Antonio vive en un pueblito al norte de Argentina. Tiene un plan: intentar que su hijo José, de diez años, continúe con su legado para cuando él ya no esté. Un legado que implica la búsqueda de la verdad detrás de las misteriosas luces en el cielo.

La belleza de Los Valles Calchaquíes sirve de marco para esta historia de amor paterno/filial y pasión por lo desconocido. El director Daniel Rosenfeld nos presenta a Antonio Zulueta, un hombre que cree en la vida extraterrestre y en los objetos voladores no identificados. Pero no es un talibán, desde joven ha tratado de juntar pruebas, filmaciones en granoso súper 8 que ahora son un legado de su obsesión.

A lo largo del metraje el apasionado ufólogo se encontrará con un prócer del género: Favio Zerpa, que como ya dijo Calamaro, siempre "tiene razón" (aunque algunas afirmaciones no le gusten a Zulueta).

Hay investigación de campo en zonas de avistajes y aterrizajes de naves, vuelos en helicópteros que engrandecen los paisajes naturales, y charlas con personajes que creen en las teorías conspirativas y el Área 51.

Cuánto es real y cuánto ficción en el filme es lo de menos; Antonio persona/personaje es demasiado carismático como para romper la magia del registro documental. Pocas veces un filme ha contado una historia tan atrapante y tan bien fotografiada con tan escasos recursos. Porque aunque se adivina que es una producción pequeña, la trama, los intérpretes y la puesta la transforman en una experiencia gigante. Un filme que sin ser de otro mundo, funciona como una oda a los soñadores y los utópicos buscadores de lo desconocido.

Mi calificación: 8 puntos

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