Buenos Aires, Marín no archivó la idea sino que la giró por completo. Fue a ver a Carlos Grosso, entonces intendente de la ciudad, quien tenía como mano derecha a Kelly Olmos. Grosso escuchó el nuevo planteo y respondió con una propuesta: “Vamos a ver al Turco”. Juntos se presentaron ante Carlos Menem en la Casa de Gobierno para resignificar la historia.

Cuando entraron al despacho presidencial, Menem estaba hablando por teléfono. Marín aprovechó para mirar por la ventana hacia lo que hoy es Puerto Madero. Cuando el presidente terminó la llamada y preguntó qué se le ofrecía, Marín le expuso la idea de instalar la exposición en ese predio. La respuesta fue desalentadora: “No, eso es un quilombo. Esto va a estar para dentro de 10 años, porque mirá quiénes son los dueños”, y enumeró siete organismos con incidencia sobre el lugar: Prefectura, Marina, Ferrocarriles, la ciudad, la nación y otros más.

Marín pidió permiso para intentarlo igual. Menem le respondió: “Metele, si podés”. Esa habilitación informal fue suficiente. “Me hice en la cabeza cuando me nombraron todos: ‘Voy a hilvanar una aguja con una soga, no va a pasar por el agujerito chiquito’”, recordó. Aun así, salió a negociar con cada organismo, uno por uno, “a la velocidad de un rayo”. Y lo logró.

Con el predio asegurado, Marín convocó al arquitecto Nono Pugliese y tendió un puente con el estudio de arquitectura más importante de Buenos Aires. También sumó a Franco Macri con Socma para la parte constructiva y a la empresa SKF. El proyecto se presentó ante todo el cuerpo diplomático en el Teatro Colón, con Domingo Cavallo como ministro de Relaciones Exteriores, y cosechó un apoyo que Marín describió como “brutal”.

Fernando no solo fue un gran productor sino que impulsó la creación del barrio de Puerto Madero
Fernando no solo fue un gran productor sino que impulsó la creación del barrio de Puerto Madero

La exposición que tomó forma en Puerto Madero fue un despliegue sin precedentes para el predio. Se construyó una réplica del puerto de Palos sobre la margen del lado de la Casa de Gobierno, una carabela a escala idéntica a la Santa María, la Plaza de Mayo con elementos autóctonos y el Pabellón de los Próceres, la primera vez que se realizaba algo en formato 360° con cada prócer de América, para una obra que demandó más de 100.000 kilómetros de caños tubulares.

El artista Nicolás García Uriburu pintó el primer dock del río de verde para la inauguración. El día del estreno, Menem cruzó el puente junto a sus ministros. También estaba presente Norma Pla, recordada dirigente de los jubilados. Cuando Menem comenzó a hablar, empezaron a volar trozos de chorizo arrojados por manifestantes contra Cavallo. Marín esquivó los proyectiles y siguió adelante con la inauguración.

Lo peor vino después. Sentados en el pabellón de los inmigrantes viendo la proyección 360° de los próceres americanos, se desató una tormenta de viento, granizo y lluvia que, según Marín, no tenía precedentes en los últimos 30 años. Todo voló por los aires mientras las lágrimas caían por sus mejillas y levantaban campamento.

En dos meses reconstruyeron la exposición y reabrieron. Llegaron más de 2 millones de visitantes, pero la proyección original era de 5 millones. El resultado financiero fue una pérdida millonaria. Aun así, Marín reivindicó el saldo: “Adelantamos 10 años la urbanización de Puerto Madero”.

Ese convencimiento, sin embargo, no lo llevó a invertir en el barrio que él mismo había puesto en valor. Poco después le ofrecieron la cuarta parte de lo que hoy es el hotel Hilton, a un precio que él mismo describió como “muy acomodado” y que hoy valdría mil veces más. Y dijo que no, como ante otras ofertas. “De bronca”, explicó. Llegó incluso a dar vuelta su escritorio en el piso 23 de una de las torres de Puerto Madero para no ver el barrio desde la ventana.

El balance que hace a la distancia es otro. Entre los logros que rescata figura la cápsula del tiempo: un programa emitido por Canal 7 que documentó cómo vivían los ciudadanos del mundo en 1992, enterrado luego en Ushuaia a 300 metros de profundidad con protección química, para que quienes vivan dentro de 500 años puedan abrirlo. El proyecto ganó el Martín Fierro de Oro por unanimidad. Marín también señaló que en aquella edición de 1992 incluyó una referencia a la inteligencia artificial, dato que lo sorprendió al releerlo antes de llegar al estudio.

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