Durante la noche de Halloween, un asesino escondido debajo de una inquietante máscara causa el terror en un parque de diversiones. Mientras, un grupo de amigos tratarán de sobrevivir a la sed de sangre del psicópata, el resto de los ingenuos asistentes pensarán que todo forma parte de un show.

Gregory Plotkin dirige esta película protagonizada por Amy Forsyth, Reign Edwards y Bex Taylor-Klaus que contiene todos los tópicos de las películas con "asesinos enmascarados" que hicieron las delicias de los amantes del género en los ochenta y que recuerda por momentos a la obra de culto Carnaval de Terror del maestro del género Tobe Hopper.

Emulando las Halloween Horror Nights de Universal, el director recrea un evento de noche de brujas en un parque cargado de iconografía del género, una locación ideal para generar sustos y sobresaltos.

No hay una historia muy elaborada, ni siquiera se ahonda en las motivaciones detrás del psicópata principal (aunque sobre el final del metraje hay una revelación muy inquietante y lograda); pero el filme funciona porque tiene buen ritmo, un acertado manejo del suspenso, y una sucesión de elaboradas y sangrientas muertes. Además se reserva la presencia en un pequeño pero escalofriante papel de Tony Todd el recordado actor de Candyman.

Las atracciones del parque de por sí solas generan cierto escalofrío, cuando el realizador le adosa al serial killer, la adrenalina se dispara, generando un excitante combo de horror adolescente.

Sin ser una maravilla, ni rebosar originalidad, Hell Fest: Juegos diabólicos funciona, entretiene y hará sobresaltar a más de un desprevenido espectador.

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